010

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Capítulo 010

"Ramen para dos"

______.

6:00 p.m.

1 mes después.

Sabía lo que era extrañar a alguien, no necesitaba una terapia para darme cuenta de ello.

Todos los días extraño cosas.

Los abrazos de mi padre.

La comida casera de la abuela.

Dormir toda la noche sin interrupciones.

Una comida tranquila con mi familia.

Y ahora... desde que Sun-Oh se fue, la lista solo creció. Los días se hicieron largos, silenciosos, con mensajes que llegaban de vez en cuando porque tenía que acompañar a su mamá en el trabajo.

Pero al fin la espera había terminado.


Ese vacío que me había acompañado se deshizo apenas lo vi, entre la multitud de la fría calle de Seúl. Lo abracé tan fuerte que terminé llorando en su hombro, y allí entendí cuánto había extrañado nuestras manos entrelazadas, sus pucheros, los besos pequeños en medio de cualquier camino.

Lo malo era que nunca teníamos la privacidad que queríamos. No podíamos ver una película en su casa porque su mamá y los trabajadores siempre estaban allí. Y yo... no podía llevarlo a la mía. La mentira que sostenía seguía pesando.

Por eso terminamos en el único lugar seguro: el restaurante vacío donde trabajo.


Margot intentaba contactarme una y otra vez, pero yo estaba ocupada comiendo un ramen que me iba a quemar la garganta por horas.

—Mi hermana solía pedir este ramen por internet y nos obligaba a comerlo con ella —murmuré, limpiándome la boca inflamada por el picor.

—¿Y te gusta? —preguntó, con esa sonrisa que me hacía temblar.


—Ya estoy acostumbrada al sabor tan fuerte, así que sí —respondí, sonriendo nerviosa sin mostrar los dientes, por miedo a tener algo atorado. —¿Y qué tal las vacaciones?


—Aburridas. De empresa en empresa. ¿Por qué insistes en llamarlas vacaciones? —rió suavemente—. Era un viaje de negocios, disfrazado para arrastrarme con ellos.

Asentí, incómoda bajo su mirada intensa.
—No me gusta que me mires así.

—¿Por qué? —dejó la comida en el suelo y se inclinó hacia mí—. Te extrañé mucho... ni siquiera me mandabas una foto de tu carita.

—La mayoría de las personas no me miran así... ni me piden fotos.

—¿Qué? Ya estás hablando como yo.

Tenía razón. No solo hablaba como él; cada día me descubría imitando sus gestos, sus manías.

—La primera vez que te vi pensé que eras alguien creída —confesó de pronto—. Luego, al encontrarte trabajando, creí que algo no iba bien en tu casa. Pero después, al verte caminar sonriente por las calles, empecé a pensar que trabajabas por gusto.

—Todo el mundo me dice que soy alegre. Y me gusta... me gusta reír. Odio cuando la gente finge una sonrisa, cuando se amarga... no entiendo por qué se vuelven así —dejé mi comida en el suelo, imitando su gesto—. Intento ser positiva, amable. Pero desde que mis padres nos mandaron aquí, he sufrido mucho.


—¿Tu hermana sigue tratándote mal?

—No nos hemos hablado, ella está muy ocupada.


—Escuché que Deok-Gu se le declaró —comentó, haciendo un espacio para acercarse y abrazarme.


—¿Deok? ¿El chaparrito?


—Sí. Y al parecer lo rechazó.


—Ella es muy cruel —solté casi como un disparo—. Por eso la tomo como ejemplo... para no ser así.


—______...

—¿Sí?

—De ahora en adelante, dime cuando alguien te lastime.

—No te preocupes, Sun-Oh —tomé su mano—. Si me lastiman, seguiré siendo alegre.

—Entonces... ahora que sé que mi novia es una guerrera, ¿qué tal si pasamos más tiempo juntos?

—Pasamos mucho tiempo juntos —me alejé para mirarlo fijamente—. ¿Qué estás tramando?

—Estuve casi un mes sin ti. ¿Qué crees que trame? Solo necesito de ti.

—Interesante... —dije, tocando su cabello suave—. Estuve pensando en algo mientras estabas lejos, y creo que necesito ir contigo al viaje escolar.

—¿Hablas en serio? —sus ojos se abrieron tanto que parecían más grandes de lo normal—. No quiero que te sientas obligada. Si lo prefieres, podemos pasar febrero aquí... tres días en el parque acuático, solo nosotros.

—No. Los dos nos sentaremos juntos en el autobús, escucharemos música y viviremos esos tres días como si fueran eternos.

En ese instante debí darme cuenta de algo cruel:

Nos estábamos volviendo dependientes.

Y eso... siempre termina siendo peligroso.

—Creo que ya hablamos demasiado de mí —soltó Sun-Oh de repente, inclinándose hacia mí con esa sonrisa traviesa que siempre lo delataba—. Me estoy aburriendo de escuchar mi propia voz.

Abrí la boca para protestar, pero no me dio oportunidad. Sin pensar, se acercó y me robó un beso lento, tan inesperado que me quedé completamente inmóvil. Sus dedos rozaron mi nuca, firmes, atrayéndome más hacia él, como si quisiera borrar el espacio entre los dos. El suelo estaba lleno de envolturas y vasos vacíos, pero en ese instante, nada me importó.

Ese beso no era como los otros. Lo sentí tortuoso, casi desesperado, como si guardara semanas enteras de espera. Me atravesó con una sensación desconocida: un cosquilleo suave, insistente, que me recorrió desde los labios hasta la piel de mis brazos. Nunca antes lo había sentido, y por un momento, me asustó lo mucho que me gustaba.

Cuando por fin se apartó, me dejó un beso ligero, apenas un roce que parecía un recordatorio, una promesa escondida.

—Terminemos de comer... debo llevarte a casa, linda —susurró con voz ronca, como si lo que acababa de pasar le hubiese dejado igual de agitado que a mí.

Love Alarm // Sun-OhHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora