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Capítulo 028

"Tiempo libre"

11:00 p.m.

El segundo día de vacaciones había amanecido con un silencio agradable, distinto al bullicio de los días comunes. Ella se permitió dormir un poco más, sin alarmas, sin la prisa que siempre la obligaba a correr de un lado a otro. 

El tiempo libre le pesaba y a la vez le daba un extraño alivio: por primera vez en semanas, tenía la posibilidad de hacer algo para sí misma.

Decidió que la mañana le pertenecía.

 Se vistió sin demasiada preocupación, eligió ropa cómoda y sencilla, y salió a caminar hasta la biblioteca del centro. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se detuvo en un lugar así, entre estantes interminables y olor a papel envejecido. Eligió un libro de terror casi al azar, recordando que hacía años no se atrevía con uno. Lo sostuvo entre sus manos con cierta curiosidad, como si fuera un objeto perdido que de pronto regresaba a su vida.

Se instaló junto a una de las mesas cercanas a los ventanales. 

El sol iluminaba la madera clara y, de vez en cuando, un murmullo lejano rompía la calma, proveniente de estudiantes y lectores que caminaban entre los pasillos. Ella, sin embargo, disfrutaba de esa soledad prestada: leer, pensar, simplemente existir sin que nadie le pidiera nada.

Pero incluso allí, entre el silencio y las páginas, su mente volvía a la noche anterior. A él. A Sun-oh. 

Había sido la única vez que lo había visto en todo este tiempo, después de tanto desaparecer sin aviso. Lo recordaba tal como se había ido, con esa mezcla de arrogancia y vulnerabilidad que la desconcertaba. Y aunque hablaron, aunque por fin pudieron sacar las palabras atascadas que tanto dolían, seguía preguntándose qué quedaba después de esa conversación.

Pasó una página del libro y apenas alcanzó a leer una línea cuando una sombra se detuvo frente a ella. Levantó la vista, sobresaltada, y allí estaba. Sun-oh, con esa sonrisa contenida que parecía pedir permiso y a la vez burlarse de sí mismo.

—Tal vez te seguí —dijo sin rodeos, dejando sobre la mesa un vaso de café. El aroma familiar le golpeó de inmediato, era su favorito. Él la observó, ladeando un poco la cabeza—. Quizá también te seguí ayer, quién sabe.

Ella parpadeó, sin poder evitar que una sonrisa ligera se dibujara en su rostro. Fue un gesto breve, involuntario, que enseguida intentó ocultar mientras se acomodaba el cabello y bajaba la mirada hacia el libro.

—Eres un idiota —murmuró, intentando sonar indiferente. Pero su voz salió más suave de lo que habría querido.

Sun-oh no se movió, solo se sentó frente a ella, como si aquel lugar le perteneciera también, como si su interrupción fuera lo más natural del mundo. 

Sun-oh deslizó el vaso de café sobre la mesa con un cuidado que casi parecía teatral, como si aquel simple gesto pudiera decir lo que las palabras aún no alcanzaban. 

Ella levantó la mirada apenas lo suficiente para notar que era exactamente como a ella le gustaba: un espresso con un toque de vainilla, caliente pero sin quemar los labios.

—Sé que no tienes que tomármelo, pero pensé que este pequeño detalle podría hacerte feliz —dijo él, con esa mezcla de sinceridad y ligereza que siempre la desarmaba.

Ella esbozó una sonrisa leve, conteniéndose de mostrar demasiada emoción.

—No necesito compensaciones, Sun-oh —respondió, acomodándose en su silla, cruzando las piernas—. Pero gracias por el café. Al menos algo bueno trajiste contigo.

Love Alarm // Sun-OhHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora