Sueños

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-¡Realmente sinto muito! Prometo te ligar amanhã (¡De verdad lo siento! Prometo llamarte mañana) - decía muy apenado Pedro al otro lado de la llamada mientras rogaba por el perdón del japonés.

-Nada acontece calmo (No pasa nada, tranquilo) - dijo con una gran sonrisa en su cara para demostrarle a su amigo que no tenía problema con el cambio de planes de último minuto.

La diferencia de horario no les permitía hablar muy seguido, por lo que ese día habían quedado en hacer una videollamada para ver one piece desde hace tiempo, el problema era que la vida del brasileño dependía de entregar un trabajo de su universidad del que sólo llevaba un documento en blanco para el día siguiente.

-Você é o melhor! (Eres el mejor!)- dijo terminando la llamada.

El pelinaranja se quedó completamente solo en sala de su departamento arrepintiéndose de no haber enviado un mensaje antes a Pedro para confirmar sus planes, así tal vez no hubiera rechazado la salida con su equipo. 

Sacó su celular y se puso a navegar entre los contactos viendo con quien podría pasar un rato ese viernes por la noche, instintivamente su dedo se detuvo sobre el nombre de aquel que había prometido a sus amigos no buscar tan insistente. Pensó unos segundos en si debía presionar el botón de marcar, podía encontrar a alguien más que le hiciera compañía, la mayoría de sus amigos estarían libres del trabajo o de la escuela para esos momentos y probablemente aceptarían felices cualquier cosa que propusiera. Aún así termino presionando en llamar, siempre lo hacía, al fin y al cabo era un tonto sin amor propio como había dicho Tsukishima.

Ya podía imaginar el regaño  de Yachi y a Kenma con cara de "amiga date cuenta" en su cabeza mientras se escuchaba el tono de espera. En su defensa todo era culpa de Kageyama Tobio por siempre ser el primero en responder, y es que no importaba si el chico llamaba a las 4 de la mañana y pidiera verlo en su casa, el pelinegro siempre estaría ahí para el.

De todos modos, lo que había pasado ya estaba perdonado   ¿verdad? 

-Hinata...- había contestado casi al instante,  Hinata notó su voz bastante somnolienta.

-¿Estabas dormido? Lo-lo siento, solo quería ver cómo estabas.

-Esta bien, de todos modos quería hablarte  ¿Estas libre mañana?

Si su destino era ser un tonto sin amor propio, iba a ser el mejor.

-Dime que tienes en mente- le dijo mientras ponía una mano en su boca tratando de ocultar su sonrisa aunque nadie lo viera.

Escucho como alguien llamaba a la puerta, así que termino la llamada con Kageyama y fue a abrir para ver de quién se trataba.

Cuando vio a la pequeña cucaracha descansando tranquilamente sobre su alfombra, tuvo que reunir todo el valor que pudo para moverse e ir corriendo al armario donde guardaba sus productos de limpieza y tomar el insecticida

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Cuando vio a la pequeña cucaracha descansando tranquilamente sobre su alfombra, tuvo que reunir todo el valor que pudo para moverse e ir corriendo al armario donde guardaba sus productos de limpieza y tomar el insecticida. Para su mala suerte, al volver el insecto se había movido. 

Y como cualquier adulto perfectamente razonable haría, roció dos botes de insecticida por todo su departamento, cerró ventanas y puertas y salió esperando lo mejor. 

El nuevo problema era que no podría entrar por un buen rato sin que hubiera riesgo de morir intoxicado. No lo había pensado del todo bien. No lo había pensado nada.

Así que ahora sólo le quedaba esperar que su vecino no pensara que estaba loco y lo aceptara un rato en su hogar. 

-Había una cucaracha...

-Oh ¿Quieres pasar? -le dijo el peli naranja con total naturalidad.

Esto sorprendió bastante a Sakusa. Cuando esa clase de cosas pasaban las personas  solían tacharlo de exagerado o se burlaban de él, por eso agradeció mucho internamente que Hinata no lo cuestionara tanto ni le hiciera ningún comentario desagradable. Por su parte, Hinata estaba al tanto del desagrado que su compañero le tenia a los gérmenes y a la suciedad, así que pensó que una cucaracha debía de ser una pesadilla para el. 

Luego de cenar un plato que Hinata había aprendido a cocinar en Brasil decidieron sentarse en el sillón del peli naranja y conversar un rato. 

Sakusa  no era del tipo que empezaba una conversación, era más del tipo que podía seguir una con asentimientos de cabeza y uno que otro signo de que estaba escuchando y si la conversación no era de su agrado no tenía problema en vagar por sus pensamientos ignorando al locutor, de cualquier forma no se darían cuenta de que no escuchaba. Era obvio que nunca había hablado con Hinata Shoyo. 

Pensó que ese rato en el que los dos estuvieran juntos se volvería incómodo rápidamente y terminarían poniendo algo en la televisión pero cuando le pregunto al pelinaranja acerca de Brasil por curiosidad de lo que habían comido un brillo iluminó sus ojos caramelo y empezó narrar todo lo que había vivido al otro lado del mundo, y la pasión con la que hablaba y gestos que hacia solo fue atrapando más y más al pelinegro hasta que para el sólo quedaban en el mundo Shoyo y el. Se hizo tarde muy rápido, el pelinaranja le convenció de quedarse en la habitación principal mientras que el se quedaría en el sofá.

Tal vez el cuarto de Hinata fuera la parte más desordenada del departamento, estaban lluevas de recuerdos de todos lados, cosa que a sakusa le pareció adorable.

Al lado de la puerta estaba colgado el viejo uniforme con el número 10 que muchos recordaban; el resto de las pared estaba repleto de fotos de su familia, amigos del Karasuno y de su época en Brasil. Sakusa se avergonzó por estar viendo todos esos recuerdos, solo era un invitado y ni siquiera había pedido permiso para verlas pero no podía evitar voltear sus ojos hacia cualquier lugar donde viera la cabellera naranja.

Por fin pudo dormir luego de ese día tan agotador.



Por fin pudo dormir luego de ese día tan agotador

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Puso un mechón rebelde detrás  de su oreja, era tan suave, quería sumergirse completamente en esa cabellera naranja pero ya habría tiempo para eso. Ahora sus manos querían el cuerpo del chico que se encontraba debajo suyo...

Se despertó como si alguien le hubiera hachado un bote de agua en la cara, sentía su corazón latir como tambor dentro de su pecho y sabia que debía estar más rojo que un tomate.

Acababa de soñar a su compañero de equipo en tales poses y no podía hacer más que pensar que era un pervertido. '¿Como voy a poder verlo a la cara?

En la siguiente práctica de los bj Atsumu y Bokuto no pudieron evitar notar que el pelinegro ni siquiera volteaba hacia donde estaba Hinata.



Segundo intento de escribir una historia :) ojalá les guste 💕

Hold Me Close (Sakuhina)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora