Otoño del '02

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Rosagante, como el amanecer del otoño, apareciste sin permiso ni omisión y entraste a mi vida para quedarte. Ser mi musa y mi falta de coherencia, mi placer prohibido y mi pasión por el peligro, mi droga y mi rehabilitación.
Yo te acepté como el navegante a su timón. Atesoraría vestir de gala en tu fiesta de primavera, embriagarnos en la playa bajo el sol del verano, y abrazarte en la cama ante la mirada del frío invierno.
Los amaneceres de otoño se fueron y con ellos tu rastro. Ni tus huellas olvidaste, te llevaste el aroma a tierra mojada y mi brillo. Sobre la mesita de noche solo me dejaste un pequeño poema sin punto final y un vacío inexplicable que jamás podré olvidar.

Cartas a mis muertosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora