Te pertenezco

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Una vez más volvemos a llamar al pasado para pedirle prestado un momento más a nuestro lado. Yo me arrepiento de haber cambiado nuestro futuro y vos me seguís el juego en esta máquina del tiempo que estamos creando. Te suplico que te subas a ella conmigo, tomados de la mano como nunca pudimos hacerlo, pero te negás. Preferís esperar a ser feliz en los brazos de alguien que jamás va a amarte de la forma en que yo lo hice, pero aún así no pienso rendirme.
Me dediqué a perderte por miedo al futuro y ahora solo deseo volver al pasado, qué irónico ¿no? Y pensar que si no fuera por mi cobardía, hoy estaría allí, abrazándome a tu costado. Tal solo pensar que alguien más ocupa mi lugar me da pena porque sé que al pasar los años, los meses y los días, no dejarás de guardarme a tu lado, donde pertenezco.
Pertenecer. Una palabra que creí jamás usar, y se encuentra entre el espacio de tus labios con los míos. Pertenezco a vos y vos pertenecés al mundo, al tiempo y al horizonte. Como el horizonte, mi amor por vos nunca acaba por más que siga caminando. Mi amor por vos es el reflejo de aquello que, a pesar de ser difícil, no es imposible. El reflejo de un espejo roto, que aunque lo arregles, no volverá a ser el mismo. Qué mala suerte fue cruzarme con el espejo roto que prometías sin pretender arreglarlo antes de que alguien más lo hiciera.

Te pertenezco.

Cartas a mis muertosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora