Hoy estuve pensando mucho en vos, y en lo bien que me hacías con tus promesas a través de esa reja que nos separaba. Siempre creí que era en vano, estar tan cerca pero tan lejos, anciando tocar tus labios con los míos de la manera más suave que conocíamos. Después de un tiempo entendí que vos no esperabas lo mismo, que prometías al viento y que yo era demasiado terrenal.
Volví al lugar donde nos conocimos, donde los mejores recuerdos de nosotros se encerraban a morir. Regresar a ese lugar lleno de personas como nosotros, con algún trauma que resolver para no caer en la miseria. Cada uno encerrado en su propio mundo, esperando salir a la luz del sol algún día para sentir, sentir que todavía son personas. Volví y me encontré con el sentimiento de que ya no te quiero, de que tus promesas se las llevó el viento y no iban a volver por mucho que quisiera. Me hice daño pensando que así sanaría las heridas del corazón pero me di cuenta que no puedo sanar una herida con otra.
Donde nos conocimos fue el lugar más errado del mundo y así aprendí que es imposible encontrar amor donde solo hay una patología que nos vulnerabiliza y nos hace creer que toda clase de afecto es mejor que el de cualquiera que puedas llegar a encontrar afuera.
