Incertidumbre

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Souichi se sentía mareado. Percibió un extraño zumbido en los oídos, al tiempo que desde la distancia le llegaba el sonido de la taza de café al romperse.

-He dejado caer mi taza de café- pensó  -Debería limpiarlo antes de que manche el suelo. Debería...

Pero no pudo moverse. Sólo fue capaz de leer esas palabras una y otra vez, hasta que bailaron ante sus ojos, y se hicieron borrosas.

Sintió que doblaba los dedos sobre el papel y lo estrujaba, reduciéndolo a una bola compacta que tiró con violencia.

Permaneció quieto un momento, limpiándose distraídamente las manos sobre la camisa, luego se fue corriendo al cuarto de baño, donde vomitó.

Cuando el mundo dejó de dar vueltas, se quitó la ropa y se bañó , se secó y se puso una pijama.

Bajó y se dedicó a limpiar el café derramado, arrodillado en el suelo limpiando con un trapo pensó que tendría que usar jabón para sacar la mancha .

Entonces se paró en seco, incrédulo. Morinaga estaba con otra persona y a el le preocupaba una maldita alfombra.

-No es verdad -oyó su propia voz, áspera y temblorosa- No puede ser verdad, o lo habría sabido. Seguro que habría percibido algo. Sólo es alguien que nos odia, que está celoso de …

La conclusión le puso la piel de gallina, pero con una mueca de dolor comprendió que era infinitamente preferible a cualquier otra posibilidad.

Se puso de pie y llevó los fragmentos de la taza al cubo de la basura. Sintió una sacudida al ver la botella de champán. Antes de ser capaz de detenerse, alzó las copas de la pila y las estudió detenidamente a la luz del sol, quizas con algunos químicos en el laboratorio, podría sacar algunas huellas dactilares o incluso ADN…

-Oh, por favor- se recriminó -No caigas en la paranoia.

Dejó las copas y limpió todo. Olvidó el café ,saco una cerveza del refrigerador y se sentó en el sofá.

-No quiero que esto haya sucedido- susurró- Quiero que todo vuelva a estar como estaba...

En cierto sentido lamentaba haber regresado a casa. Tendría que haber aceptado la invitación de Nana de cenar. Pero eso no habría marcado ninguna diferencia. La carta habría estado esperándolo a su vuelta.

Necesitaba encontrar algún modo de enfrentarse a la situación. Pero no sabía qué hacer. podría buscar una confrontación directa, darle la carta a Tetsuhiro y observar su reacción

Dejó la lata de cerveza y recogió la bola de papel del rincón en el que había caído, alisándola.

-No puedo fingir que esto no me importa- pensó -En cuanto él vea lo que hice con la hoja, sabrá que me importaba... que me irritó. No puedo permitirlo. No hasta que esté seguro

-Mori... ¡¿dónde demonios estás?! -dijo en voz alta, casi desesperada.

-No- decidió apretando la mandíbula. No se permitiría pensar de ese modo. Cinco años de lealtad y confianza no se podían destruir con un simple acto de maldad. No lo permitiría. No iba a mencionarle la carta, se dijo, respirando hondo. De hecho, haría como si nunca la hubiera visto. Que no existía. No lanzaría ninguna acusación grave, no soltaría ninguna insinuación. Actuaría de forma completamente natural, afirmó con fiereza. Pero... también estaría en guardia.

Rompió la carta en dos, luego en cuatro, antes de reducirla a tiras y después a fragmentos que depositó en un plato y quemó. Lanzo las cenizas por la ventana y deseó que sus palabras pudieran borrarse de su mente con igual facilidad.

Otra personaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora