Cuando las personas hablaban de la niñez de Lena siempre concluían con la misma afirmación: ella era muy afortunada. Después de todo, ¿Cuántos niños en el mundo tenían la oportunidad de clases privadas de piano, equitación, francés, japonés, latín, mandarín, español e italiano? ¿Cuántos niños podían decir que sabían sobre cálculo avanzado a los 11 años y sobre física cuántica a los 14? Tenías que ser muy afortunada por tener todo eso.
Lena jamás se los diría, pero ella no se sentía afortunada, privilegiada sí, mucho, pero no afortunada, al menos no cuando era niña, ni en gran parte de su vida en realidad.
Ella comenzó a sentirse afortunada luego de conocer a Kara, luego de hacerse su amiga, y cuando comenzaron a salir como pareja Lena simplemente no creía que esa palabra estuviera a la altura de lo que sentía, no representaba ni una fracción de su alegría.
Pero volviendo a su niñez, sí, Lena no creía que fuera afortunada. No lo creía al recordar la frialdad y crueldad de Lillian, o su distante relación con Lionel, ni el haber perdido poco a poco a Lex, o el destino que sufrió su madre, su verdadera madre. Pero cuando le preguntaban sobre su resentimiento a su niñez, Lena no les decía todo eso, en su lugar ella simplemente decía "Bueno, jamás tuve un globo", e ignoraba las desconcertadas miradas que le daban. Era una buena respuesta, no era mentira y resumía de alguna extraña forma su niñez.
Por eso, cuando Lena se lo contó a Kara, explicando su respuesta y todo, no se sorprendió por la mirada mortificada que le dio su novia, ni lo hizo cuando ella le prometió comprarle tantos globos como su sueldo de periodista le permitiera. Tampoco se sorprendió de que su intento por explicar que no era necesario no funcionara cuando, al día siguiente, entró a su oficina y la encontró llena de globos. Eran de todos los tamaños, de todos los colores. Los había flotando en su techo, amarrados a su escritorio y silla, regados por el suelo y pegados a las paredes.
Un gesto dulce que Lena habría apreciado aún más si su cabello no comenzara a enloquecer por la estática y eventualmente hiciera que por el calor toda su oficina apestara a plástico quemado y los globos comenzaran a explotar como 4 de Julio.
Al final de día, cuando Kara aterrizó en el balcón para llevarla a casa se encontró con una despeinada y tensa Lena. Ella le agradeció el gesto, pero le hizo prometer que en nombre del medio ambiente nunca más llenaría su oficina o cualquier otro lugar con globos, entre lineas, de hecho, le pedío no acercarla a ningún otro globo, nunca más.
El medio ambiente ni siquiera pasaba por la mente de Lena cuando hizo esa petición.
Kara tampoco leyó entre lineas.
Así, dos semanas después, Kara llevó a Lena a un paseo. Un paseo en globo aerostático.
Lena sintió como un tic comenzaba a nacer en su ojo.
Para ser justos, Kara tenía la mejor de las intenciones cuando organizó el viaje, y su deseo por compensar la niñez de Lena la hizo olvidar momentáneamente su miedo a volar. Miedo que fue recordado cuando vio como la CEO se negaba a ver hacia abajo y sus nudillos estaban blancos de la fuerza que usaba para agarrarse a ella. De hecho, si fuera humana, probablemente habría sido severamente lastimada por eso. Dos horas y media y sientas de disculpas después Lena estaba convencida de que tal vez el destino no le había dado globos de niña por una razón, y que tal vez se debía principalmente a su estabilidad mental.
Esa noche, cuando volvieron a su piso, Lena convenció a su novia de ver una película, en parte para calmarse a sí misma y en parte para calmar a la afligida rubia que seguía completamente avergonzada por su desliz.
Tomadas de la mano y envueltas en una manta, ambas chicas comieron palomitas y vieron la película mientras poco a poco se quedaban dormidas. Una hora después Lena se despertó al sentir como algo comenzaba a jalarla hacia arriba y al levantar la vista vio a la rubia flotando a su lado, completamente dormida y agarrada aún de su mano. Se quedó mirándola, completamente enternecida y divertida, hasta que Kara subió lo suficiente como para tener que levantarse del sofá, entonces la despertó cuidadosamente y ambas se fueron a acostar.
Al día siguiente, al ver a una niña en la calle con un globo en la mano y recordar a Kara flotando, Lena llegó a la conclusión de que su globo era mejor, mucho mejor.
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Lo Que Pudo (Podrá) Ser
FanfictionSerie de One Shots basados en Lena y Kara de Supergirl.