Hic Sunt Draconi IV: Conexiones

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He ido a la playa. Hacía mucho que no iba, la echaba de menos. He notado la arena enterrando mis pies. He notado el agua de la orilla invitándome cordialmente a sumergirme en el vasto mar. He notado la alegría de un niño al ver de nuevo este amarillento paisaje, color ámbar en la hora del ocaso.
Me acordé de aquel chaval que pisó esa misma playa un año antes. Un chaval dudoso de sí mismo, de su alrededor... un chaval que sólo necesitaba algo que lo defendiera del mundo, y que a su vez era un enano engreído.
No le culpo. Somos así.
Enanos engreídos.
Cualquier cosa que atente en contra de nuestro ego se convierte en una ofensa superlativa, y la rechazamos de una manera u otra.
Han sido estos recuerdos vistos desde fuera los que me han hecho mirar con compasión a esa visión pasada. Por una vez, al fin, he dejado de tirarle piedras a un objetivo que no merecía ningún castigo. Solo necesitaba una voz de alivio, un "todo estará bien, respira con calma".
Al fin.
Al fin ha podido oír esas palabras. Ahora podrá crecer sin miedo a lo que venga desde fuera, sin preocupación alguna a excepción de algún capón por creído.
Y es así que, al ver al atardecer, lo supe. Supe que el año que viene no podré ser el mismo, al igual que no fui el mismo hace un año. Entonces supe que esta misma conversación ocurriría año tras año, de mí a mí, en un tiempo distinto, quizás en un mismo lugar, y contemplaré con un juicio crítico todos mis actos para terminar dando una compasiva condena. Una condena de aceptación.
Aceptación por lo que fui.
Aceptación por lo que soy.
Aceptación por lo que seré.
Aceptación de que pase lo que pase, confío en que sabré redimirme de mi error, en que creceré corrigiendo todo aquello que incomode a mí y a mis cercanos.
Ah, que alivio de verdad, quién diría que cavar un hoyo daría tanta paz interior, estoy deseando volver y repetir para sentir el fresquito del agua en mis pies.

VacíoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora