Despedida II: Cicatrices

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El cielo hoy está precioso. Es irónico que una de las cosas más bonitas sólo se vea en su máximo esplendor si todo está a oscuras.

Se está agradable aquí en la terraza. Corre fresco, el aire es puro, hay una oscuridad leve, agradable a los ojos. He decidido escuchar música mientras tanto. Billie Eilish es una buena opción si quieres estar reflexivo. Aunque depende de la canción.
Una vez más miro al horizonte para vislumbrar las tenues luces de los pueblos cercanos.
Me hace preguntarme qué será de la gente que los habita.
Me hace darme cuenta de lo poco que somos en este mundo.
Cada persona tiene su propia historia, única y exclusiva. Hay tantas opciones...

Estaba pensando en compartir este momento con alguien, pero mi única opción se fue a dormir hace una hora. No le culpo, son las 5:17 y él durmió poco ayer. Una pena, esta es una experiencia muy bonita.
Estar aquí me limpia por dentro, aquí me siento un poco más en paz, no siento el mismo ruido en la cabeza que siempre siento ni tengo esa horrible sensación en el pecho por la cual haría lo que fuese por que desapareciera. No hace falta. Ahora no está. Puedo descansar tranquilo por un momento y pensar con lucidez.

Cada vez veo con más claridad mis errores, mis carencias, mis fallos. Aún así todavía estoy bastante lejos de corregirlos. Confío en que algún día podré, pero es complicado, no todo puede estar solucionado de un momento a otro. Pero bueno, noto que cada vez queda menos para terminar con este barullo. Por suerte sé que hay gente que me apoya. Como tú, que lees esto.

Hace poco me preguntaste por qué escribí sobre Córdoba. He estado pensando acerca de eso, porque no fue un pálpito nostálgico cualquiera. He llegado a la conclusión de que echo de menos mi origen. La vida que dejé atrás. Lo que podría haber sido.
Echo de menos mis antiguos amigos ahora que ya no me hablan.
Echo de menos mis antiguas clases ahora que no puedo estar en ellas.
Echo de menos los viejos tiempos porque no se pueden volver a ellos.
Todavía tengo remordimientos a causa de mi escape, aunque intente persuadirlos, es algo demasiado reciente.
No paro de pensar qué hubiera pasado su me hubiese quedado.
Aún así no me arrepiento. Creo.

En fin, sigo aquí disfrutando del cielo nocturno. Este sitio me gusta mucho, es una pena que no pueda estar aquí siempre que plazca. Ahora que me he quitado los auriculares hace un rato, puedo escuchar los ruidos nocturnos.
Grillos, coches pasando a lo lejos, perros en las fincas de las afueras.
Ni frío ni calor, ni viento ni lluvia.
Aquí hace paz. Y tranquilidad.

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