Ya no queda nada. Destruí lo que quedaba de voluntad, erradiqué mi deseo de permanecer, de duda. Mi resistencia ante los aspectos más devastadores de la vida se ha transformado en una sumisa actitud que calla y acepta a regañadientes las condiciones que le imponen. Estoy más furioso que nunca, jamás perdonaré a aquellos que han tenido por objetivo encerrarme en esta estúpida jaula, siendo cautivo de la peor tortura conocida: vivir. Siento que me obligan a seguir adelante, siento que me obligan a participar en un futuro del que no sé si quiero formar parte. No comprenden no comparto su afán de realización. No comprenden que no quiero vivir un falso teatro en el que el único argumento que sostiene la obra es la ausencia de ausencia.
Ahora más que nunca me siento vacío, melancólico. Pienso en lo triste que es ser un engranaje preparado para hacer funcionar una máquina que ya funcionaba sin esta supuesta pieza fundamental. ¿Hasta qué punto somos prescindibles? Me sorprende a la par que me asusta, la facilidad con la que alguien podría desaparecer sin ningún tipo de consecuencia, como si no hubiera pasado nada. Uno menos, rellena el hueco. Y a seguir produciendo, para seguir vendiendo, para que perdure la raza superior. Es antinatural. Ya no hay nada que rija sobre nosotros, ahora somos los que regimos sobre nuestra propia realidad.
Sin duda alguna vuelvo a un punto ya recorrido en el que siento que todo es banal, no tiene importancia, pero ahora estoy forzado a hacer estos imperativos, aún sabiendo que la recompensa por cumplir con ellos es la misma que la que obtendré si no los hago. Sin saber cómo he terminado en el punto al cual juré no llegar nunca, he terminado representado por el triste Sísifo, haciendo un trabajo inútil una y otra vez sin propósito alguno. Tristemente, no veo ningún remedio a mis problemas, y meditabundo, me escabullo hacia mi único refugio restante, dispuesto a ver mi vida pasar, como se tratase de una planta que nadie riega, dejada a su suerte y al amparo de un mundo frío que rechaza valores que en un momento determinado, brillaban por sí solos. Porque ahora, la bondad no es una virtud muy apreciada por la sociedad salvo por algunas abuelas que consideran la bondad una virtud en el chocolate a media tarde. Sólo los longevos pueden apreciar como el paso del tiempo ha hecho que el mundo se marchite de una forma bastante amarga.
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Vacío
NonfiksiEl día a día merma la voluntad de cada uno de maneras distintas. En esta serie de reflexiones se encuentra el paso del tiempo sobre un adolescente en su transición a la etapa adulta.
