Al ritmo de las olas veo pasar el tiempo,
antes me preocupaban problemas triviales y ahora me preocupa no preocuparme.
Siento que el avance no se detiene, que evolucionamos y que nadie puede impedir eso.
Siento una melancolía enorme en mi interior cuando echo la vista atrás.
Recuerdos de un patio de colegio donde se jugaban a los superhéroes. Después esos juegos se cambiaron por charlas de videojuegos y, más tarde, desaparecieron. Solo queda un recuerdo. Un recuerdo corrompido por las malas experiencias que rompieron una amistad inquebrantable.
A pesar de todo, ya no me arrepiento de nada. Todos los remordimientos y los pensamientos que desean saber qué hubiera pasado si no hubiese actuado de tal forma ahora no están. Soy libre, y preso de la libertad. De alguna manera ahora hay una inquietud en mí que no consigo quitarme de la cabeza. Si fuese tan fácil expresarse...
Aunque ahora ya no es desconocida.
Miro el horizonte y el mar se pierde en la lejanía dando rastros de un espacio perdido de la mano de Dios. Las olas acarician la orilla suavemente. Los niños juegan con la arena y los adultos reposan en la sombrilla. Se escucha el canto alegre de los niños y el canto del alguna que otra gaviota. Al caminar por la calle se puede escuchar cómo esa familia que acaba de pasar no sabe llegar al chiringuito que está bajando la calle. Mientras paso por la muchedumbre me apetece fingir ser un turista y preguntar por algún sitio en concreto para ver si se desenvuelven bien. Me haría mucha gracia ver sus caras de apuro.
Ya por la noche el horizonte dicta unas intenciones completamente distintas: el mar apenas es visible y se confunde con el horizonte en un oscuro negro que recuerda la pupila de una mirada amenazante, de esas que se echan cuando se quiere intimidar a alguien (o cuando se pretende, que no siempre se consigue). Las olas sigue su vaivén y a diferencia del mediodía, el fondo marino se divisa con dificultad.
Me gusta el mar.
Es una metáfora preciosa. Peligroso, bello, en armonía...
Todos los misterios que encierra me tendrá a la expectativa. Tantas cosas que se reserva, esperando a ser descubiertas. Quiero averiguar qué hay. Quiero investigar, aunque con calma, saborear cada pequeño secreto que pueda haber, bañarme en sus aguas y acariciar con mis yemas la fría salina, dejarme llevar...
El agua tan clara y sin embargo no se deja ver...
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Vacío
Não FicçãoEl día a día merma la voluntad de cada uno de maneras distintas. En esta serie de reflexiones se encuentra el paso del tiempo sobre un adolescente en su transición a la etapa adulta.
