Tres.

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Na Jaemin

«¿Tú cómo sabes que
caíste total y perdidamente
enamorado/a de alguien?

En mi caso fue que
comencé a escribir
partituras en sus labios
cada que lo veía.

Lo hacía sólo en mi cabeza.
Y me moría de ganas por
hacerlo realidad uno de
esos días.

Por mostrarle los La
y los Sol sostenidos
que tenía aguardando
por él, en las comisuras
de mi boca.»

Mi padre y Yeeun se habían mantenido en silencio por un buen rato.

Yo no soltaba la mano de Jeno y pensando que lo podía hacer sentir incómodo en un pestañeo terminé dejando ir su agarre (aunque no quisiera).

-Vaya. Es un chico cariñoso -. Dijo aquello dirigiéndose a los otros dos adultos.

-Deberá entender que mi hijo sólo tiene diecisiete años, profesor Lee-. Contestó mi padre.

-¿De verdad? Con diecisiete años ya esta de mi altura -. Rió y yo catalogé ese sonido como uno de los más lindos que haya escuchado.

Ni siquiera mi piano sería capaz de producirlo.

-Usted no debería preocuparse por eso, profesor Lee -. Finalmente Yeeun hablaba-. Aún es muy joven.

-Después de cumplir los veintiún años, cualquier posibilidad de crecer se vuelve nula. Y yo tengo veintidós, así que ya no hay esperanza para mí -. Se encogió de hombros.

-Es un verdadero encanto, profesor Lee-. Mi padre mencionó muy alegre y entre risas -. No les quitaremos más de su tiempo. Jaemin lleva a nuestro invitado a tu habitación y recuerda tratarlo bien.

Asentí con la cabeza y dirigí mi mirada una vez más al de melena oscura que estaba esperando a que caminará para que así pudiese seguirme. Lo hice di los primeros pasos por el pasillo y podía escuchar perfectamente como arrastraba sus pantuflas detrás de mí (Yeeun terminó obligandole a deshacerse de sus converse).

Y mi corazón.
También escuchaba mi corazón.

Mi habitación estaba alejada del resto de salas del primer piso de la casa. Por lo que el camino podría parecer relativamente largo.

No dijo una sola palabra. Y yo tampoco, pues aunque quisiera, hace años que no mantenía una plática decente con alguien de o lo más cercano a mi edad. Por Dios. Ni siquiera tenía celular propio como para investigar temas de conversación interesantes que hacer con tu profesor de violín.

Una vez llegamos a la puerta de madera que llevaba a mi pieza, le di la vuelta a la vieja y desgastada manija. La empuje hacia atrás y me hice hacia un lado para que él pudiera pasar.

Me sonrió y entró. Dio una vuelta sobre sus pies y miraba todo con verdadero asombro.

-Tu habitación es enorme -. Dió otros cuantos pasos adentrándose más al pequeño mundo que me pertenecía.

-Em. Sí. Bueno, antes no era mi habitación -. Por fin, el silencio había terminado -. Solía ser un estudio -. Entré, cerrando la puerta detrás de mí -. El más grande de la casa.

Piano | NoMin.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora