"Se dice que cuando nacemos tenemos un destino marcado y también un amor perdido en alguna parte del mundo.
Un amor con el cual estaremos destinados"
Giotto había nacido como alfa y tenía todas las cualidades para serlo, pero a cierta edad se dio cu...
Giotto y Elena entraron al despacho que Viper, amablemente, les había permitido. El rubio estaba contento por volver a ver a su amiga y es que a ella la quería de verdad, la apreciaba de verdad, era como su familia y estar con su familia le hacía sentir feliz. Por ella tenía el mismo sentimiento que le hacía sentir Tsunayoshi.
—Realmente me hace feliz que estés aquí —el alfa le señaló un sofá—. Siéntate, fea.
—Pero que caballeroso eres, idiota —la chica torció los labios y se sentó pasando una pierna sobre la otra—. La mansión en Japón se sentía muy sola sin tus estupideces.
—Lo sé, donde voy alegro la vida de todos —el alfa dijo presumido y se arregló el cabello—. Sabes que soy el alma de la fiesta.
—Lo único que sé es que eres imbécil —Elena rodó los ojos y sonrió—. Te he echado de menos.
—Te veo sensible —Giotto frunció el ceño—. ¿Qué pasa?
La omega se mordió los labios y colocó sus manos sobre su bonita falda. Se notó que le costaba decir lo que quería decir y es que al parecer no era fácil, Giotto lo sabía por su expresión y por esa razón puso su mano sobre la contraria para darle tranquilidad.
—Esta bien —el rubio le guiñó el ojo—. Dime.
—Es mi padre —Elena soltó y su voz se escuchó algo ronca—. Papá cayó enfermo ayer y el médico dijo que su salud no es buena.
Giotto abrió los ojos por completo y su rostro se puso pálido. El señor Vicent era como su padre y él era como su hijo, el cariño que aquel hombre le había dado lo agradecía todos los días, le dió consejos, le dió una enseñanza preciosa y sobretodo le ayudo todos los días cuando pensó que jamás volvería a ver a Tsuna, Vicent le dió palabras de aliento siempre animándole a seguir adelante y tener esperanza de que lo iba a encontrar.