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Su espalda dolía demasiado. Probablemente aquellos golpes dejarían marcas. Se levantó del suelo y gateó buscando su mochila, a tientas podía sentir con sus manos algunos lapiceros y cuadernos. Sus ojos estaban cubiertos por un líquido espeso que olía a fresas y sabía a lo mismo. Ese era su yogurt, que debía estar en su estómago y no en su cabeza, pero aquel había sido un mal día, uno de muchos donde le tocaba soportar las bromas, burlas y golpes de sus compañeros de escuela.

Se dejó caer de nuevo el suelo, recargado de los casilleros y se limpió el yogurt que había escurrido sobre sus ojos. Cuando se hubo limpiado lo suficiente pudo ver su mochila en uno de los cestos de basura, pero sus escasas fuerzas le impedían pararse. ¿Dónde estaban los maestros o buenos compañeros cuando se les necesitaba? de seguro escondidos. Lev estaba casi seguro que hasta el mismo rector de su escuela le temía a Jack y a sus amiguitos de mierda que se la pasaban hostigando al resto del mundo a sus anchas por toda la escuela como si estuviesen en un parque a las cinco de la tarde.

Tomó sus cuadernos y demás cosas y sacó la mochila del cesto, misma que empezó a gotear un líquido tibio sobre sus pies, la acercó a su nariz y frunció el ceño. Alguien había tenido la osadía de orinar encima de ella y a juzgar por lo mojada que estaba, juraba que había sido más de una sola persona.

Pero nada de esto le sorprendía, había recibido estos tratos de sus compañeros desde que entró a la preparatoria.

Cuando llegó a su casa se aseguró que no hubiera nadie en la entrada para poder pasar lo más rápido posible. Subió a su habitación y ocultó la ropa sucia hasta el fondo de la cesta, tiró la mochila a la lavadora y se metió a duchar. A mitad de su baño escuchó la puerta de su cuarto abrirse. Comenzó a sentir la adrenalina bombeando a través de sus venas, no quería que nadie lo viera en ese estado, mucho menos Dimas, él no tenía porqué saber de los golpes y el bullying que recibía en la escuela. No era su asunto. Quizá ni siquiera le diera importancia, pero había algo en Lev que le hacía sentir apenado, utilizado, y aquello era una completa vergüenza si Dimas llegara a saberlo. Se miró el abdomen lleno de marcas rojas y uno que otro moretón, las patadas de sus compañeros habían ido bastante lejos esta vez y temía que alguien pudiera descubrirlo. Terminó de echarse agua y cerró la regadera, se miró al espejo y examinó cada uno de sus golpes, los nuevos y los que ya empezaban a desaparecer, algunos morados y otros amarillentos, bufó una sola vez y se cubrió con la bata antes de salir del baño.

–Llegaste temprano.

–Sí. No me sentía bien –se pasó una mano por el cabello húmedo para sacudirlo y se sentó al borde de la cama–, ¿pasa algo?

–Mmn, quería saber si... ¿puedes hacerme un favor? –Lev asintió–, saldré con Nancy hoy y probablemente llegue tarde y se supone que estoy castigado y no debería salir de mi habitación pero pienso escaparme, el caso es que, ¿puedes impedir que George o cualquier otro intente entrar a mi habitación?

–¿Nancy la hermana de Jack? –Dimas asintió.

–Hmn, supongo que esta bien. Yo me encargo –vio a su amigo sonreírle y salir de su habitación.

Odiaba a Nancy, demasiado. Desde que aquella chica había aparecido en la vida de Dimas su amigo se había distanciado de él por completo, era cierto que desde el accidente que tuvo Dimas se había vuelto más cerrado y ensimismado pero la presencia de esa chica desde hacía un poco menos de un año había vuelto todo mil veces peor. Ahora Dimas no dormía con él, prefería pasar sus noches en su habitación desvelándose mientras hablaba por teléfono con ella, ya no desayunaban juntos porque ahora Dimas desayunaba con Nancy, no había nadie que lo acompañara de regreso a casa o lo ayudara a hacer sus tareas, regresaba a casa solo, comía solo y dormía solo, ¿de qué servía que Dimas estuviera en su vida si era un vil fantasma? y todo por culpa de la chica que le gustaba, si tan solo Dimas supiera que Lev tambien estaba locamente enamorado él ¿cambiaría algo? ¿sería todo como cuando eran niños? sonrió por el vago recuerdo y se llevó la mano a la boca cubriéndosela con la punta de los dedos. Extrañaba mucho los pequeños besos de su amigo.

Se recostó sobre la cama y encendió el televisor hasta quedarse dormido. Últimamente mirar el televisor o andar en su celular no le provocaban emoción alguna, pero al menos el ruido de la televisión le hacía sentir un poco menos solo. En algun punto de la noche alguien lo llamó, la pantalla de su celular se iluminó, era un número que no conocía, entre el sueño y la duda decidió no responder pero tras tres llamadas seguidas, se dijo a sí mismo que no debía ser un error. La cuarta vez que llamaron, contestó.

–¿Hablo con el hermano de Dimas? –dijo una voz femenina del otro lado de la línea.

–Ehh... sí. ¿Quién habla?

–Soy Nancy, su amiga, lo que pasa es que no sabemos donde está Dimas –después de aquellas palabras guardó silencio. Continuó después de un rato–. Estabamos todos platicando y dijo que tenía que hacer algo y lo perdí de vista pero eso fue hace tres horas y ya son las dos de la mañana y no tengo idea de adónde pudo haber ido y estoy preocupada.

–¿En dónde están?

–Estabamos en el río cuando pasó eso, ahora mis amigos y yo estamos buscando a Dimas, ahora mismo estamooos –dijo alargando la o–, no sé en que calle estamos pero es cerca de la escuela.

–De acuerdo, encontrémonos frente a la escuela en quince –colgó. Al menos la única ventaja que tenía era que todos estaban dormidos ya, así no tendría que preocuparse por ser atrapado arriesgando su maldito culo por enésima vez.

Corrió lo más rápido que sus piernas se lo permitieron y de camino a la escuela cayó en cuenta que aquella sería la primera vez que vería a Nancy, se preguntó si le diría algo sobre su rostro o si haría algún gesto de mal gusto pero a penas la chica lo vio le brindó un abrazo y le sonrió de la manera más linda posible, aún en la oscuridad de la noche pudo ver sus lindos ojos brillar, era tremendamente extraño estar bajo las estrellas viendo a la chica que robaba el aliento de su amigo, probablemente no sabía que el mundo de Lev estaba en sus manos, pero podía comprender porqué Dimas estaba loco por ella, el aura que emanaba no era otra más que pacífica y llena de amor.

Separándose de dos en dos emprendieron una ronda para buscar a Dimas, ella y Lev se fueron juntos. A mitad del camino Nancy se desvió por una calle más iluminada y Lev tomó un callejón que lo conectó con la parte trasera del pequeño mercado de un barrio, olía a algun animal muerto y a aguas residuales, cuando vio una rata pasar entre sus pies las arcadas casi se apoderan de él. Sintió vergüenza por tener un estómago tan débil, si Dimas estuviera allí ya se estaría riendo de él. Caminó un par de cuadras más hasta que llegó a un puente, habían cajas, objetos viejos y abandonados, entonces escuchó un pequeño gimoteo que provocó escalofríos en su piel.

–¿Dimas? –no obtuvo respuesta alguna. De nuevo, un ruido metálico se escuchó en algún lado debajo de aquel puente.

Escuchó pasos demasiado rápidos, se dio la vuelta pensando en Nancy y en la posibilidad de que algun monstruo imaginario viniera pidandole los talones, pero antes de poder hacerlo alguien lo tiró al suelo. Tenía a una persona sobre él, le apuntó directo al rostro con la linterna de su celular. Dimas. Tenía el rostro cubierto de sudor, la respiración agitada y el cabello hecho un desastre, Lev intentó separarse de él pero su amigo se había desplomado sobre su cuerpo, cuando logró ponerse en pie haciendo a Dimas a un lado se dio cuenta que su amigo permanecía inerte, no solo estaba cubierto de sudor sino que toda su ropa parecía estar mojada, sus zapatos cubiertos de lodo y rasgados en la punta, tenía un par de rasguños en la mejilla y la ropa raída.

–¡Dimas, despierta, Dimas! ¡¿estás herido?!

–No me deja en paz... él no me deja en paz –susurró–, por favor aléjalo de mí.

–¿Quién...?

–¡Lev, lo encontraste! –dijo la voz de Nancy a la lejanía, cuando la chica estuvo lo suficientemente cerca para ver a Dimas se llevó ambas manos a la boca para opacar un pequeño grito–. ¿Está bien?

Lev no dijo una sola palabra. Después de un rato, añadió:

–Lo llevaré a casa, no digas ni una sola palabra de esto ¿quieres? te diré como está mañana por la mañana –la chica se lo pensó un momento, parecía querer decir algo pero terminó asintiendo sin mencionar una sola palabra más.

Cuando Lev tomó a Dimas entre sus brazos, el chico abrió los ojos por un breve momento, lo miró como si jamás en su vida lo hubiera visto antes, con ojos vacíos, muertos, una vaga mirada que le trajo muchos amargos recuerdos a la mente. Una mirada que no había visto en varios años y que de cierta manera, le resultó nostálgico.

Ahí estaba otra vez, su querido Dimas.

VESANIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora