III

4.1K 684 1.2K
                                        

Oscuridad era todo lo que lo rodeaba. Su corazón latía lento y fuerte, tan fuerte que podía oírlo con claridad dentro de su caja torácica, dentro de cada vena y arteria.

No sabía donde estaba, ni como había llegado ahí.

Dio un par de pasos y se detuvo al escuchar el sonido de las olas rompiendo contra las piedras. Caminó en dirección al sonido, recobrando cada vez más la consciencia pero entonces el sonido de unas pisadas lo hicieron detenerse de pronto, giró en todas las direcciones, la oscuridad le impedia ver más allá de sí, la presión en su cráneo lo aturdía atontando sus sentidos, pero estaba casi seguro que había algo a su izquierda, algo que lo miraba detenidamente, examinando cada uno de sus pasos, con detenimiento, con astusia, con un deseo letal. Así que echó a correr en sentido contrario, rasguñando su piel con espinas y ramas hasta salir a la claridad de la luna, era un brillo tenue pero que le permitía observar algo más que la completa negrura. A lo lejos podía ver la autopista y los autos estancados en el tráfico, lo que sea que lo estuviese siguiendo ya no lo seguía más, aunque su corazón ahora no dejaba de latir apresurado, asustado como un ratón ante el peligro, la sensación de continuar atrapado en una jaula permanecía presente.

"No puedes escapar de mí"

"Estás atrapado"

"Mira quien ha caído por el acantilado esta vez"

"No he sido yo"

De nuevo esa voz presente dentro de su cabeza y estaba harto de tener que escucharla, de tener que lidiar con ella, de no saber si era real o acaso su imaginación le estaba haciendo una mala jugarreta.

Se pasó una mano por la frente sintiéndola tibia y pegajosa, cuando la miró, un líquido oscuro cubría sus dedos y parte de su brazo, se miró la ropa, también estaba sucia, todo su cuerpo estaba cubierto por aquel líquido que olía a... sangre.

"Te dije que miraras quien ha caído por el acantilado"

Cuando abrió los ojos el sudor le bajaba por la frente como si acabase de salir de la ducha, estaba recostado sobre su cama, boca arriba con ropa limpia y las luces encendidas que aturdieron sus pupilas, el reloj marcaba las dos de la mañana y el ventilador de techo giraba tan lento que ni siquiera alcanzaba a soplar. Dimas se levantó pensando que todo aquello no era más que un simple sueño pero cuando entró al baño a lavarse la cara y vio la ropa cubierta de sangre en el cesto, supo que debía ser real. Claro, era obvio, entonces ¿por qué no podía recordarlo? ¿Que mierda le estaba ocurriendo? Porqué demonios no podía recordar aquellos momentos más que simples flashbacks de instantes que no significaban nada. Se sentía estúpido, usado, ultrajado, y ni siquiera sabía por qué o por quién.

Quizá todo fuera una sucia jugarreta de su mente.

Escuchó un pequeño toquido en la puerta y ésta siendo abierta, ocultó la ropa en el fondo del cesto y salió del baño cerrándolo detrás de sí.

–Lev...

–Vi la luz encendida ¿todo bien? –Dimas asintió– Hmn, ¿puedo dormir contigo hoy? no me siento muy bien.

–Como quieras –se enrolló entre sus sábanas y le dio la espalda a Lev, quien cerró la puerta y se quedó mirándolo un buen rato preguntándose si acaso ya se habría dormido o solo estaría ignorándolo, cuando escuchó a Dimas roncar, supo que en definitiva ya se había dormido así que se metió entre sus sábanas y se acostó a su lado, quedando de frente a su amigo.

Dimas lucía cansado a los ojos de Lev. Sus pronunciadas ojeras oscuras eran más notorias en la oscuridad, aún si el cabello sobre su rostro intentaba ocultarlo, ¿en qué momento habían cambiado tanto? si tan solo ayer permanecían jugando junto al fuego, quemando hojas y ramas.

VESANIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora