Cuando despertó sus pupilas se contrajeron ante la luz que entraba por la pequeña ventana sobre su cama, intentó sentarse, sus brazos dolían, sentía que una estampida le había pasada encima y lo peor de todo era que no lograba recordar como había llegado a su habitación.
–Ve a ver si ya despertó Dimas –escuchó decir a una voz fuera de su habitación. La puerta se abrió y una pequeña niña apareció frente a él, lo saludó con una sonrisa y volvió a cerrar la puerta.
–Ya despertó –la escuchó gritar.
Cuando reunió las fuerzas suficientes para ponerse en pie sintió su mundo venirse de cabeza, sus pies temblando, se sentía fatal. ¿Cuanto tiempo había estado durmiendo? ¿Acaso habia perdido la capacidad para caminar?
–Dimas –dijo esta vez Lev entrando por la puerta–, creí que no despertarías nunca –sonrió–. Dios mío, estas ardiendo en fiebre, tienes que recostarte, te traeré una pastilla.
La verdad era que se alegraba de ver un rostro familiar, pero dudaba si acaso Lev podría darle respuesta a todas sus preguntas, agh, ¿qué estaba pasando con él? Se sentía fatal. Esperó que Lev dijera algo al respecto pero parecía demasiado inmerso intentando bajarle la temperatura a punta de paños humenos y remedios caseros que realmente dudaba que fuera a mencionar algo sobre la noche anterior, o el día que haya sido, en realidad no sabía con exactitud en que día se encontraba. Además, no pensaba abrir la boca y decir algo de lo que Lev no estuviese enterado, quiza fuera su amigo, pero no tenía porqué saber sus secretos. Se recostó sobre la cama nuevamente y dejó que Lev se acercara a poner paños de agua sobre su frente. Cuando los dedos de Lev rozaron su piel un escalofrío lo recorrió de la cabeza a los pies. Había pasado tiempo desde la última vez que aquella sensación lo invadió. Era acogedor pero tan extraño, nostálgico, casi mágico.
–Ayer... –comenzó. Lev lo miró a los ojos, escudriñando cada pequeño espacio de su alma–, creo que bebí demasiado, no puedo recordar mucho ¿sabes qué pasó después de que... vi a Nancy? Supongo que debiste abrirme la puerta.
–Claro –Lev se limitó a exprimir el paño sobre el tazón lleno de agua–, debiste beber mucho –sonrió, no quería preocuparlo demasiado, así que se guardo sus dudas y quejas en lo más profundo de su ser, ya habría tiempo de hablar después o quizá jamás volvería a tocar el tema.
–Gracias –dijo, se levantó de la cama quitándose el pañito húmedo de la frente.
Suspiró profundo. El reflejo que veía en aquel espejo colgado en su pared no era menos insignificante que el de un pobre cadáver.
–¿Adónde vas?
–Tengo cosas que hacer.
Antes de que Lev pudiera protestar, Dimas tomó el pomo de la puerta y se marchó dejandolo solo en aquella casa. Se preguntó si acaso Dimas lo veía como una persona o mera decoración, últimamente pasaba tanto tiempo encerrado que comenzaba a sentirse tan importante como el cuadro de la cocina. Al menos podía estar con la pequeña Livy, o ese creyó hasta que la vio abandonar la mesa después del almuerzo para ir a casa de una amiga. Había dias donde olvidaba que ya no era un niño, días donde pensaba que subiria a su habitación para encontrarse con casas de muñecas y carritos aplastados, pero ahora los pasillos estaban vacíos, intactos, como si nadie nunca hubiera estado ahí más que sus recuerdos que lo perseguían como fantasmas atormentados. El ruido en su mente no era proporcional al vacío frente sus ojos y constantemente se preguntaba si acaso habría algo que pudiera cambiar, pero sabía que rogar por algo de compañía nunca antes había salvado a nadie.
De cualquier manera, tomó su telefono y llamó al único contacto que tenía agregado y que no pertenecía a su familia. Alguien que, si bien no había estado ahí desde sus inicios, esperaba que estuviera en su final, o al menos que se mantuviera por algún tiempo.
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VESANIA
Fiksi PenggemarLev no conoce otro mundo más que estar encerrado en su habitación y ser el centro de burlas y el saco de boxeo de sus compañeros, pero si le dieran a elegir entre continuar viviendo esa vida o tener un nuevo inicio, elegiría mil veces quedarse con s...
