Capítulo siete.

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Nicolás Flamel.

Con el paso de los dias, se hacía más presente la llegada de la Navidad, todo comenzaron a entrar en un espíritu festivo y alegre, tal vez por la vacaciones.

La nieve rodeaba el castillo por casi dos metros de altura, lo que dificultaba que cualquier alumno pudiera salir al patio -y no es como si alguien quisiera salir, de hecho. El lago estaba sólidamente congelado dando una perfecta vista desde la torre.

Las pocas lechuzas que habían podido llegar a través del cielo tormentoso para dejar el correo, tuvieron que quedar al cuidado del guardabosques hasta recuperarse, antes de volar otra vez, razón por la cual sus padres aún no habían podido recibir la respuesta a su carta.

Todos estaban impacientes de que empezaran las vacaciones para irse del castillo, sin embargo él albergaba un sentimiento amargo y confuso. Aún así, su impaciencia por volver a ver su madre lo mantenía entretenido.

Como muchos lugares del castillo, la sala común de Slytherin mantenían las chimeneas encendidas, pero aún así, la sala de Slytherin al igual que sus dormitorios seguían heladas, por lo que era un gran trabajo para los de slytherin mantenerse en calor estando allí abajo. Razón por la cual el profesor Snape iba todas las noches después de la cena, a lanzar hechizos de calefacción a las habitaciones con la ayuda de los séptimo y sexto año.

El Gran Comedor también mantenían las chimeneas encendidas, pero los pasillos, llenos de corrientes de aire, se habían vuelto helados, y un viento cruel golpeaba las ventanas de las aulas. Muchos sufrían en las clases del profesor Snape, en donde la respiración subía como niebla y los hacía mantenerse lo más cerca posible de sus calderos calientes.

Para su gran pesar, tuvo que tomar mucho vitamínicos crudos por su falta de temperatura -que ya lo había arrastrado a la cama más de dos veces empezado el invierno. Los hechizos de calefacción en su habitación eran triplicadas y doblemente aseguradas debido a su "extraña" condición, pues en las mazmorras corría el rumor de que tenía una extraña enfermedad que hacia que su temperatura bajara. Y fue tal vez por ese rumor que todos en slytherin lo trataban como un gato y lo cuidaban en exceso, en especial los de quinto año, que lo mantenían a la vista.

Fue un día cerca de las vacaciones navideñas que Harry le mandó una nota vía lechuza, pidiéndole reunirse a la media noche frente a la biblioteca para aclararle varias cosas. Sabía que Potter no le revelaría mucho, si lo hiciera sería demasiado idiota, pero si también le mentía, lo sería el doble.

Por lo que llegado el día, espero pacientemente enfrente de la biblioteca. Estaba claro que no había ningún prefecto o maestro cerca por lo que no se molestó en esconderse.

Había tantas cosas que quería saber sobre Harry y realmente quería ayudarlo. Quería saber cómo se había enfrentado el niño aquellos primeros tiempos, sin magia avanzada, con poca información y con tan poco tiempo. Pero también sabía que no era necesario su ayuda para aquellas cosas que ocurrirían. Si Harry lo había hecho bien en el futuro sin él, entonces no creía ser necesario ahora. Pero también sabía que sí el mismo no conocía los futuros próximos eventos, había un 98% de posibilidades de que el futuro no cambiará. Entonces debía involucrarse con Harry para poder salvarlo de su propia destruccion.

Escucho pasos acercarse a él antes de que tuviera a Potter justo frente a su nariz. Potter lucía igual que en sus recuerdos, sin embargo aunque mantenía la apariencia de aquel joven que lo rechazó alguna vez, pero sabía que ese Harry ya no era ese niño.

ᅳ¿esperaste mucho?

ᅳno.

Harry lo miro levemente antes de conjurar una manta y colocarla por encima de sus hombro, cubriéndole del frío de la noche, pero no dijo nada, sólo comenzó a caminar haciéndole un gesto para que lo siguiera, cosa que hizo sin chistar. Ninguno habló en todo el camino.

Reparando el daño. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora