Capítulo once.

2.4K 233 103
                                        

Fiesta de muerte.

Agradeció profundamente ya no ser el buscador de slytherin, porque de esa manera evitó toda la pelea que hubo en el campo temprano en la mañana, aunque está vez no fue tan grave como la primera, cuando había llamado sangre sucia a Granger.

Blaise que se había incorporado al equipo de quidditch, había dicho que la pelea se puso totalmente fuera de control porque Flint y Wood se habían peleado a los puños y luego, Weasley quería golpear con un hechizo a quien sabe quién, y terminó hechizandose a si mismo, algo que no cambio mucho de su primera línea de tiempo.

Mientras todo eso ocurría, Draco había adelantado por completo las tareas de la semana y se había encargado de asistir a cada clase del día. Blaise había vuelto a marcharse por la tarde para participar en otro entrenamiento está vez escrito por parte del equipo. La ausencia de Blaise hizo que su horario de auto-estudio fueran interrumpidos por la presencia de Theo, que aunque no quería desmostrarlo, extrañaba al pegajoso de Blaise.

Pansy y Daphne no había aparecido en los horarios libres desde un buen rato, pero decidió no preocuparse por ellas luego de ver al gato de Millicient con moños paseándose por la sala común. Draco solo agradecía infinitamente tener tanto tiempo libre, el cual provecho investigando como trasladarse de rutas a larga distancia.

Sin embargo no había encontrado una respuesta directa o algún libro que lo ayudarán con su objetivo, sin usar magia negra. La magia negra siempre tenía un precio a pagar, y aunque él estaba dispuesto a hacerlo, sabía que podría ocurrir un evento desafortunado que podría acabar con su vida y la de los demás.

De hecho, la magia negra no era tan peligrosa, era efectiva y estaba prohibida en varios lugares mágicos. Pero es bien conocido que los magos más fuertes han utilizado magia negra para completar varios hechizos, y él, heredero del gran apellido Malfoy y Black, casas antiguas llenos de conocimiento en la magia negra, sabía bien como controlar esa clase de magia.

Cuando su mente se despejó, ya había pasado la hora de la cena. 

Su habitación estaba a oscuras y en silencio, tan desordenada que no parecía s habitación. Con pilas de libros por doquier, como si hubiese sido atrapado en un inesperado remolino. Apartó los libros de su cama, y con un simple movimiento de sus manos, organizó los libros en su librero, dejando rápidamente el suelo y la cama despejados.

Su magia permaneció intacta en el viaje del tiempo. Era equilibrada, pacífica y desbordante, pues había estado almacenando su magia desde que tenía quince años, y no había sido capaz de utilizar ni el 30% de su potencial debido a Voldemort. Y cuando llego a su octavo año, no usaba su magia en absoluto, por lo cual su nivel mágico aún se mantenía a niveles anormalmente altos.

Antes de recibir la marca, su madre y Severus habían estado enseñándole magia no verbal para que así pudiera defenderse de sus enemigos, sin embargo su clase fue severamente cancelada luego de su quinto año. Ahora, con un nivel de magia superior al de un niño de doce años, podía fácilmente utilizar el 10% de su poder y este inmediatamente se renovaría.

Mientras se sumergia en el agua caliente, sus pensamientos lo llevaron a Harry, y todos los recuerdos que estaba decidido a olvidar. Suspiró pensando en cómo les había mentido a todo el mundo. Sus amigos creían que el se había enamorado de Potter en su cuarto año, cuando fue el seleccionado como jugador en el torneo de los tres magos, pero todo comenzó apenas lo conoció.

Era vergonzoso incluso recordar que le había escrito a Harry un poema para San Valentín ese mismo año, pero que por suerte había quemado la noche anterior antes de que los querubines del profesor Lockhart los encontrará.

Reparando el daño. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora