Capítulo 10

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GABRIEL

ERES TÚ

En el autobús suena Franco de Vita, ¿Tu de qué vas? letras que me hacen anhelar tener a mi guitarra conmigo para tocarla. Cantar es para mí como respirar, aún así, si me ponen a elegir entre cantar o mi adorada novia, sin dudar la elegiría a ella. Así de perdido estoy.

Salgo de las melodías que se toman mi cabeza de forma incesante y camino con mi mochila al hombro al trabajo donde el guardia de seguridad me sube la puerta eléctrica del almacén. Una de las desventajas de ser jefe es que tienes que llegar antes que todos, al menos en este trabajo, es una de las razones por la que no vengo con mi amigo Patricio. Abro la segunda puerta de metal pesado con la llave que sólo yo poseo. Entro al almacén dejando mi mochila detrás del escritorio con la que iré luego a la universidad.
Mi rutina la llevo a cabo en lo que las 7 de la mañana alcanzan el día, y los muchachos comienzan a llegar. Digito las entradas pendientes y organizo los nuevos pedidos para cuando se necesiten estén listos.

-Buenos días, Gab- saluda Ziro.
-Buen día- continúa hacia su lugar.
-Buenos días, Gabriel- cada que llegan me saludan y van a lo suyo. Las cosa aquí funcionan como un reloj, mas valiéndome que así siga.
-¿Que dice el padrino de mis hijos?
-Supongo que te comiste mi desayuno- se ríe el descarado.
-No tengo la culpa que debas madrugar para estar aquí. Tu madre lo prepara con mucho cariño para ambos, que te quede claro- le empujo aunque es la verdad, se levanta a las 5 de la mañana a prepararme de desayunar como si tuviera diez y fuera a la escuela todavía. Es mi madre en todo el sentido, y es lo que más amo de ella.
-Buenos días, Jefe- el tono proveniente de esa voz hace que Patricio lo mire de arriba abajo con disgusto.
-A lo tuyo, Paul- nos movemos del lugar y vamos a las columnas de piezas.
-Oye amigo, eres nuestro jefe por algo, tienes poder para cancelarlo. Te lo esta pidiendo a gritos.
Niego.
-No abusaré de mi poder porque me cae mal.
-Tú sabrás, estoy hasta los huevos de decirte que te cuides del tipo- asiento y seguimos trabajando hasta que llega la hora de que salgan a entregar las piezas.
Mando mi mensaje diario con algo de culpabilidad en mí por lo del jueves. Aun no comprendo del todo como paso eso, no olvido lo relacionado con Abi. Ya está, me estoy volviendo loco.

Las horas pasan y las cosas fluyen sin inconvenientes y así me dirijo a la universidad. Ya quiero graduarme para escalar a un puesto de mejor rango y obtener mas dinero que pueda invertir en la música también. Siento que no arranco con eso, me siento atascado. Mi móvil suena en medio de la conversación con mis compañeros.
-Dígame- trato de sonar normal.
-Muñeco-odio que me llame así-. Necesito verte hoy...
-No puedo hoy, sabe muy...
-Lo único que sé es que los viernes tienes presentación, trabajas en el día y en las noches estás libre.
-Para dedicárselo a mi novia y...
-Es una orden- ríe sin gracia-. Soy tu jefa y no es un favor, recuérdalo.
Me cuelga y maldigo por haber aceptado ese dinero que ahora me hace ser su esclavo.
-¿Problemas en el paraíso?- pregunta Camila y los demás me miran raro. Hasta los perdí de vista.
-Es trabajo.
-Me suena a problemas matrimoniales- bromea Julio.
-No lo creo, lo que falta es pegarse uno al otro para volverse uno solo- se burla Chelo.
-Es que me huele que no hablaba con su novia, ¿O me equivoco?- Camila me clava los ojos con la curiosidad en lo más alto.
-Es mi jefa- les cuento breve de la situación laboral con ella.
-Pues trabajo es trabajo amigo, no hay de otra- asiento hacia Martin
-Si, a veces toca hacer cosas que no nos gustan por unos cuantos pesos más-habla Julio.
Soy consiente de eso, aunque hay algo que no me gusta del todo.

Mando un mensaje a Abi poniéndola al tanto, me responde que todo bien y que le avise cuando llegue a casa.
Veo a la señora Emilia Clarke salir de su mansión con su vestido negro ceñido mostrando su curvas pronunciadas y definidas, no quita la vista de mí escaneándome como cada vez que me mira, actúa como si tuviera rayos X en los ojos y fuera a...
-Recógete la baba- destila elegancia y sensualidad. Se monta al abrirle la puerta, antes de cerrarla toma mi mano y se levanta rozando su cuerpo levemente con el mío y recorriendo su perfume de manera inmediata por mi sistema. -.No me abras la puerta- habla cerca de mi boca y me quedo mirando el movimiento de sus labios rojos-... No soy una princesita en apuros que debas socorrer- me observa paseando su mirada por mi cara deteniéndose en mis labios, mordiéndose los suyos. Algo extraño pasa por mi cuerpo y la sonrisa de Abi llega a mi mente.
-Lo tendré en cuenta, señora Clarke- retrocedo tomando mi lugar de piloto.
La llevo a la misma casa de la primera vez, y la reciben del mismo modo. Parecen grandes magnates con su ropas caras y sus comidas extravagantes.
Las mismas salidas, los mismos amigos o no sé qué, la misma rutina por cuatro días hasta que llega el jueves, días donde no pude ver a Abi mas que por videollamadas y la extraño demasiado. No respiro sin su respirar a mi lado.
-Voy contigo a verte cantar, hijo- mi mama me abraza y le correspondo oliendo su cabello, ese aroma dulce que siempre la acompaña.
-Un honor para mí, mamá- salimos de casa y me engancho la guitarra en la espalda mientras esperamos el autobús hablando de lo loco que es Patricio cuando el Mini blanco con rosa de mi honey aparece. Un beso y nos dirige al The Rose bar, donde nos reunimos y mi madre conoce al hombre que hizo posible el estar aquí, otros que aparecen son Cruella y Patricio con las caras mas largas que la misma situación. Se saludan con cinismo y sonríen sinceros a mi madre cuando les habla como si fueran unos pequeños.

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