Capítulo 03.

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Anhela lo prohibido, porque es un paso más cerca a mí. 

...

Como era rutina para la familia de dos integrantes Jennie terminó de agregar algunas cosas a su pobre canasta con migajas de comida. Tiene hasta el medio día libre antes de asistir a su primer trabajo. Esa mañana no era del todo común, así que preparó una pequeña fiesta sorpresa con lo que poseía en casa para ambos, la pelinegra tiene planeado llevar a Taennie a jugar cerca del bosque donde algunas familias  solían reunirse para cualquier clase de evento.

– Vamos bebé. – el pequeño niño aferra con fuerza su polvoso oso de peluche para tomar la manito de su mami.

Jennie le ha dicho al infante que hoy no lo llevaría a la escuela por ser "su dia especial". Aunque Taennie no sabe muy bien a lo que se refiere pero ambos salen sonrientes de la vieja casa.

– Hoy te prepararé un rico emparedado de mermelada ¿te agrada? – la pelinegra ha conseguido un poco de comida "nueva" en la caverna donde trabaja después de un borracho preferir ahogarse en alcohol que notar el platillo que previamente solicitó.

Aunque estuviese mal, Jennie se lo agradeció pues guardó esa pequeña y sencilla comida para el día que estaría  junto a su hijo.

– Sí mami. – saltó emocionado el niño mientras Jennie le sonrió con melancolía.

Madre e hijo seguían su camino por las calles empedradas donde después de pasar la primera cuadra salían a la avenida principal, pero eso no era del todo posible y fácil como comúnmente lo es  ya que un grupo de personas esta amontonada en el pasillo mientras hablan de manera exagerada entre sí. Rodeando específicamente un local donde incluso la policía local trata de controlar la aglomeración pidiendo que se alejaran de la escena del crimen.

– ¿Qué está pasando mami?. – Jennie no supo que responder a su hijo, sin embargo, apretó más su manita mientras pasan a un costado del llanto y murmullos.

El nerviosismo está en todos quienes presencian esa escena sangrienta  y no fue hasta que estuvieron frente al local donde Jennie pudo orientarse. Se trataba de la panadería más famosa del pueblo.

El dueño del local, Sue Hyo, un hombre de cincuenta años siempre se la pasaba alardeando de la fortuna y dicha que poseía. El hombre altanero cada tarde asistía a la caverna donde ella trabaja como camarera para gastarse el dinero del próspero negocio que siempre solía presumir, como si no le importara que alguien malicioso pudiese escucharlo.

Al parecer le llegó la hora al hombre pues con lo poco que ha visto el local parece estar destruido. Como si se tratase de un asalto.

– ¡No, no pueden dejar esto así!. – un grito se escuchó alborotando a la comunidad quien empezó a empujarse entre ellos.

– Ese hombre debe de tener oro escondido en el sótano. Siempre lo decía. –

La de ojos avellana supo que es el momento de alejarse, las personas quienes presenciaban el des fortunio comenzaron a pasar sobre la autoridad sin importar ser arrestados y entrando al local a través de los vidrios rotos.

Todos querían encontrar el oro en la profundidad de la panadería.

– ¿Por qué actúan así esas personas mami?. – ella y Taennie estaban en la esquina de la cuadra presenciando el lado más horrible del humano, la avaricia, Jennie sabía que debían retomar su camino, pero algo en especial llamó su atención.

La repisa de esa panadería tenía intactos pedidos especiales como las tartas de cumpleaños.

¿Sería correcto? Ella nunca robó en su vida y jamás anhelo algo ajeno a pesar de su condición, ni siquiera el oro, es cumpleaños de su hijo y por primera vez quería festejarlo con un lindo pastel.

"Hazlo"

Parece que él viento la incita a ir y aprovechar el momento de revuelta y tomar el pastel que tanto anheló la noche anterior.

"Todo es tuyo Jennie"

Entonces se volteó hacia Taennie, poniéndose de cuclillas para verle directamente a los ojos. 

– Jugaremos algo muy especial. – el niño le miró con sus hermosos ojos abiertos. – Mami necesita que cuentes hasta veinte de manera lenta y no te muevas de aquí. – levantó sus manitas y las colocó en ambos  ojos para evitar que viera

– Mami, no entiendo ete juego.

– Mami regresará con un premio, por favor Taennie sin hacer trampa o no habrá sorpresa. – el niño con emoción se prometió hacer su mejor esfuerzo, en la escuela ya le habían enseñado hasta esa enumeración.

1,2,3,4

El niño cuenta pausadamente mientras la pelinegra se voltea y escabulle por el mismo cristal donde el resto de personas había entrado. Los policías estaban tan ocupados que ni siquiera notaron su presencia.

Buscando entre el mostrador, una gran variedad de postres se dejó ver haciéndola babear

– Mi bebé nunca ha probado el chocolate. – entonces no lo pensó más y tomó el de ese sabor mientras su vista se dirigió al espejo atrás del mostrador. La silueta de un hombre rubio, vestido formalmente le sonrió con una mirada fría y cazadora que le erizó la piel.

Jennie por inercia se volteó pensando que quizás ha sido descubierta por algún feudal, era lo más lógico al verlo vestido con elegantes prendas.

Pero grande fue su sorpresa cuando no encontró a nadie atrás de ella.

¿Está alucinando?

Son respuesta que no puede responder ahora ya que salió corriendo del negocio en busca de su hijo quien seguía en el mismo lugar.

17, 18, 19 y 20

Esa intensa mirada azul se encontró con la avellana de su madre.

– Bien hecho Taennie. – 

INIURIAM | TAENNIEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora