Einherjer

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El silencio seguía inundando el ambiente. Hasta hace unas horas, cualquiera de los Caballeros se habría apresurado para regresar al Santuario, tenían hambre y estaban cansados. Pero ahora, al ver a su compañero de batalla parado frente a ellos, no consiguieron moverse o emitir siquiera un sonido.

Lo que Shun deseaba en ese momento era correr hacia su esposo, abrazarlo muy fuerte y darle un beso apasionado en aquellos hermosos labios; pero no lograba hacer nada, estaba completamente paralizado.

-Caballeros, no es seguro que estemos aquí parados, debemos regresar al Santuario cuanto antes.- declaró Saori al ver que su Santos de Oro parecían haberla ignorado.

-P-pe-pero... Saori-san... Hy-Hyoga... él está... él estaba... ahora... p-por qué...- balbuceó Seiya de Sagitario.

-Lo sé, Seiya. Pero debemos irnos. Les explicaré todo cuando lleguemos.

Athena comenzó a movilizarse, y la mayoría de los Caballeros Dorados también. Pero Shiryu, Seiya, Shun y Hyoga permanecieron ahí, estáticos, mirándose fijamente.

-Deberíamos irnos...- dijo finalmente Shiryu.

-¡¡Shun!!- gritó Ikki al notar que su hermano no iba con ellos.

-Tiene razón, vámonos, hablaremos después con más calma...- explicó Hyoga, mirando fijamente a Shun.

El resto del camino, nadie dijo absolutamente nada.




Una vez en el Santuario, Athena y sus doce Caballeros de Oro se reunieron en el gran salón.
Mientras la Diosa y sus guerreros entraban, Hyoga tomó el brazo de Shun y lo apartó del grupo.

El corazón de Shun comenzó a latir muy fuerte.

"Estoy soñando... e-esto... esto es un sueño... no... no puede ser real..."

Hyoga lo llevó detrás de una columna, para tener un poco de privacidad. Shun seguía actuando un poco perdido y confundido. Acuario se precipitó a besar enérgicamente a su esposo.

Las dudas de Shun se disiparon. Hyoga estaba ahí, era real, verdaderamente su esposo se encontraba frente a él en carne y hueso, podía sentir sus suaves labios sobre los suyos, sus fuertes brazos rodeándolo y sujetándole con fuerza. Lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Virgo.

Hyoga, al escuchar los sollozos de Shun se apartó y lo miró a los ojos. Comenzó a secar sus lágrimas con sus manos, posándolas sobre las rosadas mejillas del Caballero de Virgo. Shun puso su mano sobre la de su esposo.

-Eres tú... realmente eres tú...- sollozó el peliverde.

-Sí любимый.

-P-pero... ¿cómo?

-No lo sé, Saori no me lo dijo. Dijo que explicaría todo cuando llegáramos.

-Lo que importa es que estás aquí...

Shun se aventó hacia Hyoga, abrazándolo y besándolo apasionadamente y rompiendo en llanto por completo.

-¡Te extrañé tanto patito!- exclamó Shun entre llantos.

-Yo también мой милый... yo también...

Ambos permanecieron un momento en silencio. Con sus frentes juntas una con la otra y sus manos entrelazadas, simplemente disfrutando de la presencia del otro.

-Deberíamos entrar... se preguntarán dónde estamos...

Shun asintió, secó sus mejillas y se irguió. Hyoga sonrió y le tomó la mano.




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