Preludio a la guerra

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-¿Te encuentras bien?- Hyoga le extendió la mano a Shun, para ayudarlo a levantarse.

-¿Están todos bien? ¿Siguen vivos?- preguntó Jabu de Escorpio mientras se incorporaba.

-¿Seiya?- Shiryu fue en auxilio de su amigo, quien permanecía en el suelo con la cabaeza baja.

-Saori...san...- murmuró con la voz entrecortada.

-No te preocupes, encontraremos la manera de rescatarla...- le dijo el Santo de Libra, mientras lo ayudaba a ponerse de pie.

-Fue mi culpa...

-No digas eso Seiya...- le interrumpió Shun. -No sabíamos que nos seguirían hasta acá tan pronto. Además... no sólo era tu trabajo protegerla, fallamos todos.

-¿Y ahora que hacemos?- preguntó Geki de Tauro, un tanto preocupado.

-¿Pues cómo que qué? Pues ir por ella. Dios sabe para que la quiere Eris...- respondió frustrado Ikki de Leo.

-Volvamos a Judecca... seguro la llevaron allá...- declaró con seguridad Nachi de Cáncer. Varios Caballeros comenzaron a movilizarse para regresar al Inframundo.

-¡Oigan! Esperen un momento...- Kiki de Aries detuvo a aquellos que ya se estaban retirando. -No podemos simplemente aventarnos a Judecca e ir por Athena-sama. Necesitamos un plan.

-Kiki tiene razón.- concordó Hyoga de Acuario. -Nos enfrentamos dos veces a los Jueces y sus Armaduras Divinas, y en ambas ocasiones fracasamos. Estamos en desventaja...

-Es verdad, sin mencionar que nuestros Cosmos están agotados, y Saori-san no pudo darnos la mejoría que planeaba...- declaró Shiryu de Libra.

-Es inútil... ¿no lo ven?- Sagitario se recargó en un pilar, abatido. -No sabemos para que quiere Eris a Athena, tal vez como núcleo de su Santuario, en ese caso estamos fritos. Además, contra las Armaduras Divinas de los Jueces, no somos nada...

-Habla por ti, Pegaso...- dijo Jabu rápidamente, y un poco ofendido, por las palabras pesimistas de su colega. -¡Por favor! ¡Somos Caballeros Dorados! La élite del ejército de Athena. No puedo creer que piensen que con estas Armaduras Doradas no estamos a la altura de las Armaduras Divinas...

-Ser un Caballero Dorado es muy diferente a ser un Dios, Jabu- interrumpió Paradox con severidad. -¿O ya olvidaste que las Armaduras Divinas son casi Kamuis?

-No es como si fueramos de Bronce...- intentó defender el ex Caballero de Unicornio.

-¿En serio eres tan idiota? ¿Es que no acabas de ver cómo nos derrotaron? No una, ¡sino dos veces!- Ban estaba completamente exasperado.

En ese momento, los gritos e insultos de los Caballeros Dorados comenzaron a llenar la habitación.

-¡Basta!- gritó Shun. -¡Peleando entre nosotros no resolveremos nada!

-Parece que la Diosa de la Discordia sabe hacer muy bien su trabajo...- dijo Kiki, decepcionado del comportamiento que él y sus compañeros habían presentado.

-Necesitamos un arma poderosa, para tener oportunidad contra los Jueces...- continuó Virgo.

-¿Pero qué?- preguntó Seiya. -Jabu lo dijo, somos la élite de los Caballeros de Athena, no hay nada más poderoso después de nosotros, somos todo lo que tenemos...

-No es verdad...- interrumpió Shiryu. -Aún hay una cosa que puede elevar nuestro poder...- todos miraron al Caballero de Libra, confundidos y emocionados por lo que este tenía que decir.

-Las armas de la Armadura de Libra.

-¡Vaya! ¿Por fin te dignarás a sacarlas?- reprochó sarcástico el ex Pegaso, recordando que ya le había sugerido varias veces al ex Dragón que las sacara en la lucha.

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