Adiós

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Una vez que los Caballeros Dorados asimilaron la victoria, comenzaron a hacer el recuento de los daños: todas las bajas eran de Espectros. Los Santos de Plata y Bronce ayudaron a levantar escombros y cuerpos; todo iba genial, hasta que:

-¡Chanclas!- Seiya se llevó la palma de la mano a la frente. -¡Chicos! ¡Hay que ir por Athena!

Sus compañeros hicieron sonidos y expresiones de sorpresa; en la conmoción, también se habían olvidado de su Diosa.

-AAAAAAAARRRRGHHHHH, debe de estar en Judecca. Buena suerte Nachi, ahí nos dices como te fue...- exclamó Jabu, dándole una palmada en la espalda al Caballero de Cáncer.

-Oigan... a todo esto... ¿alguien ha visto a Ikki nii-san?

Los Santos de Oro se vieron entre sí y buscaron en los alrededores al ex Fénix, no había señales de él.

-¿No dijiste que voló, Seiya?- le preguntó Hyoga a Sagitario.

-¡¿QUÉ!?- Virgo puso los ojos como platos, temeroso de la perspectiva de su hermano mayor volando por los cielos.

-¡HEY!- una voz se acercaba al campo donde se había desarrollado la batalla, los Caballeros voltearon para ver de quién se trataba. -¿Nos buscaban?

-¡¡¡NII-SAN!!!- Shun corrió hacia su hermano, qué no venía sólo, traía cargando a la Diosa de la Guerra en su hombro izquierdo.

-¡Oye! ¡Con cuidado pollo!- le reprochó Seiya, al ver la forma en la que llevaba a Saori. -¡La traes como costal de papas!

-Tranquilo Seiya, está inconsciente, no lo notará. Tuvimos que salir rápido, no sabía cuánto tardarían los Espectros o los Jueces en regresar, ni si ganaríamos; perdón si no le di las comodidades esperadas.- le replicó Leo, un tanto molesto, al ex Pegaso, mientras depositaba a la Diosa en los brazos de este.

-¿Cómo llegaste a Judecca?- le preguntó Shiryu.

-Viejos trucos del Fénix- respondió Ikki, con una sonrisa traviesa.








Después de la batalla, y de atender a los heridos y a su Diosa, se dio inicio al festejo de la victoria, uno que se realizó después de la insistencias de Sagitario, pues a su parecer, había sido un triunfo arrasador, digno de ser celebrado.

Así que el Santuario organizó una gran fiesta en el salón principal, al que asistieron Caballeros de todos los rangos, aunque no hubieran tenido participación en el combate; así como Caballeros retirados, entre los que se contaban: Camus y Milo, este último convencido de que la información que les había proporcionado había sido clave para la victoria; Aphrodite y Deathmask, orgullosos padres de Paradox, esta última un tanto avergonzada por la presencia de sus progenitores, y el ex Caballero de Piscis alardeando de las habilidades de su hija, quien a su parecer, había heredado de él; y Shaka, ex Caballero de Virgo, para felicitar de primera mano a su alumno y, porque no, aceptar una que otra congratulación por el maravilloso entrenamiento que le había proporcionado a Shun.

Sirvieron manjares exquisitos, se tocó la mejor música y ciertos Caballeros (Seiya) bebieron más de la cuenta. Todos estaban pasando un buen rato, después de todo, luego de la presión de la batalla, reinaba un sentimiento liberador; todos a excepción de los Caballeros de Acuario y Virgo.

Shun reía y platicaba ocasionalmente con sus compañeros, al igual que Hyoga, pero no podía dejar de pensar que el triunfo significaba la pérdida de su esposo; lucía distraído y constantemente buscaba a Hyoga con la mirada, por si en algún momento se le ocurriera desaparecer; era difícil pasar un buen rato sabiendo que el tiempo se agotaba.

Por su parte, Hyoga intentaba platicar con tantas personas como fuera posible y disfrutar cada segundo de la velada, guardando cada momento en su mente, como último souvenir de la vida antes de volver a morir; no era tarea sencilla, cada vez que intentaba distraerse, sus pensamientos derivaban en Shun, ciertamente lo extrañaría más a él que a cualquier otra persona o experiencia; no sabía cómo ni cuándo sucedería el regreso al más allá, y le aterraba la idea de irse sin poder despedirse de su esposo.

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