*Lo siento si tiene errores ortográficos, espero te guste*
Mateo
Observo a mi alrededor con muy pocas ganas. Últimamente tomo decisiones de las que al final me arrepiento, y haber venido con los chicos a un bar es una de ellas.
Cristóbal, como si fuera el dueño del lugar, se pasea por el bar escogiendo una mesa para nosotros. Finalmente, elige una apartada del escenario, donde supuestamente cantará un grupo de personas. Solo espero no tener que taparme los oídos.
Una señorita de cabello negro se acerca a nuestra mesa para anotar los pedidos. En ese momento, veo a Zaira, mi amiga, entrar con Stive para reunirse con nosotros. No puedo evitar emocionarme al verla, así que me levanto para abrazarla.
—¿Cómo está el mejor amigo del mundo? —pregunta con una risita mientras la rodeo con mis brazos.
—Listo para tomar como si no hubiera un mañana —responde Cristóbal por mí, mientras se mira las uñas.
Stive ríe.
—No te pregunté a ti, pesado.
—¿Y quién está hablando contigo, pesada? Yo estoy hablando con mis amigos imaginarios.
Zaira rueda los ojos, tratando de ocultar una sonrisa.
La conozco bien; sé que está enamorada de Cristóbal. Sin embargo, él no se interesa por ella, ni por ninguna chica, en realidad. Cuando Zaira descubrió aquello, fue en una fiesta hace ya tiempo.
Te lo resumo rápido:
Cristóbal estaba con demasiados tragos de más.
Se subió a una silla y comenzó a bailar.
Me hizo una señal para que me acercara, y lo hice.
Sin aviso, me agarró de la camisa y estampó sus labios contra los míos. Después de eso, gritó:
"¡Ups, salí del clóset!"
A la gente de la fiesta no pareció importarle; siguieron en lo suyo mientras que para nosotros no fue tan novedoso, simplemente seguimos en aquella fiesta. Divirtiéndonos como nunca. Qué recuerdo tan hermoso.
Cuando Zaira se enteró, me confesó que Cristóbal fue la primera persona en romperle el corazón. Sin embargo, me pidió que nunca le dijera nada. "Si él es feliz, yo también", expresó. Ese día quise meterla en una cajita de cristal para protegerla.
—¿Mateo, me estás escuchando? —la voz de Zaira me saca bruscamente de mis pensamientos.
—No.
—Pero mira qué honesto andas.
—Deja el drama, mujer, y ven, siéntate.
Le hago un espacio a mi lado mientras traen nuestras bebidas. Sé que es ilegal que nos sirvan alcohol, pero, como ya dije, Cristóbal parece el dueño del lugar.
Con los tragos en la mesa, comenzamos a conversar. Lo que me gusta de mi grupo de amigos es que todo fluye de manera natural, sin pretensiones. Eso me relaja mucho.
Dejo de prestar atención a la conversación cuando un hombre de unos cuarenta años sube al escenario. Ajusta el micrófono a su altura y habla con entusiasmo:
—¡Buenas noches, mi gente! —El lugar se llena de gritos y aplausos. —Algo que amamos hacer aquí es darles oportunidades a nuevos talentos. Hoy tengo el honor de presentar a una persona que ni se imaginan el gran talento que tiene.
Todos en el bar se callan para escuchar.
—Es la primera vez que está en un escenario, así que, por favor, reciban con un fuerte aplauso a... ¡Aliceeeee!
Al escuchar aquel nombre, dejo mi vaso a medio camino hacia mi boca. Veo cómo una chica que conozco muy bien aparece en el escenario. Está nerviosa, con una guitarra en las manos. Lleva un vestido amarillo ajustado en la cintura y suelto en la falda. Aunque estoy lejos, puedo verla con claridad; ella a mí no.
—Hola —dice Alice con una voz bajita, mirando a su alrededor.
—¿Ella no es nuestra compañera? —pregunta Stive.
—Lo es.
—Es la nueva conquista de Mateo —suelta Cristóbal con picardía.
—¿Nueva conquista? ¿Qué me perdí? —interviene Zaira.
—Nada.
—Mateo, no me mientas.
—Shhh. Quiero escuchar.
Ignoro sus comentarios cuando Alice se sienta en una silla y se acomoda con la guitarra entre las piernas. Coloca un mechón de cabello detrás de su oreja, y aquel gesto me recuerda a esta mañana cuando estuvimos tan cerca.
Pese a la distancia que tenemos, puedo observarla con demasiada claridad y cada movimiento no pasa desapercibido para mí. Por un momento me siento atraído, como las demás personas del lugar, en su presencia tan dulce.
Ella suspira, mirando por última vez a su público antes de empezar a tocar.
—No puede ser, es una canción de LP —susurra Zaira, pero no le presto atención.
La voz de Alice llena el bar:
"Hold on, I know you're scared
But you're so close to heaven..."
Mi cuerpo reacciona a la increíble voz, sintiéndome como un pequeño emocionado cuando lo sacan a pasear al parque. Sé que no es la mejor comparación del mundo, pero así me siento ahora mismo. Un niño.
Un niño feliz.
Un niño cautivado.
"Up high in the middle of nowhere
Don't know but you know when you get there..."
Cuando termina de cantar, siento que estoy aterrizando de nuevo. Su voz me ha transmitido tanto que apenas puedo procesarlo. Todo el bar queda en silencio unos segundos, hasta que estalla en aplausos.
—Gracias —dice ella con esa dulce voz, antes de salir rápidamente del escenario.
Me levanto, decidido en ir a buscarla. Los minutos que pasan hasta que la veo salir se me hacen eternos, poniendo mis nervios en punta ante la perspectiva de verla de nuevo. Sin embargo, cualquier emoción positiva se desvanece al verla con los ojos llorosos y abrazada a Ian mientras que ella se seca las lágrimas con desesperación.
Sin poder evitarlo avanzo hacia ella, quizá con demasiadas ganas de saber el por qué de esas lágrimas en estos momentos, después de haber logrado un show demasiado bueno. Quedando a un paso de distancia con ella, observo por el rabillo del ojo que otra persona comienza a cantar, pero para mí el bar se ha sumido en un silencioso vacío en donde solo existimos ella y yo.
—Mateo...
—Alice...
*
Primero que nada, gracias por estar aquí.
Segundo: Arriba les dejé la canción que cantó Alice, espero les guste.
Tercero: Son sumamente increíbles, jamás lo duden.
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LA APUESTA
Подростковая литератураMateo lo quiere todo hasta a ella. O al menos, eso él quiere que ella crea. Alice no lo quiere todo, pero sí a él. Sin darse cuenta le entrega todo a la persona incorrecta, dándole permiso a destruirla cuando menos lo espera. La cuestión es que, e...
