Capítulo VII

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*Lo siento si tiene errores ortográficos, espero te guste.

Alice

Sigo sin poder elegir qué película ver en Netflix. Tengo muchas ganas de ver una de terror, pero estoy mil por ciento segura de que Ian me mataría si escojo una de esas. Aunque, ahora que lo pienso, asustar a mi mejor amigo es mi deber.

Sin nada más que pensar, con el control remoto me dirijo a la categoría de terror, mientras siento cómo a mi lado el sillón es ocupado por mi padre.

—¿Ya sabes qué vamos a ver? —pregunta, llevándose cancha a la boca.

—Por supuesto.

Mentira, aún no escojo la película en específico, pero tengo dos opciones que nunca fallan: Camino hacia el terror o Viernes 13. Mis dos películas favoritas del universo, jamás nadie les va a ganar a estos asesinos.

—¿Cómo te va en el instituto? —vuelve a hablar Iván. —¡Ian! ¡Apúrate!

—Bien, nada nuevo, a decir verdad.

—¿No estás nerviosa? Es tu último año.

—No, si te soy sincera... —me encojo de hombros, desviando un poco la vista—. Estoy emocionada. Claro, me da mucha pena dejar el instituto, pero son etapas que sé que tengo que pasar. Además, mamá siempre quiso que no tuviera miedo de cerrar los ciclos.

—Y tu madre siempre tenía la razón.

Asiento, mordiendo mi labio inferior con un poco de tristeza. A pesar de la confianza que tengo con mi padre, algunas veces se me hace complicado hablar de ciertos temas con él. Especialmente de mamá.

Ella ya lleva cinco años de fallecida y, bueno, está de más decir que la extraño. Mucho. Demasiado. Sin embargo, trato de sobrellevarlo, por mí, por papá. Tan solo lo tengo a él y, honestamente, al principio fue difícil, ya que a mí me tocó ser la fuerte, porque si no, este hogar se habría caído.

—Sé que ella estuvo muy feliz al verme cantar en el bar —menciono, eligiendo por fin la película: Viernes 13.

—¡No vean la peli sin mí! —grita Ian desde la cocina, Dios sabe haciendo qué.

—¡Hijo, rápido! —Papá me agarra de la mano, llevándola a sus labios para darle un suave beso—. Lo siento por no haber estado ahí para verte cantar, Gigi.

—No te preocupes. Estoy segura de que Ian ha grabado todo —Iván no pudo ir a verme esa noche porque hubo un problema en su trabajo—. Cierto, ¿todo bien en el hotel?

Papá ladea la cabeza, soltando mi mano con cuidado.

—Eso espero. Hubo un problema con la contabilidad, pero se pudo solucionar. Igual, no es fácil llevar una cadena de hoteles por el mundo solo. Era más fácil cuando estaba tu madre —aunque él me esquiva la mirada, sé que hay tristeza en ella.

—Por favor, no te pongas mal. No quiero verte así.

—Tranquila, Gigi. Te tengo a ti y eso es lo importante.

Intento decir algo, pero me veo interrumpida por algunos pasos que se acercan a nosotros.

—Ya llegó su hijo favorito —veo de reojo cómo Ian se tira en el sillón individual con una caja de pizza en las manos—. ¿Qué vamos a ver?

Viernes 13.

Soy una gran espectadora cuando mi mejor amigo detiene su proceso de querer comer. El chico de cabello castaño, con los ojos muy abiertos, niega con la cabeza consecutivamente.

—Alice, no. Sabes que no me gusta.

—Pero si es una película hermosa.

—¡Claro! ¿Quieres que me cague del susto? —Ian deja la pizza en la mesa de centro—. Iván, dile.

—Lo siento, hijo. Hoy a ella le toca elegir.

—Pero...

—Recuerda que la última vez nos hiciste ver una película romántica.

—¡Es que esas son preciosas!

—Y esta también, así que calla y veamos —antes de que él pueda decir algo más, le doy a reproducir, no sin antes compartir una mirada cómplice con mi padre.

Aproximadamente llevamos unos treinta minutos desde que empezamos, y no está nada mal. A ver, para el tiempo en que fue creada, es un gran logro. Aparte, no hay mejor asesino que Jason Voorhees.

Me divierte notar cómo Ian comienza a gritar:

No te metas ahí, estúpida.

Sal, sal.

La matan, Alice.

Sonrío como estúpida al presenciar las mejores reacciones del mundo. Estoy a punto de decir algo cuando, de repente, el timbre de la puerta principal empieza a sonar, captando la atención de los hombres que me acompañan en esta precisa noche.

—Ahora vuelvo, veré quién es —me levanto del sofá con toda la intención de abrir la puerta, pero me veo interrumpida por un muy aterrado Ian.

—Ali, no vayas.

No puedo evitar soltar una carcajada.

—Prometo defenderme, tranquilo.

Ignorando sus súplicas para que no me acerque a la puerta, camino en dirección a ella. Al abrir, casi se me sale el corazón del pecho, y no sé si hubiera preferido ver a Jason que a la persona que está delante de mí con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Interrumpo algo? —es lo primero que dice, mirándome sin ningún tipo de vergüenza.

—Creo que te comenté que tenía noche de películas con mi familia. Además, pensé que estabas enojado conmigo.

—Me comporté como un idiota. Lo siento —resopla un poco, mientras intenta peinar su desordenado cabello blanco—. ¿Te gustaría un tercer acompañante?

—Claro —suelto sin darme cuenta—. Digo, no. Por supuesto que no.

Mateo ríe por lo bajo, rascándose la punta de la nariz con su pulgar.

—Me iré si me lo pides.

¿Por qué rayos no quiero que se vaya?

—¿Tú qué quisieras? —pregunto con un hilo de voz, al sentirme tan intimidada con su potente mirada.

—Creo que eso es muy claro, por algo estoy aquí.

—No soy muy buena descifrando cosas, prefiero que seas más claro.

—Me quiero quedar contigo, Alice.








*

Espero que les haya gustado el cap.

Me gustaría saber si les está gustando la historia, bueno lo que va de ella.

Gracias por estar aquí.

LA APUESTAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora