*Lo siento si tiene errores ortográficos, espero te guste*
Alice
Papá me sigue mirando con los ojos muy chinitos. Usualmente achica los ojos cuando ríe o cuando intenta descubrir algo. La cuestión aquí es que no sé qué intenta descubrir.
Rodeo la barra de la cocina, tomando asiento en una de las sillas, mientras sigo expuesta a la muy curiosa mirada de mi padre. Me cruzo de brazos porque sé que esto va a llevar tiempo.
—Si me quieres preguntar algo, no te quedes callado.
Iván, mi padre, sonríe.
—Así que Mateo.
—Es mi compañero de clase, papá. No pienses tonterías.
—Eso suena interesante.
—No, no es interesante. Tienes que dejar de pensar que estaré con el primer chico que conozca.
—Eres una chica maravillosa. No entiendo por...
—Aún no es el momento, padre —lo interrumpo porque ya sé lo que dirá.
Iván, muy decidido a no darle final a nuestra conversación, se quita el terno que tiene puesto mientras me encara, poniéndose delante de mí. Lo único que nos separa es la barra de la cocina, lo cual no es suficiente para detener el interrogatorio que estoy por tener.
—Se ve que es un buen chico, Gigi —ruedo los ojos por la manera en que me llama. Mi madre solía hacerlo, y, bueno, lo admito, me gusta, pero no quiero que él lo sepa.
—Ni lo conoces.
Papá ignora ese pequeño detalle, encogiéndose de hombros.
—Jamás has traído a un chico a casa.
—Yo no lo traje; él solo se invitó.
Iván me sonríe con dulzura, con toda la intención de acercarse y estar frente a mí. Cuando lo hace, eleva su mano a mi mejilla derecha para acariciarla con su pulgar. Definitivamente nunca me cansaré de este pequeño detalle que tiene conmigo.
—Me alegra que estés conociendo a más personas, Gigi —intento decir algo, pero no puedo, ya que mi padre me ha dado un beso en la frente, saliendo de la cocina a pasos apresurados poco después, dejándome más confundida de lo que estaba.
*
—¿De verdad, Ian? —pregunto emocionada, pero muy emocionada, captando la atención de toda la clase.
La maestra se voltea hacia nosotros con cara de m-------------uy pocos amigos, mientras repite que guardemos silencio. Tanto Ian como yo asentimos con la cabeza, para que luego, cuando la profesora se gire de nuevo hacia la pizarra, sigamos con nuestra conversación.
—Nos sacarán de clase si vuelves a gritar —susurra Ian a mi lado. Por primera vez en mi vida estoy agradecida de sentarme en las últimas filas.
—Lo siento, es que... mierda, no lo creo.
—Tienes que ir a las siete.
—¿Irás conmigo, cierto?
—Me ofende que lo preguntes.
Me tapo la boca con ambas manos para no dejar escapar otro grito de felicidad. Resulta que Ian, el mejor amigo del mundo, me ha conseguido un lugar donde podré cantar. Estoy muy nerviosa, eso está más que claro, pero nada se compara con la felicidad que estoy sintiendo en estos momentos.
Cantaré delante de personas.
Mierda.
Mierda.
De solo imaginarlo se me pone la piel chinita. Ya quiero salir corriendo para casa e ir preparando todo para hoy. Con todas las emociones positivas a flor de piel, suelto un gran grito de felicidad, volviendo a captar la atención de todos.
Especialmente de mi maestra, que en este instante está fulminándome con la mirada y hablando muy claro cuando me pide que me retire de su aula. Sin mucho más por hacer, agarro mis cosas y salgo, no sin antes sonreírle a Ian, porque de verdad estoy emocionada.
Sin saber muy bien a dónde ir, dejo que mis pies me guíen. Por supuesto que no podré salir a las gradas porque este sol me mataría con tan solo intentarlo. Por ende, opto por la cafetería, que al momento de llegar está casi vacía.
Mirando a mi alrededor, decido entrar a Instagram un momento. Los dedos de mis manos son más inteligentes que yo, ya que en un dos por tres me veo en el perfil de Mateo. No tiene muchas fotos, pero las que tiene son suficientes para que cualquier chica se enamore.
Agrandando una foto en particular, donde solo sale su rostro, observo esos ojos grises tan peculiares para mí. Estoy tan concentrada en ello que no me percato, al menos no en ese momento, de que alguien está detrás de mí, respirando muy cerca de mi nuca.
—Si quieres una foto, puedes pedírmela. Serían solo exclusivas para ti —una voz masculina se escucha muy cerca de mi oído, sobresaltándome y haciendo que casi, casi, tire el celular del susto.
—No quiero...
—¿No quieres qué? —pregunta Mateo, sentándose a mi lado, muy cerca. Demasiado cerca para mi gusto.
—No quiero nada tuyo.
—Todos quieren algo mío —dice muy seguro de sí mismo.
Pongo los ojos en blanco. Qué hombre tan creído.
—Yo no soy todos.
Mateo se acerca más, a tal punto que nuestras piernas se rozan en el intento. Estoy tan perdida en el color de sus ojos que no me doy cuenta cuando él coloca un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
—Tenlo por seguro que eso ya lo sé, Alice —él poco a poco corta la distancia entre nuestras caras. Justo en el momento en que nuestros labios están por tocarse, se detiene, sonriendo en el proceso.
Trago grueso.
—Tienes unos ojos muy bonitos.
No soy capaz de responder. Tan solo me permito mirarlo, al igual que él a mí. Mateo baja la mirada a mis labios para luego volverla a subir a mis ojos. Repite la acción dos veces más, hasta que por fin decide besarme, pero no en la boca, sino en la mejilla, como la última vez en mi casa.
La cuestión aquí es que esta vez dura más de lo esperado.
—Eres muy hermosa, Alice —dice cuando se aparta y se aleja a una distancia prudente.
—No lograrás nada con cumplidos, Mateo.
—Tan solo digo lo que veo.
—Es que aquí hay un detalle.
Mateo enarca una ceja, confundido y a la vez divertido.
—¿Cuál?
—Que me importa muy poco lo que digas.
Mateo se rasca la punta de la nariz con el pulgar para luego volver a sonreír. Lo ignoro completamente, levantándome muy decidida para irme, pero todas mis acciones se ven interrumpidas cuando él se levanta a mi paso y me sujeta de la cintura, apegándome a su cuerpo.
—No sabes lo emocionado que estoy con esto —la campana suena indicando el receso. Él me guiña un ojo y se marcha, no sin antes besarme nuevamente en la mejilla. Mientras el chico de cabello peculiar me da la espalda, permito soltar todo el aire que estaba aguantando.
Y sin poder evitarlo, sonrío, sin dejar de pensar que estoy deseando volverlo a ver.
*
Hola, de todo corazón espero que estén teniendo un buen inicio de semana.
Espero y les esté gustando la historia, tanto como a mí escribirla.
Muchas gracias por estar aquí.
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LA APUESTA
TienerfictieMateo lo quiere todo hasta a ella. O al menos, eso él quiere que ella crea. Alice no lo quiere todo, pero sí a él. Sin darse cuenta le entrega todo a la persona incorrecta, dándole permiso a destruirla cuando menos lo espera. La cuestión es que, e...
