*Lo siento si tiene errores ortográficos, espero te guste*
Mateo
No puedo pasar por alto la gran sorpresa que expresa Alice por esa pequeña e insignificante frase. Sus grandes ojos se abren de una manera un poco rara, pero que, de una u otra forma, la hace ver tierna.
Soy muy consciente de que no tengo un prototipo de chica. Ahora que lo pienso, justo en este instante, tengo el presentimiento de que, si hubiera conocido a Alice en otras circunstancias, quizás me hubiera...
—Aún no lo creo —rompe el hilo de mis pensamientos. Noto cómo juega con sus manos sin reparo. Es algo que hace con mucha constancia, no solo conmigo, sino también con los demás.
—¿No crees qué?
—Tú. Aquí. Conmigo.
Siento una punzada de remordimiento al oírla. Si ella tan solo supiera las razones que me trajeron aquí, estoy seguro de que me odiaría toda la vida. Porque yo no busco enamorarme de ella.
Soy consciente de que lo que hago está mal, y eso me hace más mierda de lo que ya soy. Y aunque lo sé, no soy capaz de dar marcha atrás.
Muy egoísta de tu parte.
Ya sé.
—Entonces, ¿puedo ser un tercer acompañante? —Alice tuerce los labios sin darse cuenta mientras se mantiene en un profundo silencio—. No lo tomes a mal, pero me estoy muriendo de frío.
—Pasa.
Al tener su permiso, entro en la enorme casa. Bueno, era de esperarse, teniendo en cuenta que vive en uno de los mejores condominios del lugar. La primera vez que estuve aquí no pude apreciar nada, pues estaba un poquito ocupado con la dueña.
Sin embargo, ahora que miro todo con atención, noto que hay un corto pero ancho pasillo que lleva a dos espacios de la gran casa, uno frente al otro, con la escalera al segundo piso en medio.
Uno de los espacios es un enorme comedor, al contrario del otro, que es la sala, donde justo puedo ver a Ian comiendo pizza con toda la atención puesta en la película que se reproduce en la televisión.
—Por aquí —indica Alice, captando la atención de su mejor amigo.
—¡Mateo!
—Ese soy yo.
—¿Alice también te invitó para torturarte con las películas de terror?
—Al parecer —sigo a la chica de cabello corto hasta sentarme a su lado en el sillón más grande de la sala.
—¡Mentira! ¡Yo no lo invité! —dice, sonrojándose.
—¿A quién no invitaste? —escucho una voz masculina tras de mí, sobresaltándome por completo. No es difícil descifrar a quién pertenece, pues ya he compartido algunas palabras con Iván.
—A Mateo, papá.
Giro la cabeza para saludar al hombre que ahora viste un pijama de conjunto verde oscuro con cuadros negros, muy diferente a lo que llevaba la última vez que lo ví.
—Qué sorpresa, Mateo —me da una palmada en el hombro, nada agresiva.
—Buenas noches, señor Iván.
—Solo Iván, hijo. Me haces sentir viejo.
—Es que eres viejo —suelta Ian, mirando toda la situación.
El señor Iván rueda los ojos, divertido.
—¿Te quedas a cenar, Mateo?
Podría decir que sí de inmediato, pero no quiero incomodar. Me giro hacia Alice en busca de alguna señal, pues lo último que quiero es que se sienta presionada a tenerme aquí más tiempo de lo necesario.
Para mi sorpresa, ella me dedica una sonrisa y se encoge de hombros. Arrugo el ceño, intentando captar algo.
—Puedes quedarte. Si quieres, claro —agrega rápidamente, desviando la mirada a la película.
Después de aceptar la cena, Iván nos deja en la sala mientras él se encamina a preparar la comida prometida. El tiempo pasa sin más. La verdad, no soy fan de las películas. No me gustan, tampoco las series. No es lo mío, pero debo admitir que esta en particular no está tan mal como esperaba.
Cuando le susurré a Alice que jamás había visto una película de Viernes 13, casi me saca de su casa a patadas. Bueno, no tan así, pero sí se ofendió mucho y dramatizó demasiado.
En el momento en que aparecen los créditos, oigo cómo Iván nos llama a los tres para ir al comedor, y así lo hacemos. No puedo evitar sorprenderme al ver la mesa circular, ordenada cuidadosamente, con una fuente de lasaña en el centro, cuatro platos en sus respectivos lugares, cubiertos, vasos y una jarra de jugo.
—Bueno, tuve que hacer algo rápido. Espero que les guste —menciona Iván cuando ya estamos en nuestras sillas. No sé si es planeado, pero estoy al lado de Alice.
—¡Madre mía! —escucho a Ian saborear su comida—. Eres un genio en la cocina.
—Lo es. Mi padre es el mejor cocinero del mundo —asegura Alice.
Todos me miran esperando algo de mi parte. Capto rápido la señal y, sin pensarlo mucho, me llevo un poco de comida a la boca. Podría decir que está rica solo para no hacer sentir mal a Iván, pero ¡joder! Esto está delicioso.
—Está muy bueno. Estoy seguro de que mi madre se sentiría traicionada, pero esto es lo mejor que he probado en años.
—Gracias, hijo.
Asiento con la cabeza.
Es un poco raro que me llame así, pero me hace sentir bien. No puedo negar la buena vibra que transmite el señor Iván. Otra punzada de remordimiento me hace cuestionar lo que estoy haciendo.
—Ay, Iván. Esto no debería ser así —Alice, su padre y yo dirigimos nuestras miradas a Ian sin comprender lo que trata de decir.
—Háblame en español, que no entiendo.
—Es que tú tienes que comportarte como un papá celoso, no dejarle el camino fácil a este muchacho. ¿A que sí, Mati?
Iván ríe.
—Supongo —me encojo de hombros.
—No necesito ser un papá celoso. Confío en las decisiones de Alice. Sé que ella no le entregaría su corazón a cualquier muchacho.
—¡Por Dios! Mateo es solo mi amigo, par de metiches —dice Alice, y noto cómo sus mejillas comienzan a enrojecer.
—Bueno, yo solo digo, Gigi.
Y otra punzada de remordimiento me deja cuestionándome algunas cositas.
Doble actualización, sigue leyendo, espero te guste <3
ESTÁS LEYENDO
LA APUESTA
Novela JuvenilMateo lo quiere todo hasta a ella. O al menos, eso él quiere que ella crea. Alice no lo quiere todo, pero sí a él. Sin darse cuenta le entrega todo a la persona incorrecta, dándole permiso a destruirla cuando menos lo espera. La cuestión es que, e...
