Capítulo V

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*Lo siento si tiene errores ortográficos, espero te guste*

Capítulo V

Alice

Hay muchas cosas que detesto, y una de ellas es que me vean llorando. La mala noticia es que Mateo tiene los ojos fijos en mí, lo que me hace sentir una vergüenza terrible con la cara toda llorosa.

Por instinto, me acerco más a Ian, pero gran error, porque Mateo arquea una ceja al ver mi reacción. Intento ignorarlo y marcharme, pero no, en la vida nada es fácil. Lo confirmo cuando trato de esquivar al chico de ojos grises.

Spoiler: No funciona.

Justo al pasar junto a él, Mateo me sujeta del brazo, deteniéndome. Estoy segura de que ahora tengo una cara de desconcierto fabulosa.

—¿Estás huyendo de mí, Alice? —pregunta, alzando la voz para hacerse oír por encima de la música en la tarima.

—No.

—Entonces, ¿por qué te vas?

Sigue sosteniendo mi brazo, y la situación empieza a volverse incómoda.

—Tengo una cena con mi padre —miento rápidamente. Mi padre ni siquiera está en casa.

—No tienes que mentir.

—Ella no está mintiendo —interviene Ian a mi lado.

—Creo que ella puede hablar sola —replica Mateo, tajante.

Me siento como una pobre presa en medio de estos dos hombres, que con su altura y presencia imponen autoridad. Ahora imagina a una chica de metro sesenta atrapada entre ellos. Un auténtico chiste.

—Pero miren a quién trajo la noche —un chico que conozco muy bien se acerca a nosotros. Su cabello rojizo cae desordenado sobre su frente mientras camina. —Mucho gusto, soy Cristóbal.

Miro de reojo a Ian, que baja toda su guardia en un dos por tres. Bien, mi amigo ha encontrado una nueva presa. No está mal: Cristóbal es guapo, y sus ojos color caramelo le suman muchos puntos. Y al parecer ya enamoró a Ian sin problema.

—Soy Ian —responde este con picardía. Mateo, al ver la escena, me lanza una mirada inquisitiva, buscando alguna respuesta.

—Ian, qué nombre tan interesante —le sigue el juego Cristóbal. —Mati, ¿por qué no invitas a nuestros amigos a la mesa?

—Alice se quiere ir.

—No puedes negarme unos tragos, preciosa.

—Es que... tengo una...

—No tiene nada. Nos quedamos —interviene Ian. Lo miro, indignada. Ha preferido quedarse con un chico antes que seguirme la mentira. La traición.

Poco después me encuentro sentada entre Zaira, una chica alegre y simpática, y Mateo. Si te preguntas por Ian, está feliz charlando con Stive y Cristóbal.

En el tiempo que he compartido con ellos, he descubierto varias cosas:

Primero, Zaira es amiga de Mateo y Cristóbal desde hace mucho tiempo, como hermanos. Sin embargo, cada vez que Ian y Cristóbal se acercan demasiado, Zaira baja la cabeza con tristeza. ¿Acaso...? Mejor dejo de inventar historias en mi cabeza.

Segundo, Stive es el más callado del grupo. Discreto, misterioso, y su sonrisa... ¡oh, esa sonrisa! Dulce, pero con un toque sexy. Difícil de explicar.

Mis pensamientos se evaporan cuando siento el brazo de Mateo rozar mis hombros. Por un momento pienso que me va a abrazar, pero no: solo lo apoya en el respaldo de mi silla. Qué decepción.

—Avísame cuando quieras irte —susurra cerca de mi oído.

—¿Tú ya te quieres ir?

—Solo si tú lo deseas.

—¿Podemos quedarnos un ratito? —pregunto con cierta duda, observando a los chicos, que siguen disfrutando de la noche.

—No tienes que preguntarme, Alice. Podemos quedarnos el tiempo que quieras.

Seguimos charlando sobre cosas sin importancia. Todo fluye de manera natural y es muy entretenido verme en esta situación tan poco común en mi vida. No suelo relacionarme con muchas personas, y la verdad es que no lo hago, porque prefiero siempre evitarme de problemas.

—¿Y tú, Alice? —pregunta Zaira, mirándome con interés.

—¿Yo qué?

—¿Cómo conociste a nuestro gran imbécil, Mateo?

No sé qué responder, así que miro a Mateo en busca de ayuda. Pero él parece concentrado en Cristóbal. Ambos intercambian una mirada difícil de descifrar. Por un instante, me siento incómoda. Tengo la sensación de que yo tengo algo que ver en ese cruce de miradas, pero ese pensamiento desaparece tan rápido de mi cabeza al ser consciente de que sería poco probable que se tratase de mí.

Cristóbal carraspea, nervioso.

—En el instituto —responde Mateo finalmente. —Nos conocimos en el instituto.

—Nunca te había visto, Alice —comenta Zaira. Su tono no tiene mala intención; su curiosidad parece genuina.

—Suelo pasar desapercibida.

—No ante mis ojos —susurra Mateo.

—Yo creo que sí. Hemos estudiado juntos por mucho tiempo, y recién ahora hablamos.

—Eso no quiere decir que no me interesaras desde antes.

Me quedo inmóvil, incapaz de responder. ¿Acaba de decir que sabía de mi existencia desde hace tiempo? Esto no puede ser real. Una parte de mí se niega aceptar esa realidad y mi instinto me aconseja que vaya más lento con las emociones, pero como siempre, lo ignoro.

—Ya me voy —una silla se arrastra ruidosamente.

Por encima del hombro de Mateo veo a Stive despedirse. Antes de salir, nuestras miradas se cruzan, y él me regala una de esas sonrisas que desarman. Se la devuelvo por cortesía.

*

—Fue un gusto conocerte, Ali. ¿Te puedo llamar así? —pregunta Zaira cuando ya estamos fuera del bar.

—No hay problema.

—Te veo mañana, linda.

Sin previo aviso, me abraza con mucha emoción. Qué linda, al menos le caí bien. Mateo se acerca poco después, seguido de Ian y Cristóbal.

—¿Por qué llorabas? —pregunta Mateo, directo.

—Por los nervios.

—No me mientas.

—No lo hago.

El silencio que sigue no es incómodo. Es un momento tranquilo, donde no hace falta decir nada.

—Te puedo llevar a casa. ¿Quieres?

—No... vine con Ian, y me voy con él. Regla de por vida.

Mateo se rasca la nariz con el pulgar y sonríe.

—Mañana te paso a buscar, ¿bien?

Sin darme tiempo a responder, acorta la distancia entre nosotros, me toma de la cintura y deja un beso en mi frente antes de alejarse con Cristóbal.

—Me acabo de enamorar —comenta Ian.

—¿De verdad? Ni enterada —finjo sorpresa.

—Vamos, futura novia de Mateo.

—Vamos, futuro novio de Cris.







*

Espero que tengan un buen fin de semana. Les deseo lo mejor.

También espero que les haya gustado el cap. 

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