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De repente noté unos brazos rodearme y llevarme a quién sabe dónde. Seguro era el idiota llevándome a la cosa esa.

-¡Suéltame! ¡No pienso subir a esa cosa! -dije removiéndome en sus brazos -¡Me cago en tu existencia! ¡Que me sueltes!

-Las princesitas no usan esas palabras -concluyó dejándome en la moto. Noté como se posicionaba detrás de mí.

-No pienso conducir -dije mirándolo incrédula. Él se limitó a darle la vuelta a mi cara con el pulgar y a agarrar el manillar de la moto desde atrás, rodeándome con sus brazos. Estaba acorralada.

El camino hacia la escuela no fue tan malo como esperaba, la sensación del aire chocar contra mi cara era relajador, pero no dejaba de pensar en que podía volverse a repetir lo de aquella noche.

Lo realmente malo fue cuando la moto entró al estacionamiento de la escuela. Todas las miradas se dirigían a nosotros. Y yo no sabia por qué, supongo que sería por el hecho de llegar a mitad de curso o por mi preciosa camisa de piñas.

-¿Por qué nos miran todos?-pregunté un poco nerviosa al bajar de la moto.

-Princesita, estas al lado del chico más deseado de toda la escuela. -dijo con arrogancia.

-Deja de llamarme princesita - bufé en tono molesto- Y, ¿tú?, ¿El chico mas deseado de la escuela ?- dije en tono de burla. Eso no se lo creía nadie.

Él se agachó hasta quedar a mi altura y susurró en mi oído:

-Ahora mismo eres la chica mas envidiada de toda la escuela, princesita-dijo en tono grave rozando mi oreja con sus labios, acto que me hizo estremecer. Le propiné un golpe en la cabeza antes de que se pusiera del todo derecho. Sonrió ante mi acto de niña pequeña y entramos por las grandes puertas de la enorme escuela. Me paré en seco al darme cuenta de la cantidad de gente que caminaba por los largos pasillos, tenía que ir a dirección y no sabía como llegar.

-Idiota, como buen asistente me guías a dirección para recoger mis horarios.-le dije a mi asistente, el que estaba parado a mi lado mirándome con esa sonrisa tan perfecta...

Mierda, Eider, deja de pensar en gilipolleces.

Me reprochó la asquerosa bocecilla de mi cabeza.

-Claro princesita, ven sígueme -dijo él y empezó a caminar hacia lo que suponía era dirección. Una vez llegamos yo entré dejándolo solo en la puerta.

Una señora rubia con un perfecto moño y unos labios de un rojo muy potente me guió hacia una puerta. Ella picó y después de oir un "pase" me abrió la puerta con una sonrisa y me dejó pasar a esa gran sala blanca con muebles oscuros, para entrar después de mí.

-Buenos días director, ella es Eider James y venía a buscar su horario -dijo la rubia bien recta, mostrándose muy formal y educada.

-Gracias, siéntese Eider -me dijo señalando una silla delante de él -Váyase -espetó serio mirando hacia la amable rubia.

Me caía bien este director. La rubia no dudó un segundo y se fue a la velocidad de la luz. Y ahí estaba, delante de un señor de unos casi 40 años, mirándolo a sus ojos café. Su pelo oscuro dejaba ver alguna que otra cana, pero a él no parecía importarle.

-Bienvenida Eider -dijo poniendo ambas manos sobre el escritorio-. Espero y no seas una mala estudianta y problemática a la que debamos expulsar -yo negué con la cabeza. Me metería en problemas pero no serían tan graves-. Bien, aquí tienes tu horario -me tendió una hoja totalmente plana, sin una arruga-, las normas son como las de todas las escuelas así que no gastaré saliva explicándotelas. Ve a tu clase, están por empezar.

Dicho esto me levanté y salí de ahí sin despedirme ni dar gracias ni nada.

El idiota todavía seguía fuera esperando, hecho que agradecí.

-¿Qué clase tienes? -me preguntó y miré mi papel.

-Historia -lo miré y empezó a caminar.

-Vamos, a mi también me toca. Te acompañaré.

Cuando llegamos a la clase todos empezaron a cuchichear y me dieron ganas de partirle la boca a todos y cada uno de ellos. Nos sentamos al final de todo, cerca de la ventana. En cuestión de segundos una señora pelirroja con gafas entró haciendo que todas las voces cesaran. Supuse que era la maestra. Su vista se dirigió a mí y luego al idiota.

-Collins, póngase en primera fila, en este de aquí -dijo la pelirroja señalando una mesa con una silla vacía.

Él se levantó frustrado y se sentó a regañadientes. Genial, sola en mi primer día.

-Bien clase, les comunico que... -fue interrumpida por el sonido de la puerta de la cual entró una chica morena.

Bien, se ve que no estaré sola al fin y al cabo...

My AssistantDonde viven las historias. Descúbrelo ahora