Capítulo I.

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Todos estamos de acuerdo en algo.

Ser la segunda opción de alguien constantemente, se vuelve cansado y tedioso. Duele como el infierno, duele más cuando creíste que nunca lo fuiste hasta que llega esa persona. Esa persona que quisieras odiar con todas tus fuerzas porque su llegada arruinó todos los planes que hicieron juntos pero resulta que en esos planes nunca estuviste tú. Nunca estuviste involucrada, nunca te amó. Para colmo, esa persona no solo es especial para él, si no que también lo es para todos.

Todos la aman porque es la protagonista de este cuento, porque es graciosa, simpática, empática, amable y sobre todo más hermosa que tú. ¿Qué importa si te hizo daño que te alejara de él? Sí la haces sentir mal, estás jodido. Porque, es decir, ¿Se merece eso? ¡No! Si te sientes mal, es tú culpa y solo tuya.

De todos modos no soy quién para quejarme, si solo soy otro personaje, alguien que de una u otra forma consigue obtener un rol en la historia para satisfacer las necesidades de nuestra protagonista. Todas las decisiones que tomas deben ser para que ella brille, porque ¿Tú? Tú no eres nada ni nadie.

— ¡Vázquez! —gritó, sacándome el auricular de la oreja.

Le miré con el ceño fruncido. Me había asustado. No sé por qué razón o circunstancia suele hacer eso; me molesta mucho.

— ¿Dónde está Hera? —Volteé los ojos y le quité el auricular de su mano.

"¿Díndi istí Hiri?" 

— Puede estar en la biblioteca o en la cafetería. —Gruñí.— Ya te lo he dicho.

— La busqué ahí y no está. —Frunció los labios. —¿Me ayudas a buscarla?—preguntó dulcemente.

Paré la música y suspiré. Estúpida, dile que no. Si le dices que sí me veré obligada a utilizar la violencia psicológica para detenerte.

— Está bien. —Guardé los audífonos y me levanté de la mesa para salir del aula vacía. Él aplaudió— A cambio, pido una paleta. —Asintió emocionado.

Él es mi mejor amigo, se llama Claude. Digamos que está perdidamente enamorado de la protagonista. Es parte de su triángulo amoroso, pero digamos que él es el chico bueno que termina perdiendo y todos lo saben, incluso él mismo.

Aún así, lo sigue intentando.

— Seguramente... —Quiero molestarlo.— Estará con Abraham. —Miré a otro lado.

Puedo sentir su aura malhumorada. Me está mirando horrible por ese comentario. Creo haberle escuchado gruñir un poco. Abraham es el otro chico del triángulo, el mujeriego, el capricho de nuestra protagonista, que por más que sepa que está mal su comportamiento, vuelve a él como si fuera la mejor opción.

— ¿Te dijo si comenzó a sentir cosas por él? —le tembló la voz.

— Soy su mejor amiga también. —Me aguante un poco las lágrimas.— No puedo decirte eso, averígualo tú.

Realmente, siente cosas por ti. Pensé.

— ¿La respuesta es sí? —No.— No tengas miedo de lastimarme. —Si pudiera hacerlo, créeme, ya lo habría hecho mil veces. Me quedé en silencio y él suspiró.— Entiendo.

El camino siguió en silencio. No quise hablar porque supe que si lo hacía, yo acabaría llorando. Llevo años enamorada de Claude, podría decirse que desde que nos conocemos pero nunca se lo dije por miedo a que arruinara la bonita relación que tenemos. Muchos dicen que soy obvia, no entienden como es que Claude no se ha dado cuenta.

Al final encontramos a Hera con Abraham en uno de los pasillos. Casi termina en una pelea, pero Hera se llevó a Claude consigo a no sé donde y me quede con Abraham a solas, con un nudo en la garganta. El ambiente era pesado, esperaba que él simplemente se fuera para lanzarme a llorar como cada vez que ella se lo lleva encima. ¿Saben que es lo peor? Que ella lo sabe, sabe que estoy enamorada de Claude y aún así se lo lleva, aún así me declara su amor por él y aún así sigue siendo mi amiga.

— Debe doler. —Observé al poseedor de la voz.— Mira el lado positivo... —Pasó su brazo por mi hombro.— Eres la buena de esta historia. —Me despeinó y se fue.

Vi como me daba la espalda y continuaba su camino como si nada ¿Acaso importaba algo si yo era la buena, si al final de todo nunca voy a conseguir lo que quiero? Ver como sus pupilas solo se dilatan cuando ella se acerca, cómo se emocionaba al escuchar su nombre sale de los labios de aquella, oír como profesa su amor con tanto esmero frente a todos mientras que yo estoy detrás de él sosteniendo las rosas que son para Hera. Duele tanto, como mil infiernos.

Limpié mis mejillas, tomé la cartera de Claude que se le había caído y la guarde en mis bolsillos.

Cabizbaja seguí caminando para encontrar la salida del establecimiento, tenía la mirada perdida, no sabía que hacer con esto que sentía. Quiero desecharlo en un bote de basura, el problema es que ningún basurero es tan grande para tirar la bolsa.

Al salir, tomé mi celular y pedí un Uber. Solo quería llegar a casa para llorar todo el día. Estaba en el auto, con la mente totalmente perdida mirando a algún punto de la ventana. Repasé mil y un veces lo que le diría a Claude para consolarlo cuando llegue llorando a mis brazos porque, una vez más, Hera lo rechazaría.

Mi celular sonó, anunciando la llegada de una notificación. Tragué saliva y miré el remitente: Clauclau. Suspiré; es el momento de consuelo, supongo.

"Me acaba de decir que también le gusto" podía leerse en la pantalla.

Definitivamente estoy cansada de estar enamorada.

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