Capítulo III

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Quisiera olvidarme de cosas tan estúpidas pero que me joden tanto, como la enredada de Claude, Hera y Abraham. No estoy metida y al mismo tiempo sí, no soy parte de ello ni saldré beneficiada, tal vez salga peor que como entré pero aún así me afectaba y mucho, porque podría decirse que yo era un factor importante y que al mismo tiempo era fácil de desechar. En este lío lo único que yo quería era la felicidad de los tres pero, sé que una cuesta la otra y yo solo esperaba que Claude no saliera tan perjudicado como yo pensaba, porque si era así, sabía que no había forma de arreglarlo.

Ese día estaba más pensativa que nunca, calculando cada palabra y acción que iba a realizar, entonces miré al cielo por un segundo y comenzó a llamar mi atención, estaba más bello que de costumbre, poseía un intenso color celeste y las nubes se veían tan suaves que quería alcanzarlas para dormirme en ellas. Al verlo, solo me hace sentir un ligero sentimiento parecido a la felicidad, pero soy incapaz de sentirla realmente. Lo único que me queda es desearla o pedirle a algún ente omnipresente que me la regale.

— Y eso fue lo que hicimos ayer Hera y yo... ¿Estás bien? —Me sacó de mi burbuja.— Llevas casi diez minutos mirando el cielo. —Lo miré a los ojos, arqueando las cejas.

Sigues siendo tan lindo como siempre.

— Solo pensaba en que está muy bonito el día hoy ¿No crees? —Sonreí.

— Nunca te habías detenido a mirar el cielo en todos los años que nos conocemos. —Me quitó el pelo de la cara.— Solo una vez —dijo susurrante.

— ¿Ah, sí? —Él asintió.— Entonces no debiste decir "nunca" —reímos al unísono— fue cuando murió mamá ¿no? —Miré al suelo.

— Ni siquiera soltaste una lágrima, pero después confesaste que te arrepentías de no haberlo hecho. Supongo que te estás arrepintiendo de algo, me pregunto ¿Qué será? —Se llevó la mano al mentón haciendo como que pensaba, volvimos a reír y me acomodé un poco el pelo.— Digo, si es que le quieres contar a tu mejor amigo de la infancia, ya que toda esta semana te has guardado todo y sales con el tonto de Abraham. —Frunció los labios y le golpee levemente el hombro.

Quisiera contarte todo porque ahora mismo me siento tan pesada que creo que si me levanto de este banco, me desplomo en el suelo.

— ¿Qué? ¿Estás celoso? —pregunté divertida.

— Ay, no molestes, obvio que sí. —Me empujó.— Siento que te está robando y eres lo más sagrado que tengo. —Quería sentirme feliz pero sé que ese sentimiento realmente no significaba mucho más que me quiere como a una hermana.

— Bueno. —Comencé a jugar con mis manos.— Con respecto a lo anterior, no me arrepiento de nada, solo estoy pensando las cosas porque... —Me miró con intensidad, esperando a que soltara "la verdad"

Aquí empezaba el plan de Abraham por "hacer que Hera sienta celos, lo confronte, le diga que siempre lo ha amado y decirle que él también la ama a ella para vivir felices por siempre", llevábamos unos días saliendo solo para tomarnos fotos y fingir que nos habíamos vuelto muy cercanos.

Aunque no era del todo mentira.

— Creo que me gusta y quiero decírselo. —Claude tomó mi mano, me sorprendió y lo miré.— ¿Qué sucede? Me estás haciendo daño. —Me estaba apretando muy fuerte.

— Eres demasiado buena para él. —Fruncí el entrecejo.— Hazme caso ¿No haz escuchado lo que dicen de él en los pasillos? Es un mujeriego, delincuente... —Apreté el puño.

— ¡No hables así de él! —le grité enojada— Es una buena persona y me sorprende que hables así sabiendo lo que dicen de ti en los pasillos ¿O acaso se te olvidó? —Me levanté del banco.

Por alguna extraña razón que desconozco el comentario de Claude me hizo enojar bastante. No conoce a Abraham más de la rivalidad que tiene con él por Hera y se atreve a hablar así, es injusto. Aún así no sé sí debí gritarle, no lo habrá dicho de mala manera.

— Sí lo sé perfectamente, al igual que sé cómo es él. —También se levantó.— Escúchame, yo solo quiero lo mejor para ti. —Me agarró el brazo.— Y vas a salir perdiendo.

¿Yo? Ahora sí que me hizo enojar.

— Él único que va a salir perdiendo eres tú, pero no te he dicho nada porque eres un sordo que nunca quiere escucharme porque parece que crees que nadie más que tú tiene la razón. —Estoy a punto de llorar.— Tú nunca vas a terminar de conocer a Hera y si yo salgo mal, créeme que tú vas a salir peor —recalqué el "nunca" mientras lo señalaba— sabes por qué me dices que voy a salir perdiendo y por esa misma estúpida razón, te vas a hundir conmigo. —Tomé mi bolso.— No te atrevas a volver a decirme algo al respecto sobre Abraham si no quieres que te deje de hablar.

Me di la vuelta sin mirarlo a los ojos pero fugazmente pude ver como pateaba el banco donde estábamos sentados. Caminé durante un largo rato, sola y con lágrimas en los ojos, creo que es la primera vez que peleaba con Claude, yo siempre suelo mantener la calma por los dos y esta vez no pude hacerlo. Supongo que él lo intentó.

Cuando llegué a estar cerca de la cafetería de la universidad tomé aire y limpié mis lágrimas con las mangas de mi chaqueta, no quería que nadie me viera llorar. Entré con una sonrisa y me propuse olvidar lo que había pasado. Todavía no puedo creer que le dije a Claude que iba a decirle a Abraham que me gustaba, todo esto va a acabar mal.

Se suponía que para que su plan tuviera éxito tenía que ser creíble y desde entonces estamos juntándonos más para salir a comer. Lo que hacemos realmente es planear como ese idiota va a volver con Hera ¿Por qué todos tienen una obsesión con ella? 




Mi teléfono comenzó a sonar, sacándome de mi ensoñación. Al ver la pantalla pude leer el nombre que me estaba causando pesadillas: Hera.

— Hola, Hera —respondí sin ganas.

— ¡Hola querida! —saludó con un tono de voz muy alto— Claude me comentó que te peleaste con él. —Rodé los ojos.— Me dijo que se gritaron, se dijeron algunas cosas pero no me dijo qué. —Menos mal, si no, yo ya no tendría cabeza.— ¿Qué pasó?

Maldito Abraham, siempre soy yo la que se tiene que sacrificar, él y su estúpido plan me están molestando más de lo que deberían.

— Él trató de impedir que yo hiciera algo y se puso a hablar mal de Abraham, así que salté a defenderlo. —Pude escuchar como comenzó a toser.

— ¿Tú, defendiendo a ese idiota? —dijo ronca— Bueno, he visto cómo se reúnen muy seguido últimamente. —agregó con una voz rara.— ¿Tienes algo con él?

Espero ser recompensada.

— No —Escuché como un suspiro de alivio.

Hera rió un poco.— ¿Y qué fue lo que te estaba impidiendo hacer Claude? —preguntó risueña.— Ese tonto lindo siempre hace problemas por nada, seguro solo trató de impedir que estudiaras para un examen. —Volvió a reír.

¿Qué son estas enormes ganas de quitarle la sonrisa de la boca a esta malnacida? ¿Cómo que "tonto lindo", acaso no sabe con quién está hablando? 

— Ojalá fuera por eso —reí yo también.— pero no, quiso evitar que yo le dijera a Abraham que me gusta.

Y un largo pero maravilloso silencio -claro, para mí- reinó en la conversación. Ese tonto va a terminar haciendo que me convierta en una mini versión suya. Inmediatamente Hera cambió de conversación y no volvió a mencionar el tema, seguro estaba pensando bien en lo que iba a decir.

Otro personaje.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora