Tres días de seguir con su rutina de siempre, esperando por el nuevo artículo de aquella mujer que mejoraría la reputación de Claude e ignorando por completo los mensajes y llamadas de Abraham, Hera se había presentado en su casa.
— ¿Qué crees que haces aquí? —preguntó con un notable enojo en su rostro.
— Quería pedir perdón por todo lo que dije —dijo cabizbaja
— ¿Te das cuenta que siempre pides perdón tarde?
— Yo solo quiero que me escuches
— No, Hera —habló firme— no puedes venir a pedirme perdón después de todo lo que hiciste y dijiste como si fueras una victima, porque no lo eres. —Cerró la puerta detrás de ella y se colocó cerca de la que antes había considerado su amiga.— Sabes que lo que hiciste está mal pero aún así tienes la cara para venir aquí.
— Vázquez, yo de verdad me equivoqué y lo acepto. —Agarró las manos de Emmelie pero ella rápidamente se soltó.— Sé que no me vas a perdonar, pero quiero que sepas que me arrepiento y me encargaré de que la reputación de Claude se arregle. Todo lo que yo dije lo sacaron de contexto. —Comenzó a llorar.— Yo no planee nada de esto. —Se llevó las manos a la cara.
— Ya te escuché, vete. —Abrió la puerta y dio un paso hacia adentro.— Deberías disculparte con Claude en vez de conmigo, pero claro, como podrías verle la cara después de todo esto. Si de verdad quieres hacer algo por él, habla con una revista y diles que toda la porquería que dijiste de Claude es mentira, porque no creas que no sé lo que has dicho en esas entrevistas que has tenido ¡Lo sé perfectamente, Hera Hill! —Cerró la puerta con fuerza y corrió hasta su habitación.
Su padre apenas pudo reaccionar y se encaminó hasta la habitación de su hija para ver que sucedía con ella, pero lo único que pudo escuchar eran gritos desgarradores. Nunca la había visto así, ni siquiera cuando murió su madre.
Pero Emmelie ya no tenía a nadie en quién apoyarse para soportar todo lo que estaba viviendo, porque la persona que siempre estaba ahí era la que tal vez ya no podría estar presente nunca más.
El hombre decidió tocar levemente la puerta y llamarla para ayudarla. Al abrir la puerta se encontró con una mujer que apenas parecía tener las fuerzas para respirar. Sus ojos y mejillas estaban rojas e hinchadas, sus hombros y brazos estaban rasguñados, moreteados y lo que más le dolía era ver sus uñas, que estaban mordidas y con sangre. Clemmet frunció los labios y la abrazó fuertemente.
— ¿Qué es lo que debo hacer para que estés tranquila? —Preguntó entre lágrimas, su hija no respondió al abrazo.
— Quiero que despierte Claude, papá. —Se escondió en su pecho.— No sé que más puede tenerme tranquila.
Ayúdame a recuperar a nuestra hija, Claudia. Pensó el señor Clemmet sin soltar a su hija.
— Salgamos un rato, para distraernos. —La tomó por los hombros y la miró a los ojos.— Comamos un helado y después le compramos algo que le guste mucho a Claude para dejárselo en su habitación. —Emmelie solo cerró los ojos y bajó la cabeza.
— Está bien. —Hipó.
Una semana después, se encontraba realizando su trabajo de siempre para distraerse de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor. No había ni ido a almorzar para no pensar en más nada que no fuera los artículos ni por un segundo, pero una noticia rápidamente la hizo volver a la realidad.
— ¡Vázquez! —Emmelie apenas reaccionó al grito de una de sus compañeras.— Te están buscando afuera. —La muchacha arqueó una ceja y se levantó, no sin antes guardar el archivo que estaba corrigiendo.
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Otro personaje.
Teen FictionLa historia de el personaje secundario en un relato de amor. Supongo, que aunque a veces duela tanto que sientes que mueres por dentro, debes dar tu mejor sonrisa ¿No?
