Cuando encuentra la verdad sobre la aldea y las amenazas comienzan a llegar, toma una dolorosa desición, dejar atrás a todos sus amigos.
¿Su débil mente podrá soportar el dolor, engañó?.
¿Estás listo para el juego?
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Quizás ella podría haber vivido sin los recuerdos de su pasado, sería un poco más feliz, crearía una nueva vida con aquellas personas o simplemente sería una aldeana común y ordinaria. Pero la vida no está para satisfacer lo que tú quieres y se maldice por eso.
No a transcurrido más de un día entero, para cuando ella siente una vez más que se está derrumbando frente a el mundo. Con suerte había logrado escapar de aquella pelea entre un Akatsuki y Naruto y Sasuke, para ser sincera consigo misma, no tenía las ganas de verlos.
El viento fluye de manera constante pero calmada, mueve de manera fina las hojas de arce que aún se encuentran en cambio. Bajo sus pies descansa el infinito jardín de peonías blancas, quizás Itachi en aquel momento quería mostrar la sinceridad que tenía hacía ella. Recordar ese momento la hace sonreír débilmente.
La tenue luz contrasta con su rostro sonriente. Las veces que Sakura sonríe de esa manera son pocas, era una pequeña sonrisa linda y sincera, el cree que esa fue la razón por la que la llevo a esa viejo jardín. El cual apesar de los años jamás se marchitaba o dejaba de florecer. Su madre decía que se debía a la vieja leyenda de una diosa y un humano que se enamoraron.
La diosa poseía una belleza irreal, mientras que el joven humano no era más que eso, un humano. El había plantado diez mil peonías en forma de expresar su amor puro, coqueto y sincero, la diosa claramente lo había escuchado todo y enamorada de aquel joven se despojo de su divinidad, convirtiéndose en una humana más. Los años en guerra fueron los peores y lamentablemente la ex-diosa perdió la vida cuando una espada cruzo su corazón, ella era feliz, murió protegiendo a su amado.
El creía que Sakura poseía la belleza de la diosa, podía sentir que la sonrisa de la diosa era idéntica a la de Sakura en ese preciso instante. Cuando ha dejado de vagar en sus pensamientos, se acerca a la peli-rosa y peina ligeramente uno de esos cabellos rebeldes que se niega a mantenerse en su lugar. Sakura ríe al ver que Itachi no logra su cometido.
—Tu cabello realmente me odia.
—Creo que no le agradamos.— Concuerda.
Itachi rebusca entre sus cosas y saca una pequeña pinza de color verde, la cual coloca para calmar esas hebras rebeldes.
Inconscientemente Sakura lleva su mano a aquel punto y una vez más su corazón duele. No había protegido a Itachi y aquel único recuerdo había desaparecido de sus manos.
Sus pasos son lentos y calmados, no busca apresurar las cosas, quiere hacer todo con calma, caminando hacia la apuesta de sol. Sus cabellos rosados han crecido considerablemente desde la última vez en que los corto, incluso eso está bien. Se mueven al compás del viento y débilmente algunas finas hebras caen sobre una peonía.