Capítulo Dos: Inestable

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"Cuando la luna se tiñe de rojo y el sonido se convierte en alaridos de horror."

Con éxito logró salir de la habitación, se había excusado con el dolor de cabeza el cual la había golpeado repentinamente

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Con éxito logró salir de la habitación, se había excusado con el dolor de cabeza el cual la había golpeado repentinamente. Y aunque al inicio creyó que era algo momentáneo, realmente se equivoco.
Su piel que que en si ya era de un tono blanquecino, ahora se mostraba ceniciento, bajo sus ojos pequeñas bolsas negras y su cabello corto desparramado en la cama. Lleva alrededor de una hora retorciendose del dolor, todo era nuevo para ella.

Cuando la noche llegó a Konohagakure, su dolor había disminuido considerablemente, que, aunque estaba hecha un lío, había logrado bajar de su cama y revisar el pergamino que escondía entre sus bolsas.
Si, robar estaba mal, pero no había robado del todo, solo un préstamo, con el cual saciaria su inevitable curiosidad.

Se mantuvo de pie, mientras despegaba los pliegues, resultó un total éxito.
Nuevamente pudo leer aquellas palabras “Masacre Uchiha”. No estaba preparada para lo que leería, no estaba capacitada cuando leyó las frías y duras palabras del consejo, su forma mediocre de resolver los asuntos, dejar cargar a un niño todo el peso de la aldea, solo porque ellos son unos inservibles que no pueden dialogar.

Sus piernas cedieron y cayó al piso con un ruido sordo. Sus rodillas se cortaron y el pergamino se deslizó de sus manos.
Dejó las lágrimas caer, se dejó ser, quería llorar al sentirse tan impotente.
Cuando al fin las lágrimas habían cesado, ya se encontraba nuevamente en la comodidad de su cama.
Cerro sus ojos con calma, quería dormir una noche más, quería descansar cómo debía, quería dejar de tamblar. Fue inevitable que la incomodidad llegara, se sentía observada. Con un rápido y ágil movimiento se había logrado poner de pie, toda su habitación seguía en penumbras y en un total y mortífero silencio.
El sonido del cristal rompió el efímero silencio con un:

“Crack, Crack”.

Eso la alarmó. Las cortinas color melon se hondeaban, pronto las alejo y observó con atención el cuervo de pelaje  negro que la observaba con ojos penetrantes.
No lo pensó demasiado cuando abrió el ventanal, dejando entrar al animal. Elevó su pata izquierda en respuesta. Una hoja perfectamente doblada descansaba en su tobillo, atado con un fino hilo de estambre color rojo.

Entonces la tomó, desenrollo en papel, solo para ver tres palabras, que resultaron ser suficientes para hacerla entrar en pánico. “No te entrometas.”

Dio dos pasos para atrás, alejándose del extraño ser que la miraba sin decir nada.
Se preguntó el que significaria eso, ¿Era una amenaza o una advertencia?.
El temor la inundó por todas partes, no temia por ella, si, no, por sus amigos, sus padres y maestros. No necesitaba conocer a Danzo para saber la clase de cosas que era capaz de hacer, Danzo tenía el poder y la capacidad para hacer lo que se propusiera, en cambio ella, ella era una niña de catorce años, la cual no controlaba su propia vida y comenzaba a tener un desequilibrio de su Chakra.

Su cuerpo tembló por el terror y sin hacer mucho cayó al suelo de rodillas. No necesito más de dos minutos para esconderse entre sus sábanas, inhalando todo el aire que le fuese posible. Esa noche no durmió, se sintió observada, creyó que si cerraba sus ojos, nunca más los abriría.

Y las siguientes noche no cambiaron. Había escondido lo que sabía por alrededor de una semana, una semana de insomnio, se sentía sumamente borracha, pero finalmente esa noche, sus ojos se cerraron en un profundo sueño.

Sus pasos eran apresurados, iba tarde a su práctica de Genjutsu. No sabe por cuánto estuvo caminando, solo sabía que sus pies estaban agotados de la larga caminata.

Su corazón salto de alegría al escuchar la agradable y ruidosa risa de Naurto.
Pero pronto todo se vio apagado, sus ojos se abrieron en par, con asombro y dolor.

¡No. No. No. No. No!. ¡Eso no podría estar pasando! ¡¿Por qué a ella?.

Cayó de rodilla, frente a Naruto. Tocaba sus finos cabellos, pasando una gran cantidad de chakra a su cuerpo, mientras soltaba grandes lágrimas. Sus manos se vieron envueltas en la sangre y en pánico la inundó cuando escucho el último suspiro de su amigo.

—¡Na-Naruto! ¡Vamos. Vamos! No cierres los ojos, no lo hagas.

Sollozo.

—Eres una niña entrometida.

Esas palabras resonaron en su mente hasta que dolio y sintió la sangre salir de su nariz.

Despertó cuando cayó de su cama. Había estado dando vueltas en la misma durante largos minutos. Todo había sido tan real, aún sentía su corazón latir con fuerza y dolor, casi creyó que se le saldría.

Sus manos dejaron de temblar después de algunos minutos, limpio sus lágrimas y tomó un pequeño abrigo, solo para después salir por la ventana de su habitación.

Corrió y corrió por las frías calles de Konoha hasta llegar a la casa de su amigo.
Sobre el alfeizar de la ventana, miró a su pequeño amigo, durmiendo plácidamente, con los ojos cerrados y una línea de saliva que escurria de sus labios.
Soltó un suspiro de alivio y se quedó un rato más, solo para asegurarse de que todo estaría bien.

Si, todo estaría bien, para su amigo.

Su boca fue cubierta por la gran mano de alguien, el cual la sostuvo con fuerza. Golpeó y golpeó al hombre, el cual la soltó por unos segundos. Intentó correr pero la jalaron del cabello.
Un fuerte golpe cayó en su estómago, haciéndola regresar su cena. Intentó correr, pero su cuerpo estaba débil. No logró ponerse de pie, sus ojos se nublaron y pronto todo era negro.

Sentía que daba vueltas, abrió sus ojos pero sólo vio oscuridad. Los pasos de alguien la alertaron, pero no hizo nada, no podía, estaba atada de pies y manos por una pesada cadena.

Cuando la venda negra que cubría su vista fue quitada, sintió alivio, un alivio que se fue en cuanto llegó.
¡Todo estaba oscuro! ¡¿Acaso tenían visión nocturna?!.

Uno, dos y tres faroles fueron encendidos, dejando ver la tenue silueta de alguien.
No tenía que pensar para saber quién era la persona que estaba caminando hacia ella.
Jalo de las cadenas con miedo, intentó romperlas, pero era imposible.

Su voz sonaba siniestra.

—¿Dónde está?.

—¿Dónde está que?.

Respondió al azar. Poco después añadió de forma sugerente.

—Ni siquiera se por que estoy aquí, ¿Que hice mal?.

Soltó una amarga risa. —No te conviene hacerte la graciosa, se sobre el vínculo que creaste. Sabes demasiado y a la vez tan poco. Borraste tu sangre, si, pero no tu esencia.

—No se de que habla.

Sintió un fuerte golpe sobre su mejilla. La habían golpeado con un bastón.

—¡¿Que se cree viejo de mierda?!.

Otro golpe. —¡Habla!

—¡Tsunade-Sama, ayúdeme!.

—Eso no servirá. Eres realmente terca.— Añadió. Sintió un golpe más, el cual la dejó a la deriva.

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NA: Este capítulo lo iba a subir ayer, pero me ocupe, tuve una investigación y pues no pude hacerle la última revisión.
Me acabo de enterar que tengo cinco capítulos escritos, es un alivio JAJAJA.
En fin, no se desesperen, Itachi ya viene en camino.

Kotaru Uchiwa –☘

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