Leila
―Hiciste un buen trabajo―me felicitó Enzo y me abrazó a su lado haciéndonos entrar a su casa ―Dúchate y descansa un poco―asentí y me dirigí caminando hacia las escaleras, pero antes jalo mi brazo y beso mis labios dulcemente ―Anda― dió un azote en mi trasero y asentí yendo hacia las escaleras.
No sé qué lo había transformado, pero me convenía su buen humor.
Al llegar al baño de su habitación me mire en el espejo de cuerpo completo e inspeccione mi estado, estaba más delgada, amoratada.
Fue ahí cuando tome la secadora que se encontraba en el lavabo y la avente fuertemente contra el espejo gritando de frustración y coraje.
¿Cuándo me había convertido en esto? Yo misma me daba lástima, me sentía completamente humillada.
―¿Leila? ¿Estás bien?― grito él entrando al baño y recién me di cuenta de mis manos cortadas por los cristales ―¿ Qué mierda te pasa?― gruño y solloce bajando la mirada
―Deja de gritarme― la respuesta fue un gruñido seguido de un fuerte jalón que me hizo gemir de dolor, comenzó a desnudarme para meterme a la ducha
―Ni se te ocurra salir de aquí hasta que no estés segura de tus pies― asentí comenzando a enjuagar mi cuerpo tratando de esquivar su mirada ―¿Por qué lo hiciste?― cuestionó y le di la espalda ―Va una― advirtió y suspire
―Lo siento― murmure y asintió dándome el jabón
―¿Por qué lo hiciste? Te pregunté― repitió
―Resbalé y....― no termine de hablar ya que tomo mi cuello y me estampó en la fria pared provocando que mi mirada se nublara por un momento. Solloce harta de todo ―¿Por qué lo único que haces es humillarme y golpearme en vez de amarme?― grite y me soltó dejándome caer bajo su fulminante mirada.
Salió del baño y me levanté sobando mi cabeza, unos minutos después entro Enzo con unas toallas y unas pantuflas en su mano.
―Puede pasar― habló, no sabía que decía hasta que se vio la sombra de una mujer con una escoba y una pala, incluso un hombre llevándose el marco del espejo.
Me apresure a lavar mis heridas y mi cuerpo sintiéndome más relajada, pero el dolor de cabeza aumentaba
―Gracias, puede retirarse― agradeció él, yo cerré la llave de la regadera para luego exprimir mi cabello con cuidado por mi dolor.
Abrí la llave de la ducha encontrando a Enzo mirando su cabello en su celular, miré el espacio vacío por el espejo y decidí salir un poco para tomar las toallas y esquivarlo a él
―Te amo― habló Enzo caminando tras de mí, tomo mi cintura besando mi cuello ―Perdón― susurro y suspire caminando con el enganchado a mí
―Pareces garrapata― él río besando mi cuello, me llevó caminando de reversa a la habitación hasta caer en la cama por lo que el fuerte dolor volvió a invadir mi cabeza ―Enzo me duele― hablé con la voz entrecortada y me levanto rápidamente haciendo que me maree.
―Espera aquí― dijo alejándose.
Enzo se fue y en ese momento caí de golpe perdiendo la noción de todo.
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Amor Enfermo
Random¿Ella? Una chica timida, sin malos hábitos, buena hija. Casi la hija perfecta ¿Su defecto? Un alto complejo de inferioridad. ¿Él? El típico chico malo, vago, con graves problemas de ira, agresivo, mujeriego. Todo lo que un padre no quiere para su hi...