En una conmovedora noche, los padres de Roberto Duran invitaron a Katherine y a su familia a su lujosa casa. Los padres de la chica se pusieron la mejor ropa que tenían. Incluso le compraron un vestido caro y hermoso a su hija para que se presentara lo más elegante posible ante su nuevo novio.
—Padre, sabes lo caro que es este vestido, ¿verdad? —se quejó Katherine mientras se encontraban en la tienda de ropa lujosa—. Si lo pagas, te quedarás sin dinero.
—No te preocupes, hija. Cuando seamos los administradores de esos prestigiosos hoteles, tendremos más dinero y te compraré más vestidos así.
Katherine no quería conocer a este chico millonario. Solo tenía ojos para Frank, pero no podía hacer nada. Sus padres nunca la escuchaban. No se preocupaban por lo que ella pensaba y sentía.
Mientras se dirigían a aquella elegante casa, que se encontraba en una de las residenciales más caras del país, Katherine recordó cuando Frank la había seguido para pedirle una explicación. Sabía que él no iba a dejarlo así, y tuvo que sufrir un tremendo golpe en el rostro.
Al llegar, los padres de Roberto recibieron muy cordialmente a esta familia. Ellos se maravillaron al ver la gran casa. Eso grandes cuadros. Esas mesas que, seguramente, valían miles de dólares. Esa inmensa televisión que parecía pantalla de cine. Ese suelo tan brillante que Katherine podía ver su rostro reflejado en él. Los padres de la chica se enamoraron de esa casa. Y entendieron que no era mentira que esa familia era millonaria.
Los padres de Roberto ya tenían la cena lista. Fueron todos al comedor, que era una habitación tan grande que en ella podían caber el auto del padre de Katherine y tres motocicletas más, incluida una camioneta del año. Se sentaron en esas brillantes y delicadas sillas, y el sirviente de los padres de Roberto repartió la comida. Los padres de Katherine se sintieron como en el restaurante más elegante y hermoso del mundo, mientras que la chica solo fruncía el ceño. Se notaba claramente que no quería estar allí. No negaba que el vestido blanco le gustaba, pero no quería usarlo en esa ocasión. No era un momento tan especial como lo era para sus padres.
Hasta ese momento, Roberto no había aparecido. Katherine ni siquiera quería verlo. Cuando estaban a punto de empezar a comer aquel filete de carne, que parecía ser preparado por el mejor cocinero del país, aquel chico entró al comedor. Aquel chico zarco. Pelo rubio. Un saco negro carísimo. Una corbata negra. Pantalón fino. Y unos zapatos increíblemente elegantes. Parecía que el chico estaba a punto de ir al evento más importante de su vida.
—Hola, Katherine —le dijo mientras le lanzaba una sonrisa coqueta.
Los padres de la chica le dijeron a su hija que se levantara de la silla y que fuera a saludarlo. Ella se presentó con un semblante serio ante él. Sus ojos expresaban que no quería ser novia de Roberto. Al chico pareció no importarle que ella estuviera ahí de mala gana.
—En esta noche, estamos celebrando un nuevo amor —dijo Roberto en voz alta. Quería que todos lo escucharan—. Es un amor único y especial. Un amor que durará para siempre. Por fin he conseguido ser el novio de la chica que me conquistó cuando la vi por primera vez en su colegio.
Katherine no dijo nada. Su mirada mostraba enojo y ganas de irse inmediatamente de ese lugar. "¿En serio crees que este falso amor durará para siempre?", pensó ella. "Estás loco. Yo no pienso estar contigo el resto de mi vida. Cuando crezca y ya pueda ser independiente, trabajaré yo misma para no vivir de tu sucio dinero".
Solo lo pensó. No lo dijo, aunque le hubiera gustado hacerlo.
Roberto chasqueó los dedos. En ese momento, salió el sirviente con una pequeña caja muy elegante. Él la tomó. La abrió. Sacó de ella una hermosa cadena de oro con un brillante dije.
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El destino de un sufrimiento
Teen Fiction"¿Para qué intentar huir del sufrimiento? Si tarde o temprano nos va a encontrar". Después de las vacaciones de fin de año, Isaac regresa a su ciudad natal, San Salvador, pero nunca olvidará a esa chica que conoció en Usulután, Julissa, quien atrajo...
