CAPITULO 5 - PUÑALADA AL PECHO

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Si voy, es única y exclusivamente para decirle cuatro cosas a la cara.

Porque, ¿quién se ha creído que es para tratarme de esa manera?.

No tengo por qué soportar humillaciones de nadie y menos suyas.

Repito una y otra vez.

Mi cabeza se había convertido en un hervidero de pensamientos y sensaciones y ninguna de ellas era positiva. Estuve tentada, en más de una ocasión, a quedarme en casa y dejarlo plantado. Aunque luego pensé, fríamente, que si no iba tendría que verlo de nuevo, quisiera o no, en el club de campo.

A la fuerza tendría que acudir a nuestra cita.

Me encontraba agotada física y emocionalmente. Apenas había dormido tres horas en las últimas veinticuatro y el cúmulo de emociones al que me había visto sometida habían hecho mella en mí.

Paseé por la enorme habitación, pensando en la manera de poder salir sin depender de la ayuda de Nadia. Abrí el vestidor y saque los jeans más viejos y desgastados que tenía, aquellos que utilizaba cuando iba a montar a caballo con mamá. Tenían varios rotos en las piernas y el color negro de la tela se veía viejo y desgastado, acompañado de una camiseta básica en color gris y las Converse negras. Recogí la larga melena en una cola de caballo alta y alcance la chupa de cuero roja.

Solo necesitaba un último favor de Nadia, al menos por el momento.

Cuando terminara todo este asunto, si es que lo hacía en algún momento, no tendría vida suficiente para devolverle a mi amiga todo lo que estaba haciendo por mí.

Tenía que hacerme con un auto lo más viejo y destartalado posible, algo que no llamase la atención y si alguien podía conseguirme algo así, ese era Yuri Vasiliev.

El reloj de cuco del salón dio las doce y era la hora de poner en marcha mi astuto plan. Me había llevado casi toda la tarde, pero al fin había logrado detectar un pequeño punto en toda la red de cámaras de vigilancia, en el que, por un lapso de no más de dos minutos, había un ángulo muerto por el que podría escapar sin ser vista. Tendría el tiempo justo para trepar por la verja y salir de allí lo más rápido posible.

Corrí como si me fuese la vida en ello, ya fuera del alcance de las cámaras, hasta el punto en donde había quedado con Yuri. Empecé a sentir un fuerte dolor en las manos, y los brazos sentían la presión del intenso esfuerzo físico al que los había sometido, pero no me podía permitir flaquear en este momento.

Una pequeña gasolinera abierta veinticuatro horas fue el lugar elegido para nuestro encuentro.

Según me aproximaba pude distinguir un destartalado Chevrolet Impala del sesenta y siete en color negro, igualito al de los hermanos Winchester en la exitosa serie Sobrenatural.

Apoyado de forma casual sobre el capó negro, se encontraba uno de los hombres más guapos que había tenido el placer de conocer hasta la fecha.

Yuri Vasiliev era atractivo en toda la extensión de la palabra, alto y delgado, con la elegancia de los actores clásicos de Hollywood, con el cabello rubio platino como su hermana y con unos ojos capaces de robarte el aliento. Nadia y él eran dos gotas de agua y creo que ese siempre fue uno de los motivos por los que no le vi como nada más que a un amigo, un hermano.

-Bueno, bueno malen'kiy(*) -dijo con ese acento tan marcado mientras me sonreía -quien te ha visto y quien te ve, hecha toda una prófuga.

-Soy una caja de sorpresas -intenté reírme, pero sentí que me faltaba aire incluso para hablar.

Yuri alcanzo una botella de agua del asiento del pasajero y me la lanzó.

-Sé que voy a sonar repetitivo, Scarlett, pero ¿estás segura de lo que estás haciendo? -se acercó tomándome por los codos mientras me observaba con expresión dulce.

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