Gulf estaba completamente destrozado.
Tendría que esperar a llegar al castillo para enfrentase a Mew. Sería una locura embarcarse en lo que desde el principio se veía que sería una escena muy desagradable de camino a casa.
Mew tuvo que prepararse el desayuno él solo y, cuando trató de darle los buenos días con un beso, Gulf lo apartó bruscamente. El ambiente estaba muy cargado cuando subieron al jet.
— Gulf, mírame... -dijo él cuando llevaban diez minutos de vuelo.
— No quiero mirarte –admitió Gulf, levantando su revista.
Mew se la quitó de las manos y Gulf lo miró.
— Levántate –dijo, mirándolo con enfado—. Hablaremos en privado.
— No, yo...
— De acuerdo... — y sin previó aviso, se inclinó, lo tomó en brazos y avanzó pasillo abajo hasta el otro extremo del avión— No nos pelearemos delante de los niños.
— Bájame ahora mismo... — siseó Gulf con furia.
Mew lo dejó en otro sillón y se sentó frente a él.
— Vamos a casa a una fiesta.
La asombrosa noticia lo hizo desconfiar por un momento.
— ¿De qué estas hablando?
— Queriendo comportarme como un hombre romántico – explicó él con tono de mofa—, decidí darte la recepción nupcial que nunca tuvimos como sorpresa. Trescientos invitados nos están esperando, entre ellos tu madre y su rico marido, Bruno Vence. Te advierto, Bruno es muy bajito, y tiene tu pelo y tus ojos. Y ahora lo mejor. Tu ropa está en el compartimiento principal.
— ¿Mi... mi qué?
— No tuviste la boda que deseabas. Como yo tuve la culpa, he organizado la iglesia para que nos den su bendición, y esta vez llevarás un traje de novio.
— No puedo... no puedo...
Mew inclinó su arrogante cabeza y clavó en él sus brillantes ojos, resplandecientes de indignación.
— ¡Oh sí, claro que puedes! No me dejaras en ridículo delante de trescientas personas. Así que cállate, vístete y únete a los adultos. ¡Que estés de muy mal humor no es excusa para tu comportamiento desde que te has levantado esta mañana!
— ¿Y Gabrielle? –susurró entrecortadamente.
Mew lo miró fijamente, con el ceño fruncido.
— No veo la conexión.
— Te lo enseñaré... enseguida –dijo él, regresando a su asiento y sacando la revista que había encontrado en la villa. Le temblaban las manos.
Llegado el momento, no quería enfrentarse con él. Atónito, pensó en la maravillosa sorpresa que le había organizado. Y si no hubiera visto aquél revista horrorosa, en ese momento estaría dando saltos de felicidad.
Gulf le tendió la revista.
— Vaya cosa –dijo Mew entre dientes con el más absoluto desdén-. Pero yo no leo esa porquería.
— Es lo que has escrito en la portada...
Mew observó su propia letra y cuadro la mandíbula.
— ¿Y?
Aquella agresividad exigiéndole una aclaración no era la reacción que Gulf había esperado.
— Es obvio, ¿no? –dijo Gulf, temblando.
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Una noche con su esposo - Mew Gulf
RomanceADAPTACIÓN El matrimonio de Mew y Gulf había sido breve, pero intensamente apasionado. Se habían separado casi inmediatamente después de casarse y Gulf había desaparecido, pero Mew nunca había llegado a pedir el divorcio. Dieciocho meses después...