capitulo 16

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Cami.

Estaba con los chicos y Martina, en mi habitación haciendo deberes.

— Ay no, ya no puedo más. — Hablo Ana.  — Estos deberes exprimieron mis neuronas.

— Creo que es hora de tomarnos un descanso. — Respondió Sebas.

— ¿Que les parece si vamos a comprar algo de comer?  — Propuso Martina.

— Vayan ustedes y compren lo que quieran mientras yo preparo todo para ver una película.

— Okay, entonces nos vemos.

Ellos salieron de mi habitación y yo me quedé esperando a que el reloj marcaran las 10 de la noche para que Juli saliera.

Cuando por fin dieron las diez, salí a esperarla afuera de mi casa.

— Buenas noches señorita novia. — Dijo cuando estuvo al frente mío.

— Buenas noches señorita novia. — Respondí poniendo mis manos en su cuello. — ¿Cómo te fue?

— Muy bien mi amor, ¿Y a ti?

— La verdad estoy que me tiró de un quinto piso.

— ¿Por qué?

— Resulta que como ya estamos a nada de graduarnos, pues los profesores han dejado deberes hasta que se les acabe las ideas.

— ¿Si quieres te ayudo mi amor?

— Gracias amor pero ya tengo ayuda, los chicos y Martina me están ayudando.

— ¿O sea que no voy a poder dormir contigo?

— ¿Quien dijo que no? Si quieres nos acompañas y muy a las 11 los despacho para que tú y yo hagamos arrunche.

— Okay, entonces me quedo contigo.

— Ven.

La agarre de la mano y pasamos a la casa, subimos a mi habitación y allí ella se acostó para que yo me acostara encima de ella. Comenzamos a hablar hasta que los chicos llegaron.

— ¡Llegamos! — Exclamó Ana. — Ay, hola Juli.

— Hola.  — Nos pusimos de pie.

— Juli, ¿Que te trae por acá? — Expuso Martina.

— Vine a visitar a mi novia.

— Así es. — Continúe yo. — Así que chicos cuando sean las 11 en punto necesito que se despachen.

— Está bien.

Nos sentamos en nuestros lugares y continuamos haciendo deberes.

— Oye Juli, antes de irme, ¿Me puedes hacer un favor? — Expreso Ana.

— Si, claro. Dime.

— Tu trabajas con un chico que es alto, castaño, ojos verdes y blanco.

— Supongo, necesito más descripciones de el.

— Tiene un tatuaje de rosas en el cuello.

— Ah sí, ¿Por qué?

— Porque lo ví el día de la fiesta y me pareció lindo. — Se sentó al lado de ella y paso su mano por el hombro de Juli. — Tú, querida cuñada, ¿Me podrías dar su número?

— Si a mucho te puedo dar su nombre, porque no tengo la autorización.

— Está bien, dame su nombre y nosotros vamos mañana, ¿Mañana te toca trabajar? — Asintió. — Pues entonces le pides que nos atiendas.

Me enamore de la mesera. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora