Capitulo 8.

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Las semanas pasaron rápidamente y las cosas mejoraron bastante; no puedo decir que con Alec estamos en una relación cien por cien, pero vamos para allá.

Fui al cuarto de Christopher para ver cómo estaba. Alec dijo que tenía una reunión temprano, así que sé que no está en el instituto.

—Buenos días, Emma. —¿Cómo estás, amigo? —le dije a Christopher, quien me miraba con una sonrisa, moviendo rápidamente sus brazos.

—El joven Christopher está de maravilla. La doctora pasó hace unas horas para su chequeo mensual; su crecimiento y desarrollo está sobre lo normal a su edad; si me permite decirlo, es bastante avanzado —dijo con una sonrisa.

—¿Por qué no me llamaron? —le dije un poco molesto; jamás me pierdo ni una de sus revisiones.

—El señor Alexander no quiso molestarle, sabe que llegó muy tarde de su misión y dijo que después le daría los detalles. —Dijo y asentí.

—Obviamente está avanzado, somos Herondale, nacimos avanzados —dije tomándolo y besando su cabeza.

—¿Sabe a qué hora llegará el señor Alexander? —me preguntó Emma.

—No, pero no creo que tarde —le dije acomodando a Christopher en mi cadera—. ¿Necesita algo? —dije mirándola.

—Necesito ir donde mi hija, tiene un problema y tengo que ir a su instituto a ayudar a solucionarlo. Mañana estaré de regreso —dijo preocupada.

—Vaya, no se preocupe, mi próxima misión es más tarde, yo me quedaré con Chris hasta que Alec regrese —dije y asintió tomando sus cosas.

—Muchas gracias, igualmente le mandaré un mensaje de fuego al señor Alexander —dijo y asentí—El joven ya comió y está cambiado, su próxima comida es en tres horas, los pañales y todo lo que necesita están en su bolso —dijo apuntando las cosas de Chris.

—Nos la arreglaremos, vaya tranquila —le dije sonriendo—. Que tenga buen viaje —le dije cuando salió del cuarto.

—¿Qué haremos para matar el tiempo? —le pregunté a Chris cuando quedamos solos.

Christopher me miró y sonrió balbuceando y haciendo burbujas con saliva.

—Creo que iremos a pasear por el instituto, pero primero te cambiarás; no es que no me guste tu ropa, pero creo que no es tu estilo —le dije mirando la camiseta con un oso celeste con un pantalón a juego.

Lo dejé en su cuna y busqué en los cajones la ropa que le compré hace unas semanas; aún me acuerdo de la cara que puso Alec al ver el miniconjunto de combate igual al mío, chaqueta de cuero incluida.

Se la coloqué junto a las pequeñas botitas negras a juego con la ropa y busqué en los cajones la espuma rara que Alec compró para poder peinarle con facilidad. No es como que tenga mucho pelo, pero lo tiene bastante rebelde y la señora de la tienda le recomendó esa espuma para bebés.

—Solo falta tu cabello —le dije echándole una pequeña cantidad de esa espuma en el pelo—. Pronto te crecerá más y podrías peinarlo como el mío —le dije terminando de acomodarle el cabello—Muy bien, pequeñito, estamos listos para nuestro paseo, te ves perfecto —dije levantándolo, admirando cómo quedó.

Paseamos por el instituto y aproveché de supervisar algunos entrenamientos; Chris estaba feliz y todo lo de su alrededor le llamaba la atención. Muchos me miraban raro al verme con Chris en mis brazos mientras daba algunas sugerencias, pero nadie dijo ni una palabra.

—Vamos a ver si papi llegó y lo invitamos a almorzar fuera —le dije a Christopher, quien no me prestó ni la mínima atención a lo que le dije; estaba más entretenido mirando cómo entrenaban.

SOLO MÍO...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora