Tenía cinco años de edad. Así es, como pueden ver Cupido no espero mucho para que me sienta cautivado por las niñas. Fue extraño, recuerdo que el primer momento en que la vi ella estaba cortando un cartón para darle forma de flor. Creo que fue esto lo que evitó el aborto de mi yo literario y me haya llevado a escribir la mejor línea de mi vida: "Es raro que una bella flor quiera hacer otra bella flor." En fin, mi idilio inicio en un salón de clases, específicamente en una sala de casa pero modificada para parecer Escuela Inicial. Justamente creo que por eso mi educación inicial no fue una maravillosa ni mucho menos excelsa, pero nunca serán suficientes mis palabras para agradecerles la formación que tuve. El día se basaba en dos horas de clase y luego relajo, canciones, la lonchera, la siesta y jugar hasta las 12:30 que me recogía mi abuela. En cuanto a Adriana, ella era una niña ligeramente alta para su edad. Una belleza pocahontiana: largos cabellos negros lacios que se distendían por los extremos de su cabeza; una cabeza ovalada, ojos pequeños y una nariz achatada pero brillante en la punta, casi como el centro de un girasol en pleno verano. Labios pequeños (así es, desde pequeño me fijaba en ello), cuerpo delgado y una tez oscura, como dije anteriormente: pocahontiana.
Obviamente a esta edad no tenía ninguna competencia, cosa que me motivó... Pero a la vez me sentí desalentado cuando me di cuenta que: era un completo inmaduro por mis cortos cinco años. El amor estaba en la otra rivera, visto que ella nunca sería capaz de enamorarse de mí, las niñas a esa edad aún no han visto esas películas de la princesa y del esbelto caballero oportunista y aprovechador, por ello mi conquista sería equivalente a conquistar una isla inhabitada. De todas formas yo me quedaba maravillado por su belleza infantil (supongo que a esa edad ya iba trabajando mis descripciones metafóricas: ella era la flor de mi jardín...). Pero como toda historia de amor divertida, esta tiene que terminar mal, y evidentemente terminará así.
Un día como cualquiera, mientras todos corríamos y jugábamos alegres; especialmente yo, que corría como una liebre con rabia, contagiado por la presencia de Adriana; de repente pisé un cuaderno, me resbalé, y la frontera izquierda entre mi sien y mis ojos se chocó contra la punta de una mesa de madera. Yo yacía en el piso y lo último que vi antes de mi carrera al hospital fue a Adriana viéndome cargado: se le notaba consternada y asustada... Se preocupó por mí y notó mi existencia, punto para mi corazón... Pero tres puntos de sutura para la parte baja izquierda de mis cejas. Estuve en casa por una semana visto que mis padres habían considerado sacarme, puesto que la escuela había sido totalmente negligente y no me llevaron a una clínica (a la cual estaba inscrito) sino a una posta médica, cuyos médicos inexpertos me dejaron una marca cerca al ojo que hasta ahora conservo.
Luego de rogarle tanto a mi madre, teniendo en mi mente al rostro puro de Adriana, pude volver a terminar mi Educación Inicial, pero era un hecho que la primaria la pasaría en otra escuela. Los días pasaron y así como así llegó el día de mi cumpleaños. Afortunadamente en esta fase, los niños invitaban a todos los chiquillos de su clase, visto que no había ningún riesgo ni para ellos ni para ellas. Cuando me enteré que ella estaría en mi fiesta me exalté demasiado, me sentía un monarca ingles que esperaba a su dichosa amada en un gran baile. La fiesta infantil finalmente se dio a cabo en el McDonald's (a esa edad lo consideraba mi palacio escondido). Yo estaba vestido como un verdadero viejo: camisa blanca recién comprada y planchada, un pantalón negro que me quedaba un poco ancho, pequeños zapatos negros con empeine curvo hacia arriba y arqueado en la punta, y un chaleco color negro con dos tenues rayas azules en los lados. Recuerdo que ella llegó a poco de haberse iniciado la fiesta. Todos corríamos, jugábamos en los juegos del restaurante, y sobretodo comíamos como salvajes. Ella siempre fue tímida, pero siempre recordare su bajada en la resbaladilla como mi momento más evocativo de mi infancia. Ella usaba un vestido ligero color mostaza con la parte inferior un poco más clara y rosada. Cuando estuvo en la cima de la resbaladilla recuerdo ver como se quitó el collette de sus lacios cabellos, movía un poco los pies, temiendo lo peor al lanzarse por la resbaladilla. Tomó aire, vio hacia arriba, se sentó y dándose un ligero impulso sus cabellos volaron hacia arriba y al descender juntó los pies, levantó las manos al son de sus cabellos y lanzó la sonrisa más franca y amena que había visto en mis cinco años de vida (luego pasaría otro caso similar). Recuerdo que eso me dejó vacilando por unos minutos hasta que todos los invitados comenzaron a irse y ella se despidió con un normal beso en la mejilla, pero que a mí me dejó suspirando por varios días.
Lamentablemente todo lo que sube tiene que bajar, y eso pasó en la graduación de mi Escuela Inicial. Según las maestras yo fui el mejor alumno del salón por lo que me dieron y pequeño reconocimiento por ello y yo no pude estar más feliz. Lo que no supe nunca es que ella era la segunda, y cuando se enteró de ello me guardó el más profundo rencor que una niña de cinco años pudo tener. Al terminar la pequeña graduación ella se acercó a mí y me dijo que estaba feliz por mí pero que no lo merecía y que este feliz con algo que no me correspondía (obviamente no con estas palabras). Eso me hirió mucho pero me contuve como todo buen niño... Hasta que llegué a los brazos de mi madre. Ella nunca me preguntó porque lloré, pero en su mente volaba la posibilidad de ser por Adriana, más allá que ella haya creído improbable que su hijo de cinco años ya se esté enamorando. Lloraba por varias cosas: tendría que iniciar la escuela primaria, se acabó parte de mi infancia y Adriana había sido realmente dura conmigo. Mucha gente puede decir muchas cosas, pero nadie puede negar que eso fue casi tan doloroso como una ruptura. Aún conservo una pequeña revista-anuario de mi Inicial en casa de mi madre, donde sale ella y obviamente sus apellidos. Tal vez algún día me contacte por ella. Pero sin dudas desde ese momento me di cuenta que estaba destinado a pasarla mal en el amor.
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Libro del mal amor
HumorEl siguiente conjunto de historias tienen como inspiración el libro "Libro del Mal Amor" de Fernando Iwasaki. Leí el libro hace unos meses y me pareció sensacional y divertido. Ahora trataré de hacer una versión propia. Cada capítulo será breve y co...
