Como se han podido dar cuenta las historias fueron progresando poco a poco a favor del amor, pero nunca se llegó a completar, ese "casi" era la astilla que me tenía loco. Traté de disiparlo con estudio, con el fútbol, pero nada. Creo que el amor me terminó torturando hasta cuando no lo sentía. Aunque si bien es cierto, el amor es algo que te golpea en la cara cuando menos lo esperas, y vamos, al menos es mejor que una patada en el estómago...
No quise incluir esta parte, pero creo que el amor en todas sus facetas le da ese extra, sea lo que sea. Debo advertir que esta es la historia curiosa y, al mismo tiempo, triste. Todo se ve hermoso al principio pero luego verán cómo lo enigmático se puede tornar doloroso, casi asesino. En fin, esta historia se sitúa en un aeropuerto (sí, lo sé...) más o menos cuanto tenía doce o trece años, no recuerdo con exactitud. Yo estaba regresando de ver a mi familia en EEUU y en ese momento me encontraba haciendo escala en la ciudad de Atlanta. Como se sabe, Atlanta tiene la suerte de tener el aeropuerto más ocupado del mundo y por ende es una total locura, algo que ese momento me fascinaba. Además, me gustan muchísimo las mega construcciones y vaya que ese aeropuerto lo era, no podía entender cómo se podía mantener el orden pese a que haya tanta gente y tantos vuelos al mismo tiempo.
Llegaba un poco desanimado pues dejar a mi familia por otro año era un poco duro pero bueno, trataba de distraerme lo más que podía. Justamente llegué a Atlanta al mediodía y, luego de pasar por aduana ya estaba establecido en mi terminal esperando salir a Lima más o menos a las seis. Algo genial del aeropuerto del Atlanta es que justamente ese terminal era solo para vuelos internacionales así que pasar por ahí era como un pequeño viaje por el mundo, viendo a diferentes personas, vestimentas y comportamientos, mientras conversaban y esperaban la hora para volver a casa.
Traté de estar despejado y distraído todo lo posible, pero ya llegué a un punto en que ya no había más que hacer y la monotonía era infinita. Estuve sentado con las manos en la quijada pasando la mirada por todas las salas de la terminal. De repente, pasando la vista por la sala que iba a México D.F. vi a una chica muy, pero muy simpática sentada. Tenía cabello castaño lacio que caía sin oposición hasta su pecho, ojos avellana ligeramente claros, una nariz pequeña con una punta redonda, labios secos y rosados, un mentón sutil y mejillas rojas posiblemente por el frío que hacía. Usaba un polo negro y un abrigo marrón de lana. Estaba escuchando música y algo que me llamó la atención fue el simpático bolso de mano con motivos de Mafalda. Quería conocerla, y sabía que el tiempo seguía corriendo pero si no lograba hablarle, tal vez me hubiera arrepentido profundamente durante casi siete horas de vuelo hasta Lima. No quise perderme la chance y traté de idear un pequeño plan para acercarme.
Hice una escena patética, pero no excesivamente histriónica para suerte mía, en la cual miraba mi boleto y me daba cuenta que me había confundido de sala de embarque. Lentamente recogí mis cosas y pasé a la sala de embarque con destino a México D.F. Sin mucho apremio sentí su mirada y una ilusión me llenó el alma, aunque no de forma excesiva visto que habrá sido solo para ver a un mexicano no tan mexicano llegar a la sala de embarque... Caminé lentamente y me puse a unos cuatro asientos de ella. Saqué un libro y me puse a leer. Las líneas pasaban y mi mente se distraía entre su silueta y las reflexiones de Robinson Crusoe, tentado a la ilusión de la sobrevivencia apoyado o amenazado por la presencia de esa huella. Ella era algo parecido, no era imperativo que llegara a conocerla, igual me iba a ir en unas horas, pero sin lugar a dudas su silueta era una huella que estaba dispuesto a descubrir. De repente ella se me acerca y me dice: "Friday". Me sorprendí y voltee a verla, ¡Oh Dios mío, estoy soñando el ser que admiro! Me vio esperando una respuesta mientras se acomodaba suavemente el cabello "¿Ya llegaste a esa parte?". Yo tragué saliva y respondí "Ehmm aún no, asumo que era justo lo que iba a venir pues había comenzado la reflexión sobre la famosa huella". Era un hecho, Crusoe me acompañaba sin querer queriendo... No me juzguen por esa frase, recuerden que para entonces tenía que hacerme el mexicano.
ESTÁS LEYENDO
Libro del mal amor
HumorEl siguiente conjunto de historias tienen como inspiración el libro "Libro del Mal Amor" de Fernando Iwasaki. Leí el libro hace unos meses y me pareció sensacional y divertido. Ahora trataré de hacer una versión propia. Cada capítulo será breve y co...
