— ¡No es justo! ¡Haces trampa con tus poderes sacados de la nada! —Gritó, en un acto de completa indignación, Quil mientras corría lo más rápido que podía detrás de mí.
—No es para nada injusto, sólo eres bebé llorón que odia perder —le saqué la lengua al mismo tiempo en que una rama se amarraba a lo largo de mi cintura y me elevaba entre los árboles, ganando la carrera que habíamos iniciado en una de sus guardias nocturnas.
Sí, realmente estábamos aburridos, así que unas buenas carreras no le harían daño a nadie. Además, era más divertido que hacer la tarea de química.
— ¡Deja de hacer trampa!
—No es trampa, no es trampa —canturreé meciéndome entre las ramas y riéndome al compás.
— ¡Bi, por amor de los Ancestros! ¡Claramente entra en la definición de trampa el hecho que seas una especie de Tarzán! —Gruñó antes de explotar y transformarse en un lobo gigantesco de color marrón chocolate.
Solté una risita e hice que las ramas fueran aún más ágiles al momento de columpiarme entre ellas, viendo por el rabillo del ojo cómo Quil (o bueno, su forma lobuna) corría a gran velocidad, llegando casi al mismo punto donde me encontraba yo, metros por debajo.
— ¿Ahora quién es el tramposo? —inquirí, riéndome al ver que en su forma lobuna trataba de sacarme la lengua.
Sin embargo, fruncí el ceño al ver que frenaba de golpe y se quedaba extremadamente quieto, sus orejas y su hocico húmedo moviéndose furiosamente como si buscase algo, como si quisiera detectar a alguien.
Gruñó profundo y después rugió, haciendo un llamado a los demás lobos de la manada. Mostró sus inmensos colmillos amarillentos, iracundo.
— ¿Qué ocurre? —pregunté con cautela, deteniéndome a su par, unos cuantos metros por encima de su cabeza. Las plantas que me rodeaban empezaron a alborotarse, tan alteradas como mi pulso cardiaco, el cual iba a celeridad máxima en escala de un hámster en su ruedita—. ¡Quil!
Él volvió a gruñir y volteó bruscamente en mi dirección, clavando sus profundos ojos en el árbol donde me hallaba posada.
Presintiendo algo extraño, me giré sobre mí misma, aferrando mis manos al tronco de aquel frondoso y verdoso espécimen que era lo suficientemente fuerte como para aguantar mi peso sin tener que doblarse por el esfuerzo.
Por el rabillo de mi ojo vi un inquietante color rojo intenso. Pegué un grito al darme cuenta a quién pertenecía aquel inigualable tono. Un cabello pelirrojo que se asemejaba al mismísimo fuego.
— ¡Oh, mierda!
Aparté mis manos del tronco, lanzándome hacia adelante, saltando hacia otro árbol. Siendo lo más ágil que mi cuerpo me permitía, recurrí a escurrirme entre unas ramas que estaban entrelazadas, provocándome unos cuantos rasguños en la ropa.
Ahora, curiosamente, sí me sentía Tarzán en versión femenina.
Aunque no podía pensar en eso, no sintiendo unos alargados dedos helados rozando mi tobillo izquierdo, causándome los más puros escalofríos. Vale, esto estaba saliéndose de control.
Sin pensarlo dos veces, me lancé en picada hacia el suelo, evitando por poco que las manos gélidas de aquella mujer me atraparan. Quise reírme pero realmente estaba alterada, lo menos que esperaba es que esa noche nos conseguiríamos de nuevo con esa pelirroja fastidiosa.
Que quería acabar conmigo por un simple hobby. Qué horror.
Un gruñido aún más profundo resonó en el bosque y pude ver a los lobos de Paul y Embry corriendo hacia nosotros.
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Out of the Woods
Fanfiction"Quizás no te des cuenta pero te has convertido en mi todo". No todo lo buscamos se encuentra fuera del bosque, a veces tenemos que adentrarnos en él. [...] TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A LA SAGA TWILIGHT DE STEPHENIE MEYER, SÓLO LOS PERS...
