LA GUARIDA: REFUGIO

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Salí de detrás de la mesa del mostrador y fui hacia ellos con expresión seria. Louis me miraba con sus ojos azules de largas pestañas negras, tenía un corte a la altura de la ceja y restos de sangre en las comisuras de los labios. Su cazadora de cuero nueva estaba rasgada, rota en una manga, sucia de barro y hecha mierda. Sus vaqueros no estaban mucho mejor, con la diferencia de que una herida en su muslo, una que el lobo se apretaba con la mano, había dejado un gran círculo rojo, casi negro, sobre la tela azul oscuro. El otro lobo, el rubio, agachaba la cabeza y me miraba casi por el borde superior de los ojos, con cuidado y los dientes apretados. No estaba tan herido como Louis, pero no estaba bien. Apenas le presté atención, centrándome en mi lobo, que era el único de los dos que me importaba. Le hice una señal hacia el pasillo para que fueran al despacho, me di la vuelta y cogí las llaves de la tienda para cerrar la puerta mecánica y bloquearla, echando una mirada rápida al exterior. No estaba el Jeep negro y no parecía que hubiera nadie buscándolos. No todavía, al menos. Me di la vuelta, cogí la navaja de mi cazadora para guardarla en el bolsillo del chándal y seguí el rastro de gotitas de sangre que habían ido dejando hasta llegar al despacho, al que entré antes de cerrar la puerta de un golpe seco.

—¿Por qué cojones estáis aquí? —pregunté con tono seco mientras me cruzaba de brazos.

El rubio había dejado a Louis apoyado en la mesa y se había quedado de pie, observando el lugar y gruñendo por lo bajo. Se había asustado cuando me vio cerrar la puerta, poniendo la espalda tensa y apretando los puños; Louis, por el contrario, estaba bastante relajado, cubriéndose la herida y con la frente perlada de sudor.

—Han emboscado a Dawn y a Louis en trabajo. —respondió él.

Eso no respondía a mí pregunta, pero el otro puto lobo no dejaba de gruñir por lo bajo y me estaba poniendo de los nervios, así que le dirigí una mirada seca y le solté un educado:

—Cierra la puta boca. —después miré de nuevo a Louis.— ¿Os han seguido hasta aquí?

—Louis no está seguro. —reconoció.— Puede.

Cogí una bocanada de aire y me llevé la mano al rostro para frotarme los ojos con el dedo índice y pulgar. Que el puto lobo se hubiera mudado a mi casa, que apestara todo lo que le rodeaba, que se comportara como un cerdo que solo sabía comer y follar… tenía un pase porque a cambio estaba ganando mucho dinero a su costa; pero que me metiera en sus mierdas criminales ya no me hacía tanta gracia. Aun así, aquel no era momento para ponerse a discutir. Yo había estado en su situación en el pasado, herido, huyendo y desesperado por encontrar ayuda y refugio. Sabía que lo menos que necesitabas en ese momento era que te empezaran a gritar.

Así que me di la vuelta y salí sin decir nada, cerrándola tras de mí para ir en busca de algo para desinfectar las heridas y vendarlas. Cuando regresé con las manos llenas y un par de sándwiches de pollo, los lobos estaban discutiendo en voz baja. Se callaron al momento en el que entré, pero estaba claro que el rubio no estaba nada feliz de estar allí y que Louis le estaba sometiendo con gruñidos y su mayor rango en la Manada.

Humano [Larry]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora