Ya ha pasado toda una semana y este fin de semana me toca ir a casa de mi padre, Cristian.
Durante todo aquel tiempo no he vuelto a saber nada de Alex, ni una llamada, ni un mensaje, ni siquiera Lol me comentaba algo de él que le pudiese haber contado su estúpido novio. Totalmente incomunicada de él, de su vida. Pero era mucho mejor, aunque ahora doliese, pues mi relación con Alex había sido equivoca y promiscua, y el Alex que me gustaba era solo la tapadera del Alex real, asi que ¿de verdad me gustaba eso? Estaba claro que sí, pero necesitaba olvidarlo y dejarlo pasar, pues el tiempo me ayudaría a olvidar y a quemar mis penas.
Despedí a mi madre con dos besos y me metí en el Opel blanco de mi padre. Era un coche amplio, familiar, de siete plazas y muy cómodo, pues los asientos eran de cuero marrón ocre.
Mi padre era un hombre joven, de cuarenta y dos años. Muy alto y delgado. Siempre solía verlo con barba de dos días, pero su vestimenta era impecable, y solía acomodarse a vestrir trajes negros de trescientos y quinientos euros. Todo un pijo, desde que se casó con Grese.
Grese la verdad es que me caía muy bien, era amable, divertida y cariñosa, la típica madre que todo niño querría. Era delicada y sencilla, con una mano impecable para los niños. Sacaba tiempo para cocinar, trabajar y jugar con sus hijos, Fer y Shasa, y hasta los fin de semanas, llevarme a mí de tiendas.
No hacía mucho que nos conocíamos, pero se había vuelto una persona muy importante para mí, y de alguna forma la quería.
-¿Qué tal?- Me preguntó mi padre sin apartar la mirada de la carretera.
-No muy bien.- Confensé.Había aprendido que mi padre era como mi mejor amigo, y que le podía contar todo sin que él evaluase la conversación, solo ciñéndose a consolarme y darme consejo.
-¿Qué te pasa?
-Mamá esta absorta con Steeven. Mi amigo Josh no me habla porque... Porque... Conocí a un chico, y no le gustó mucho, pero ese chico me hizo daño, y creo papá, que he perdido a los dos...- Dije con la cabeza gacha ocultando un par de lágrimas.¿Perdido a los dos? No, perdido a Josh, el otro me daba igual. Cuanto más lejos estuviese de mi, mucho mejor, ¿no?
-¿Y todo esto en diez días princesita?- Dijo mi padre entre risitas consoladoras.
-¡No te rías!- Dije también entre risas.
-No se quien será el otro niño, pero a Josh no le has perdido, te quiere mucho como para dejarte escapar, deberías hablar con él. Y por parte de tu madre, ambos sabemos como es, y no quiero entrar en pullas.Me limité a sonreir.
Llegamos a la amplia casa bladecididajardín verdoso en la enteada. Mi padre y Grese vivían en un barrio adinerado, y todas las casas eran grandes con jardines enormes, piscinas y casitas para niños. Un barrio muy bueno a las afueras de Madrid.
Mi padre aparcó y entramos a la casa. Un suelo entarimado y brillante cernía en la casa. Los muebles estaban impolutamente blancos y limpios, y se respiraba un aroma a limón y pino, que siempre había asemejado al olor de la limpieza.
Grese apareció por las escaleras y bajó corriendo para abrazarme. Llevaba uno cómodo chándal y un moño imporvisado muy gracioso.
La abracé y rapidamente pasamos a la cocina, había de comida puré y pastel de carne, y como lo había cocinado Grese, estaba increible.
Me levanté de mi cama y miré al reloj de mi samsung. Las siete de la tarde, desde luego había dormido considerablemente. Mi habitación estaba oscura, y eso me hundía más en la tristeza que ya albergaba dentro de mí.
La casa estaba oscura, y la poca luz que entraba por las ventanas era gris, y eso no ayudaba mucho para iluminar.
Entré a la cocina y pude advertir la nota amarilla encima de la encimera, por la letra pude ver que había sido Grese quien la había escrito.
