Aemma, la segunda hija de la princesa heredera Rhaenyra Targaryen. Era una princesa muy querida por todo el reino. Más bien adorada por su tío Aemond Targaryen. Ellos saben que tienen que acabar juntos, pero los problemas familiares se los impiden.
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𝐃𝐫𝐢𝐟𝐭𝐦𝐚𝐫𝐤
Todos se encontraban allí, en el juicio por la sucesión de Driftmark entre Lucerys Velaryon y Vaemond Velaryon. En la izquierda estaban los verdes y hacia la derecha los negros.
Los dos príncipes enamorados no paraban de darse miradas de reojo.
—Aunque esta corte tiene la esperanza de que Lord Corlys Velaryon sobreviva—decía Otto Hightower de pie delante del trono de hierro mirando a todas las personas reunidas en la sala—nos reunimos aquí para la amarga tarea de decidir la sucesión de Driftmark. Como mano del rey, habló en nombre de él en esto y todos los asuntos. —finaliza su acción para sentarse finalmente en el trono del rey de los siete reinos—La corona ahora escuchará las peticiones.
El silencio de todas las personas al acabar de escuchar las palabras del señor Otto. Al nombrar el nombre de su tío abuelo, Vaemond el señor empezó a caminar hasta estar delante del Hightower.
—Mi reina—decía mirando a la reina consorte—Lord mano.
Aemma se sentía cansada y aburrida, ella no quería estar ahí, al igual que su hermano Joffrey, el cual estaba jugando con los pelos de su hermana mayor, no prestaban atención, hasta que Vaemond Velaryon habló sobre la sangre de sus hermanos y ella.
—La sangre verdadera e impecable de la casa Velaryon corre por mis venas.
—Y por la de mis hijos, descendientes de Laenor Velaryon—contraataco la princesa heredera por el comentario que había hecho ser Vaemond de la sangre Velaryon— Si os preocupase tanto la sangre, Ser Vaemond, no osarías suplantar su heredero. Pero solo miráis por usted mismo y por su ambición.
—Tendréis ocasión de poder defenderos, tened la gentileza de que ser Vaemond se explique—interrumpió la reina consorte a Rhaenyra.
—¿Qué sabe usted de la sangre Velaryon? Podría cortarme las venas y podría mostrárosla y aun así ni la reconocería.