Final; parte 12.

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Cada paso que Takemichi dio de regreso a la habitación se sintió como plomo macizo. Estaba muy angustiado por lo que había sucedido antes, y sobre todo, estaba asustado de las cosas que Mikey pudiera decirle después; pero él ya sabía que no encajaba en ningún lado. Se sentía muy frío y vacío, como si le hubieran arrancado el alma del cuerpo. Y a pesar que podía sentir las manos y los labios de Haruchiyo por todo su cuerpo, no hallaba nada de alivio.

Takemichi estaba muy cansado de todo. Mientras entraba a la habitación pensaba que nada le hubiera ocurrido si hubiera tomado sus pocos ahorros y se marchaba de casa de Mikey y Haruchiyo. Sabía la razón por la que lo pospuso, aunque solo ahora se daba cuenta del error. Todas sus pesadillas se estaban haciendo realidad, estaba perdiendo a sus mejores amigos por no ser claro consigo mismo y con ellos.

Se sentó en la cama, esperando lo inevitable. Y para su desgracia, no tardó en suceder.

—Takemicchi —murmuró Mikey, notablemente tenso al verlo hecho un mar de lágrimas—, ¿qué ocurrió? ¿Te duele algo?

Takemichi tuvo el deseo incontrolable de gritarle que todo le ocurría, sin embargo, tomó aire y pensó mejor las cosas que dijo a continuación.

—No me duele nada, solo creo que todo esto es un error. —Por poco se arrepentía de decir esas palabras cuando los ojos de Mikey se abrieron con horror. Haruchiyo no estaba mejor. De todas formas agregó, pues era hora de aclarar todos los malos entendidos—. Lamento si lo arruiné entre nosotros, nuestra amistad es lo que más valoro en mi vida y me siento muy culpable.

—¿De qué hablas, Takemicchi? —preguntó Mikey, nervioso—, ¿qué crees que arruinaste?

—¡Hablo de ustedes y yo! Lo arruiné, estoy enamorado de los dos, ¡los amo! —gritó con tanta fuerza que le dolió la garganta. Era ahora o nunca—. Y por eso debo alejarme de ustedes —no supo cómo terminó de decir la frase sin flaquear.

Cerró los ojos y esperó un reclamo, un golpe, lo que fuera que sucediera, pero contrario a ello. Una mano lo tomó de los hombros y lo obligó a levantarse de la cama. Cuando su vista se enfocó de nuevo, vio el rostro de Haruchiyo completamente rojo de la ira.

Era normal que estuviera molesto, ¿cierto? Un vistazo rápido a Mikey y parecía a punto de ponerse a llorar. Takemichi se sentía muy mal por ello.

—¡Detente ahora! ¿Cómo puedes decirnos que nos amas y luego que nos abandonarás?

—Estoy interfiriendo entre ustedes dos —respondió con la voz ahogada por las lágrimas—, lo siento mucho. No quiero que peleen por mi culpa.

Haruchiyo lo soltó, dolido, y se alejó de él, pasando una mano con furia por sus propios cabellos. Mikey entonces intervino, era el único que podía salvar la relación de los tres.

—También te amamos, Takemicchi. Haruchiyo y yo te amamos mucho, probablemente primero me enamoré de ti desde que éramos niños y nos salvaste a todos, pero estabas con Hina. Y Haruchiyo me llenó del amor que necesitaba, aun así, sentí que me faltaba algo y eras tú, siempre fuiste tú.

—Para mí no eras muy interesante al comienzo y ni sé cómo sucedió, estaba muy celoso y luego enamorado de los dos, ¿eso tiene alguna lógica? —preguntó Haruchiyo, riéndose sin ganas—. Luego Mikey y yo llegamos a la conclusión que debías ser nuestro, y siempre te nos escapabas de las manos, ni siquiera estoy seguro de cómo lo conseguías, te hacías muy inalcanzable.

—Es nuestra culpa, debimos ser más claros contigo. Y si nos rechazabas, podríamos ser amigos como siempre, ¿no? Luego todo se descontroló y estamos en esta situación —dijo Mikey, luciendo realmente angustiado—. No te queremos solo para el sexo, diablos, es maravilloso, pero queremos que seas nuestro. Más que un amigo, más que un compañero de casa, queremos que seas nuestro novio, Takemicchi.

Finalmente... (SanMiTake)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora