¿Qué procede?; parte 10.

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Al despertar horas después, Takemichi estaba aprisionado por dos cuerpos. Por un lado, las piernas de Haruchiyo estaban envolviendo su cintura, por el otro, Mikey lo abrazaba por la espalda, manteniendo sus manos protectoramente en su torso desnudo. Se sentía muy especial: mimado y bien cuidado. Y lamentaba tener que moverse, había sido una noche fantástica, pero debía ir al baño.

Quitar los pesos de encima era mucho más difícil de lo que imaginó, en especial porque no quería despertar ni a Mikey, ni a Haruchiyo. Casi soltó un ruido de victoria cuando consiguió deslizarse fuera de la cama, sin embargo, el silencio era vital. A hurtadillas se movió alrededor de la cama y por fin suspiró aliviado cuando estuvo en el pasillo, de camino a su habitación.

La euforia inicial se disipó y cada paso se sintió como un dolor punzante que lo atravesaba de la cabeza a los pies. Sus amigos lo habían dejado bastante bien destruido, pero no se arrepentía, ni siquiera porque caminaba ligeramente encorvado. Al llegar al baño, lo primero que hizo fue revisar su cuerpo. Tenía los suficientes moretones para que la gente creyera que estuvo en una pelea callejera: en el cuello, las piernas, la espalda. Había un rasguño en el interior de su muslo, gracias a ello recordó la sangre; Mikey era como un hombre lobo, peligroso.

Menos mal que estaba haciendo comparaciones graciosas, porque en el fondo estaba muy angustiado. Le gustara aceptarlo o no, Takemichi no conocía los verdaderos sentimientos de sus amigos y ahora tenía miedo al rechazo.

¿Qué debería hacer?

¿Actuarían normal delante de él?

¿Perderían el interés ahora que tuvieron lo que querían?

Se lavó la cara, quitándose las lágrimas que cayeron por las mejillas debido al nerviosismo, no estaba listo para salir, pero Takemichi no era un cobarde. Se colocó una camiseta limpia, holgada y larga, y caminó de vuelta a la habitación de la pareja, un vistazo extra antes de decidir qué hacer con su vida. El par todavía dormía, tan relajados y sin saber la tormenta que llevaba Takemichi a cuestas, era mejor así. Sus chicos eran hermosos.

Suspiró, sintiéndose muy sensible esa mañana y se preparó para darse vuelta, pero Haruchiyo levantó la cabeza y lo miró, entre somnoliento y confundido. Sus largas pestañas se movían, mientras permanecía fijo en Takemichi, en específico sus mejillas,

—¿Takemichi? ¿Qué pasa? —preguntó con la voz rasposa, extendiéndole una mano—, vuelve a la cama.

Takemichi dudó, mirando la mano que tan amablemente esperaba por él, sin embargo, ¿de verdad debería volver? Se mantuvo en su sitio, dividido entre ir o no ir, entonces en medio de su dilema, Mikey también despertó y se sentó en la cama, tallando sus ojos para sacudir la neblina de ellos.

—Takemichi, vuelve a la cama. Se enfriará tu lugar.

La voz de Mikey era bálsamo para sus tormentosos pensamientos. Por alguna razón, con él se sentía mucho más seguro. Corrió a sus brazos y se acurrucó en su pecho, perdiéndose la mirada dolida de Haruchiyo. Y no, no era que no confiara en el otro chico, solo le costaba ser cercano a él, a pesar de todo lo que habían vivido el día anterior.

—Si te sientes abrumado puedes hablar con alguno de los dos, ¿de acuerdo? Siempre estaremos contigo, ¿verdad, Haruchiyo?

El mencionado solo asintió y se levantó de la cama para colocarse el pantalón de pijama.

—Lamento haberlos despertado —dijo Takemichi, sin salir del cálido abrazo de Mikey.

—No te preocupes, ¿quién tiene sueño después de lo de anoche? —preguntó Mikey, juguetón, deslizando sus manos hasta las caderas de Takemichi—, ¿tu cuerpo está bien?

Finalmente... (SanMiTake)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora