El aroma del café recién hecho impregnaba la pequeña sala de prensa del estadio. Oliver Aiku estaba sentado en una mesa al fondo, su figura relajada pero dominante, con una sonrisa ladeada que prometía problemas. Acababa de terminar su partido, su equipo se había llevado la victoria y, como siempre, él había sido el centro de atención en el campo y fuera de él.
Sin embargo, esta vez, algo diferente llamó su atención: una periodista deportiva que acababa de entrar al recinto, con una carpeta bajo el brazo y un porte profesional que destacaba entre el bullicio. Sus ojos brillaban con determinación mientras se acercaba al podio, ignorando por completo las miradas curiosas y, por supuesto, las insistentes de Aiku.
—Interesante —murmuró para sí mismo, apoyando los codos en la mesa mientras la observaba.
Ella era diferente. No tenía el típico aire de admiración que veía en otras periodistas, ni el nerviosismo de los fans que intentaban entrevistarlo. Había algo en su mirada, firme y calculadora, que despertó su curiosidad.
Cuando llegó su turno para ser entrevistado, Aiku aprovechó su momento.
—Oliver Aiku, capitán del equipo, y el héroe de esta noche. Felicidades por tu desempeño —dijo Reader con una sonrisa profesional, pero sin un ápice de adulación.
—Gracias, aunque no diría "héroe", solo hice mi trabajo. Aunque, ahora que lo mencionas… ¿tu nombre? —respondió él, su tono suave y carismático.
—Reader —contestó ella, sin perder la compostura—. Vamos directo a la pregunta: tu equipo mostró una defensa sólida esta noche, algo que ha sido criticado en partidos anteriores. ¿Cuál fue el cambio clave?
Aiku arqueó una ceja. Esperaba un comentario sobre su gol, no un análisis técnico.
—Trabajo en equipo, supongo. Aunque, siendo sincero, nuestra defensa mejoró porque yo estuve al mando. Ya sabes, un buen líder hace maravillas.
—Interesante perspectiva, pero el trabajo en equipo no suele depender de una sola persona. ¿Crees que tu presencia es suficiente para sostener un partido completo? —preguntó ella, con un tono neutral que lo desarmó.
Aiku se inclinó hacia el micrófono, esbozando una sonrisa.
—Digamos que soy el pegamento que mantiene todo unido. Pero si quieres más detalles, podemos discutirlo después, en un lugar más tranquilo.
La sala de prensa soltó risas contenidas, y Reader simplemente levantó una ceja, completamente inmutable.
—Prefiero mantener la profesionalidad, señor Aiku. Gracias por su tiempo.
Antes de que pudiera responder, ella ya había bajado su micrófono y se dirigía hacia la salida, dejando a Aiku completamente desconcertado.
Esa noche, Aiku no pudo sacarla de su cabeza. ¿Qué clase de persona lo rechazaba así? No era arrogancia, simplemente no estaba acostumbrado a que alguien lo tratara como si fuera… ¿prescindible?
La curiosidad se transformó en un desafío, y al día siguiente, Aiku apareció inesperadamente en una cafetería donde sabía que los periodistas solían trabajar. Allí estaba ella, concentrada en su computadora portátil, con una taza de café a medio terminar.
—¿Puedo sentarme? —preguntó, interrumpiendo su concentración.
Reader levantó la mirada, sorprendida al principio, pero rápidamente recuperó su expresión neutral.
—¿Es una entrevista? Porque, si no lo es, estoy ocupada.
Aiku soltó una risa baja, tomando asiento sin esperar permiso.
